Deshojando paradigmas

Cleptocracia: Poder y riqueza

“La idea central del Leviatán de Hobbes es que el primer deber del Estado es proporcionar ley y orden, el elemento central del bien común, el que rescata al hombre de la miseria y hace posible la civilización humana”. La construcción del Estado es la elaboración del ser humano, allí donde la vida individual y su prolongación colisiona con otros. Es el puente de realización individual y dique en la afectación colectiva. La vida en el estado de la naturaleza no puede prolongase porque derrumba la vida social, epicentro de la diferenciación de la especie humana. Desde el Estado se asume que el ser humano ha de quedar domesticado para que ese pequeño átomo de ego que llevamos dentro, no logre una sobredeterminación, una sobredimensión de lo social colectivo.

De incubarse en esa perspectiva, produce y genera el miedo y la codicia. El eje de nuestras imperfecciones endémicas de nuestra propia naturaleza, solo puede dar el salto allí donde encuentra los límites, las reglas, las regulaciones, en la búsqueda de un equilibrio de perfecciones que nos hace más humanos, en el encuentro del espejo del otro y su toque mágico de existencia. Nos diría Hobbes, la única forma de escapar del trastorno sistemático del estado de la naturaleza es abandonar, renunciar al derecho natural de hacer lo que nos plazca y construir un dominio artificial que es el Estado, cuya función es la de ejercer el poder y cuya legitimidad ha de radicar en la eficacia, en la eficiencia, que logre articular una verdadera gobernanza donde el eje medular descanse en la verdad y el paradigma de las órdenes que se exprese en la justicia.

La miseria de la vida es saltar y deshilachar el constructo social mínimo que aliente con oxígeno la dinámica de la vida individual y social, con el hálito esperanzador de una vida renovada, con horizonte cierto, en el compromiso de ocupar espacios que nos hagan más humanos en el plan de la jerarquización, en el logro de las jerarquías de las necesidades, de las condiciones vitales, materiales de existencia.

La Plutocracia y la Cleptocracia como eje político de dominación y hegemonía, hoy en día en nuestra sociedad, constituyen una negación del Leviatán. La Plutocracia es un grado de degradación de la calidad de la democracia, pues se impone en base al dinero y en consecuencia, en la ausencia de las ideas. Niega, por así decirlo, el primer peldaño: la igualdad de oportunidades y la necesaria competencia que ha de encontrarse por respuestas audaces y novedosas de las agendas necesarias de la sociedad. Dónde estamos y a dónde queremos ir. Es el logro de una visión que genere el compromiso con el futuro.

Desde el 2004, la Plutocracia se impuso como eje de dominio político, desconociendo los perfiles y competencias que ha de reunir un político profesional. Su clímax alcanzó la cima a partir del 2007: riqueza y poder, se solapan sin yuxtaposición, dos caras de una misma moneda. La política como negocio. La política como mercancía fundamental que dimana de manera expedita la acumulación desde el Estado como fuente de Capital.

Concomitantemente con la Plutocracia devino en una derivación más degradante, espeluznante, la Cleptocracia, como una categoría superior para la dominación de la política y plena captura del Estado. Es de tal naturaleza y magnitud que el dominio del Estado no puede concebirse sin la cleptomanía. Esa captura del Estado, desde la Cleptomanía, no vino de fuera. Se articuló con los mismos actores políticos. Así, la elite política, endógenamente, vislumbró un ejercicio del poder que condujo a la misma, en todas sus modalidades y dimensiones. El Estado hoy no puede ser entendido sino desde esa perspectiva. Lo grave que los que lo dirigen no pueden salirse porque son parte de la creación de ese diseño donde las relaciones de poder no pueden darse en medio de las reglas y regulaciones que ellos mismos han creado.

Es el diseño de un Estado donde este es la naturaleza, que no logra proteger a los ciudadanos. Los ciudadanos tienen que protegerse individualmente y gritar desesperadamente para que no solo nos proteja, sino que cumpla sus funciones. Empero, no puede ser desde esa visión. La Cleptocracia es el dominio del latrocinio, es la institucionalización del peculado desde el Estado mismo. Es la construcción de un Estado donde la corrupción es el puente articulador del desarrollo de los actores. Allí donde el clientelismo, el nepotismo, el peculado, la captura del Estado, la silla giratoria, son el centro de dominio; es el armazón de la cotidianidad, que cobra cuerpo y sentido en una institucionalidad de la impunidad, que hace acrecentar la putrefacción en una anomia institucional y en una verdadera crisis de confianza.

La Cleptocracia: Robo y Poder. Se agolpan en el control de las actitudes, de las opiniones y el control, a través de la industria de las relaciones públicas y en el magnum de la estrategia de igualarnos a todos, no en la igualdad de oportunidades y en la justicia, sino en el campo residual de que queremos llegar para hacer lo mismo que ellos. Su proyección es el ego del engaño, para en su ambición y codicia del dinero y el poder, recrearlo en su psicología del autoengaño como una cultura de la normalidad.

La Cleptocracia da pie a una corrupción desenfrenada, sistemática, institucionalizada, que ha sido capaz de crear una delincuencia política que emerge como una casta donde ya no tiene solo el poder político, se imbrica con éste y con el dinero. Se reproduce en sí mismo por el calado de su funcionamiento y por los vínculos que sostiene con sectores externos.

El éxito de ODEBRECHT en gran medida se debió a que los políticos ya habían capturado a los Estados a través de la penetración de la corrupción. Fue fácil para esa corporación brasileña, dado el estado de postración de las instituciones y del delirio de la riqueza y el poder. Aquí en Dominicana, más esquizofrénico, montan la oficina de operaciones estructuradas donde el jefe de campaña tenía una oficina en el Palacio Presidencial, recibiendo RD$1,400 millones de pesos de un contrato sin licitación ni visibilidad. Aquí, el representante del Estado en la persecución acordó un acuerdo para no investigar el centro de la cleptocracia de los últimos 5 años: Punta Catalina.

Como nos señala Noam Chomsky en su libro Malestar global, las crecientes amenazas a la democracia “Los sistemas de poder siempre intentaran consolidar, mantener y expandir su poder”. Nos llaman a que podamos afrontar esa catastrófica visión para dejar atrás ese drama humano, donde la desesperanza y la atomización no nos eclipsen más como sociedad. Debemos de forzar más hacia una regeneración, a un adecentamiento de la vida política y social

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