De Literatura Dominicana

Pedro Henríquez Ureña visto a través de su ideario y de su vida itinerante (7)

Segunda estancia de PHU  en  la Argentina (1933-1940)

Al retornar a la Argentina en 1933 Pedro reanuda su quehacer intelectual de manera intensa. Igualmente concentra su atención y despliega todo su empeño en el ámbito académico, dictando cursos tanto en Buenos Aires como en La Plata y conferencias en el Colegio Libre de Estudios Superiores. Al mismo tiempo colabora con La Nación y con la revista Sur, formando parte del equipo editorial de ésta, junto a figuras relevantes de las letras latinoamericanas: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, José Ortega y Gasset, Alfonso Reyes, Guillermo de Torre y Olivorio Girondo. También reanuda su trabajo en el Instituto de Filología y en la Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana.

Pedro y parte del equipo editorial de la revista argentina Sur, dirigida por Victoria Ocampo.

De manera sucinta, y para ir acercándonos al final de esta serie de artículos, cabe destacar importantes hechos en la vida de Pedro Henríquez Ureña durante ese período argentino de 1933 a 1940, tanto en lo académico como en lo intelectual, aspectos imposible de separar al estudiar a una de las figuras más prominentes de la historia de la cultura americana. Veamos:

A partir de 1935 Pedro realiza enjundiosos estudios sobre la presencia de la literatura española en la América hispánica, estableciendo la relevancia del hispanismo en dicha región. Producto de esa labor crítica desarrollada en Argentina son las siguientes obras:

  1. Sobre el problema del andalucismo dialectal de América (1932)
  2. La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo (1936)
  3. El teatro de la América española en la época colonial (1936)
  4. Antología clásica de la literatura argentina (1937, en colaboración con Jorge Luis Borges)
  5. El español en México, los Estados Unidos y la América Central (1938, en colaboración) 
  6. Para la historia de los indigenismos (1938)
  7. Gramática castellana (1939, en colaboración con Amado Alonso)
  8. El español en Santo Domingo (1940) 
  9. Plenitud de España. Estudios de historia de la cultura (1940)

Esas obras fueron publicadas por Pedro en Buenos Aires y constituyen extraordinarios aportes a la bibliografía latinoamericana en lo referente a los estudios literarios, culturales y lingüísticos.57 Es importante decir, por su vinculación con su espíritu dominicanista, que en 1937 Pedro participa en el II Congreso de Historia de América, celebrado en Buenos Aires y organizado por la Junta Argentina de Historia y Numismática Americana. En ese relevante evento internacional, en el que participaron representantes de 17 países latinoamericanos y los Estados Unidos de América, dictó su conferencia «El idioma español y la historia en Santo Domingo», génesis de lo que habrá de ser una de sus obras fundamentales: El español en Santo Domingo. Por eso, en dicha obra, en una nota explicativa introductoria, Pedro dice: «Escribí el presente trabajo durante los años 1935 y 1936; después le he hecho adiciones y retoques. […] Mi tesis principal es que el español de Santo Domingo lo caracteriza su aire antiguo, que en ocasiones llega al arcaísmo».

Aquí se hospedó Pedro al llegar a Harvard: Dunster House – 945 Memorial Dr. Cambridge, MA.

De su competencia como editor Pedro dejó en Argentina huellas imborrables. Muy vinculado a la fundación de la Editorial Losada —tal como lo fue en México del Fondo de Cultura Económica— Pedro prepara, con riguroso estudio preliminar, una edición del Lazarillo de Tormes para la colección «Cien Obras Maestras de la Literatura Universal» bajo su responsabilidad. De esa empresa editorial es, de 1938 a 1940, accionista y director técnico.

Esta fructífera segunda estancia de Pedro en la Argentina concluye con un acontecimiento de alta relevancia para la historia de la cultura latinoamericana: en 1940 es invitado por la Universidad de Harvard, en el Estado de Massachusetts, para ocupar una de las cátedras de mayor prestigio en los Estados Unidos de América: la cátedra Charles Elliot Norton, siendo el insigne dominicano el primer hispano en ocuparla. Antes de su partida para asumir tan honrosa responsabilidad académica Pedro recibe, a las 7 de la noche del sábado 7 de septiembre de 1940, un homenaje de despedida en la Universidad Popular Alejandro Korn, en La Plata. Así ha quedado registrado en una de sus agendas personales, de las cuales conservamos copias fotostáticas desde el año 2006, gracias a la confianza depositada en nosotros por su hija doña Sonia Henríquez-Ureña Vda. de Hlito.

