Belkiss Adrover de Cibrán «Renace» en el Museo Bellapart

Ylonka Nacidit Perdomo - 31 de diciembre de 2018 - 6:00 am - Deja un comentario
Foto: Exposición de Belkiss Adrover © Museo Bellapart, 2018

A Myrna Guerrero Villalona, artista visual, curadora, crítica y directora del Museo Bellapart, que en ausencia de Danilo de los Santos y de Mariloly de Serevino, ha sido mi guía para llevar a cabo la labor de presentar los «Archivos fotográficos inéditos: 1948-1973» de Belkiss Adrover de Cibrán, en ocasión del centenario de su nacimiento. [1]

Belkiss Adrover. Fragata o Barco Escuela Italiano “Américo Vespucio” de visita a La Coruña, agosto 1958

 

  1. UN POCO DE HISTORIA DE UNA AMISTAD

Conocí a Belkiss mucho antes de ingresar a la Biblioteca Nacional en octubre de 1991 con el nombramiento de Auxiliar Bibliotecaria. Fue en 1987 nuestro primer encuentro en una actividad cultural que se celebraba en la Sala de Música de la Biblioteca.

Transmitía, entonces, ella, una chispeante energía que en cuestión de minutos te dejaba entrever las virtudes que adornaban su espíritu de artista. Sus ojos eran de una mirada, que aunque serena, estaba salpicada de una luz intensa, puesto que su carácter fuerte –como el mío-, se revelaba en cada uno de sus gestos.

Belkiss Adrover de Cibrán (1918-1995), que es su nombre para el ámbito de lo público y de lo privado, con énfasis en «de Cibrán», creó el arcano de su vida sin soberbia. Sabía que a la cumbre de la Acrópolis no se llega de pronto con impaciencias, pero sí con pasos firmes y convicciones perdurables. Era una artista, diría que temperamental (en el sentido de lo positivo) pero, a la vez, proyectaba natural placidez interior. Mujer de ojos expresivos –como ya he dicho- y, de fruncido ceño, anduvo sin ninguna túnica áurea, porque nunca se imaginó ni diosa ni musa; sólo se sabía una esteta cubierta con los colores de un trópico verde y radiante, que se desplegaba a millas de distancia hacia el otro mar, que está en el continente viejo.

Belkiss escogió un oficio (la escultura), una profesión (el dibujo y el magisterio), y una tarea que realizar, no compleja -quizás- para estos tiempos, pero sí osada para entonces: esculpirse a sí misma en una roca solida, para cincelar los instantes y los momentos de su identidad que de manera rutilante estaba yendo y viniendo en sus sueños. Esa «identidad» a construir eran sus reminiscencias con el pasado Ibérico de su padre. Ella confiaba en su alma, en que de alguna manera la encontraría, y que aprovecharía no ser cualquier Ícaro femenino, sino una navegante que se hace viajera con las alas de la victoria de la escultura de Samotracia. Por eso fue firme en dirigir las naves en que cruzaría el «charco» hasta llegar al espacio donde fue detrás de los vestigios de su credo y de su fe como una especie de tributo a los inmigrantes y migrantes que han llegado desde tierras lejanas a este archipiélago del Caribe, al igual que su padre Frank Adrover y, su marido José Cibrán, y de los padres de su madre de origen canario.

Belkiss Adrover de Cibrán © Atilano Sánchez, 1938

Su mayor riqueza fue ser ella misma; y su mayor descubrimiento, concentrarse en aquellas cosas a las que le ponemos nombre, le llamamos por su nombre, y que no conocemos el porqué. A medida que fui adentrándome en la clasificación de su patrimonio documental e iconográfico, por unos largos meses, en los cuales me concentré y dediqué muchas horas de trabajo, descubrí que, ella me había escogido a mí para que emprendiera el descubrimiento de su legado. Me bastó leer la dedicatoria que hizo en el libro de sus poemas Renacer que me dedicó, y hallar un pequeño papel donde había escrito en letras grandes mi nombre y mi número de teléfono de entonces, que estaba en la gaveta principal de su escritorio, la del centro; un escritorio de palo de rosa en el cual escribió sus monografías críticas sobre Abelardo, Rembrandt, Rodin y Ángel Perdomo, durante sus estancias de vacaciones en Santo Domingo, en la calle Padre Billini 660 altos.

Allí, a esa morada la frecuenté en distintos tiempos. Más, sin embargo, recuerdo que nuestra amistad floreció sola sin intermedios ni intermediarias, así como sus llamadas a mi casa, a la vez, con un interés espontáneo de establecer una alianza afectiva que iba en una sola dirección: impulsar a una joven escritora, mostrándole el camino a seguir para que no tropezara con muchas piedras en su camino.

Cuando regresé el 30 de junio de este año, a su apartamento de la calle Padre Billini 660 altos, un sábado, a entrevistarme con su hija crianza, Amarilis de los Santos, y abrir de nuevo el baúl-tesoro, donde estaban guardadas las placas de metal que se confeccionaron en La Coruña para su libro de Abelardo Rodríguez Urdaneta, de un folder de recuerdos de pronto se dejó caer un recorte de periódico del Listín Diario del martes 12 de noviembre de 1991 con el siguiente titular «Ábside celebra conferencia», y en la foto que acompaña la reseña estamos Ana Mercedes de Windt (una de las albaceas testamentarias de Belkiss), Inés Díaz de Soñé, Belkiss y quien escribe este artículo, muy delgada yo entonces. Belkiis dijo de mí entonces, «Ylonka Nacidit-Perdomo agotó un tema muy interesante. Con dotes de socióloga y crítica literaria; hay en ella cierta contradicción por su juventud y su madurez mental y emotiva. Sin lugar a dudas es una joven promesa de la literatura actual dominicana y como orientadora del mundo femenino en general. En cuanto al tema a desarrollar, lo hizo con sobriedad y perspicacia, dando a cada cuentista su lugar exacto, por su detenido análisis de los estilos, y la forma de concertar los temas de origen de cada narración.»

Así fue todo. Nuestro encuentro lo percibió Belkiss como una fórmula perfecta que algún día daría sus frutos, y que empezaría con la tarea que ella me asignó con confianza, que era venidera cuando la Historia se volcara a conocerla y, el instante se hiciera de manifiesto realidad.

II. BELKISS ADROVER DE CIBRÁN «RENACE» EN EL MUSEO BELLAPART

Belkiss Adrover. Feria de Sevilla, 18 de abril de 1956.

Es ahora, a cien años de su nacimiento que, Belkiss Adrover de Cibrán «RENACE» en el Museo Bellapart. No se convierte en un ave silvestre, sino que se traslada hacia el firmamento como eso que es, y somos todos: una brizna cósmica que se hace infinitud, que se conjuga desde la épica y desde lo lírico, que se afirma en la luz, y va entre los espacios sagrados del Universo.

Es por eso que, escribo esto para prestar atención a ese viaje apacible de la vuelta a la vida, que la metáfora hace suya en la palabra Renacer. Sin embargo, no sé si Belkiss dibujó para sí en algún cuaderno de notas su trascendencia, si pensó atravesar las columnas del Olimpo conversando sólo con la espera, con el escrutinio al cual toda vida está expuesta cuando dejamos la cabeza descansar sobre el imperceptible allá al desfallecer, e iniciar el viaje celestial.

Quizás ahora, como ya he escrito antes, esa «despensa divina» que es la metáfora, nos permita conocer los trazos de esa vida, que ahora se revela como un rocío sobre los pétalos de las rosas: imperceptible a los demás en el mundo de los vivos sin sensibilidad, pero de grandeza excepcional para los que comprenden que los prodigios se asoman de cuando en cuando a esta tierra, porque los muertos desde el allá nos ofrecen sus regalos, a veces pequeños, otras veces pocos evidentes, porque es una norma cósmica que los grandes de espíritu siempre pretenden pasar desapercibidos.

Yo, y este yo es sumamente afirmativo, lo que admiro de Belkiss es eso: que no le interesó rivalizar con nadie, ni inquietarse o angustiarse por lo material o la feria de las vanidades donde se guardan los esqueletos de las querellas de la simulación y de las farsas del teatro.

El tamaño de su corazón no dejaba que ella se precipitara a los pies de ninguna serpiente encantadora: ni ideológica, ni política ni cultural. No sé si tuvo adversarios en lo privado o en lo público. Ahora se juzga, se exhibe, se comenta su obra artística en la fotografía. Este es un principio para conocerla con evidencias irrefutables de su trabajo profesional, guardado como una bitácora de viaje.

Al momento de planificarse esta muestra ARCHIVOS FOTOGRÁFICOS INÉDITOS. 1948 – 1973 de BELKISS ADROVER DE CIBRÁN, era necesario hacer su cronología de vida. El tiempo apremiaba y, Myrna Guerrero esperaba por esos datos para hacer «la línea de tiempo».

Así fue como empecé a organizar mis notas anteriores sobre ella y, a hacer una aproximación al desarrollo de su vida artística. Esta cronología la he dividido en seis capítulos de la manera siguiente: «Capítulo I-Antecedentes de una artista fotógrafa: 1887», que se resume o tiene como punto de partida la casa donde vivió y tuvo estudio artístico su padre Frank Adrover Mercadall, en la calle Deyá No. 4, casi esquina General Mola, en Mahón, Menorca, y que Belkiss visitó en 1973 en el municipio de Villa Carlos, para apoderarse del pasado, de más de seis décadas e infinitos sueños. Belkiss relata con estremecimiento y extraordinaria emoción que su casa «era una casa de piedra que conocí, fui expresamente, y al entrar nuestras almas se abrazaron.» Y que «Como las castañuelas/ las gaitas, las panderetas, […] los tambores, las flautas/ las maracas, los timbales, / los palitos, el acordeón, / todos, cuando están en fusta/ así estaba de alegre/ mi corazón […].»