Cuarta y última estancia de PHU en los Estados Unidos: su presencia en Harvard University (1940-1941)

Pedro parte de Buenos Aires con destino a Massachusettes el viernes 20 de septiembre de 1940. Su travesía de  casi dos semanas concluye con su arribo en la ciudad de Boston a las 2:35 de la tarde del miércoles 2 de octubre. Lo reciben el profesor Clarence Haring y su esposa, quienes lo guían a la que será su residencia académica durante el tiempo que permanecerá ocupando la cátedra de poética Charles Elliot Norton en la Universidad de Harvard: es hospedado en el C-25 de  Dunster House. Venía a la Universidad de Harvard recomendado por el profesor J. D. M. Ford, quien también lo había recomendado como docente en la Universidad de Minnesota en 1916.58

En compañía de los profesores Haring y Ford —y otros colegas: Edward W. Forbes, R. B. Merriman, Hudston y Westerman— Pedro almorzaría a la 1:00 p.m. del día siguiente en el Faculty Club. Con ellos, el Decano Ferguson.

Portada del libro Literary Currents in Hispanic America (1945).

Precedieron a Pedro en ocupar esa prestigiosa cátedra:  George Gilbert Murray (1926–27), el poeta británico Thomas Stearns Eliot (1932–33), el poeta estadounidense Robert Frost (1935-36) y el compositor ruso Igor Stravinsky (1939–40). Otros hispanos que la ocuparían después de él: el poeta español Jorge Guillén (1957-58), el escritor argentino Jorge Luis Borges (1967-68) y el poeta mexicano Octavio Paz (1971-72).

De exitosa hay que considerar esta estadía de Pedro de más de cinco meses en el Estado de Massachusetts, desde donde, como si fuese un centro de operaciones, se movía hacia otros Estados de la nación estadounidense (New York, Florida, Connecticut, Washington, etc.), conociendo otras ciudades, haciendo vida social y cultural,  expandiendo su red de relaciones intelectuales y profesionales. Su ansia de saber, de crecer en todos los ámbitos, lo mantenía en una dinámica constante, nunca estacionario, nunca en reposo. Trabajaba sin descanso, como si cada día fuera el último de su vida.

La primera de su ciclo de ocho conferencias, todas dictadas en inglés en el Fogg Museum of Arte de Cambridge, fue la titulada  «El descubrimiento del Nuevo Mundo en la imaginación europea». La pronunció a las 8 de la mañana del miércoles 6 de noviembre de 1940. Casi al inicio de su brillante exposición, en el tercer párrafo, Pedro sentencia así:

En una época de duda y esperanza, cuando la independencia política aún no se había logrado por completo, los pueblos de la América hispánica se declararon intelectualmente mayores de edad, volvieron los ojos a su propia vida y se lanzaron en busca de su propia expresión. Nuestra poesía, nuestra literatura, habían de reflejar con voz auténtica nuestra propia personalidad. Europa era vieja; aquí había una vida nueva, un mundo para la libertad, para la iniciativa y la canción.59 

Es impresionante el magistral modo en que la lucidez de pensamiento de Pedro Henríquez Ureña atraviesa cada una de sus conferencias. Estamos ante un humanista puro, inmenso. Su octava y última conferencia, titulada  «Problemas de hoy (1920-1940)»,  la dicta a las 8:15 de la noche del martes 4 de marzo de 1941. Y uno de los problemas planteados por él en esa conferencia, hace 78 años, sigue siendo una dura realidad cultural hoy día. Dice Pedro: «Nuestros escritores nunca han dejado de tener un público lector: si no es más numeroso, la falta está en el analfabetismo y en la pobreza de gran parte de nuestra población…» Pobreza y falta de educación es un binomio todavía sufrido socialmente en la América hispánica, donde nuestros gobernantes siguen exhibiendo su insensibilidad, su despreocupación y su mezquindad cuando se trata de invertir más en la educación, renglón fundamental en el desarrollo de cualquier sociedad humana. Pedro era un pensador visionario, capaz de ver más allá del horizonte.

En 1945 la Universidad de Harvard publicó todas las conferencias en un volumen, en inglés, bajo el título de Literary Currents in Hispanic America. Traducido al español por el mexicano Joaquín Díez-Canedo, la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica lo publicó en 1949. Su título: Las corrientes literarias en la América hispánica.

El lunes 24 de marzo de 1941 Pedro Henríquez Ureña sale de Cambridge con destino a la ciudad de Nueva York, donde permanece hasta el 25 de abril, fecha en que embarca, a las 2 de la tarde, en el vapor Santa Elena, de la línea Grace, con destino a Buenos Aires, a donde arriba, a las 4:30 de la tarde del jueves 22 de mayo de 1941.Jamás volvería a pisar territorio norteamericano.

NOTAS:

57 Véase: «Bibliografía cronológica de Pedro Henríquez Ureña», en Ideario, pp. 97-102.

58 Ver: Enrique Zuleta Álvarez. «Pedro Henríquez Ureña y los Estados Unidos». En: Revista Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana), (442): 93-108, abril 1987.

59 Pedro Henríquez Ureña. Las corrientes literarias en la América hispánica. Traductor: Joaquín Díez-Canedo. 2.a edición. México: Fondo de Cultura Económica, 1994. P. 9.

 

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