© Belkiss Adrover. Panoramica de la Calle de los Jazmines. Vista desde arriba

«Capítulo II-Nacimiento de la artista: 1918», y se resume en una frase premonitoria de ella como Epígrafe del mismo, puesto que, justo cien años después, Belkiss vuele a nacer en el Museo Bellapart: «… tenía completamente olvidado que podría «RENACER» a la vida…».

«Capítulo III-Inicio de una trayectoria: 1930». Se resume, también, en una frase de ella como Epígrafe: «Estoy extraviada en el cosmos de mi vida. Nacida en Aries, constelación que es voluntad y firmeza, busco inconsciente el asidero eterno, que me estabilice cuando ya esté «remuerta». Te busco, y no te encuentro ni más allá del horizonte de mi vida. Te perdí con el aletear de mis sueños infantiles, y en los quiméricos de una juventud que declina. Te busco ¡Oh ideal mío! en la preñada entraña de mi tierra.» 

«Capítulo IV-El autoexilio voluntario: 1948». Belkiss al publicar su libro de poesías Renacer, en el Pórtico del mismo confiesa el porqué de la demora de publicar y, de su «autoexilio voluntario», es por esto que cito sus propias palabras: «Cansada de esperar amaneceres duartianos que me brindasen auroras libertarias donde mi palabra sana, libre de escorias partidistas se dejase oír en todos los rincones de mi Patria, abrazada a la confraternidad y a la comprensión en íntimo trabajo constructivo que alumbrara el fruto de la prosperidad material y moral de nuestra Patria.

«Este libro, el segundo hijo de mi espíritu, ha nacido sin ataduras, ha nacido sin explicármelo, nació ayer, al conjuro del impulso emocional de un recuerdo lejano, que se hizo presente al retroceder cuarenta años con la llegada, con el regreso a la Patria…».

«Capítulo V-El regreso a su patria añorada: 1973». Se resume, también, en una frase de ella como Epígrafe: «Sé que de incertidumbres y sospechas, mi vida está colmada. Huyo de todo eso enloquecida. Pero la realidad se aferra a estas pequeñeces, para recordármelas. Trato de evadirlas, hay momentos con sueños felices, despierto. La realidad me arrastra de nuevo. ¿De dónde nace esta fatiga humana, que se desespereza triunfante? »

«Capítulo VI-El legado de una pionera que renace: 2018». Se resume, finalmente,  en esta otra frase de ella como Epígrafe: «Me siento nacer de nuevo, me brotan ilusiones como ramas de olivo. Sueño, sueño con la paz y con el amor fraterno. »

© Belkiss Adrover. Procesión de Nuestra Señora del Valle, Sevilla, 1956. 68 x 65 mm..

 

III. BELKISS ADROVER: SUS CONCEPTOS CRÍTICOS Y OPINIONES SOBRE ARTE. CUATRO MOMENTOS DE SU CONFERENCIA SOBRE RODIN

En noviembre 29 de 1967, Belkiss disertó en la sala de conferencia del Ateneo Dominicano, presentando su estudio crítico titulado «Rodin, el coloso de la escultura contemporánea. A los 50 años de su muerte física.» Allí expresó estas opiniones sobre el artista y su obra:

Primer momento: «Hay una mística en la vida de este gran artista. Sus obras han sido atacadas con más o menos justicia y mesura, pero fueron defendidas con pasión y como sucede casi siempre las mayores alabanzas recaían en las obras más discutidas. Rodin fue un ser excepcional, como artista y como hombre. Sus manos eran un prodigio de elocuencia y modelaron y esculpieron TODAS esas manos, de cada una de sus esculturas. ¡Qué manos!, que misterios de alados duendecillos y de intangibles emociones encierran, qué gracia, qué magia recóndita transforman en arte cada movimiento. Sus manos cantan al amor apasionado, a la caricia voluptuosa, al arrullo maternal, al dolor, a la gloria, a la muerte, a la vida. Él rompió con todas las tradiciones y categorías artísticas y sociales; él imprimió pensamientos trascendentes y verdades eternas. Vivió una época donde el simbolismo era un ideal, y fiel a ella, pero con una personal interpretación de ese ideal, vivió para dignificarlo y darle una verdad, que fue transformando al través de los años, haciéndola más ligera, más sintética, «La Verdad Eterna de Rodin.»

Segundo momento: «Es indudable que existen en el mundo del arte períodos naturalistas en los cuales florecieron excelentes obras. La realidad visible que tanta confianza sabe inspirar encuentra posibilidades de diálogo. Pero cuando el profano se dispone a disfrutar de un arte alejado de la Naturaleza, lo hace con desconfianza y superando muchos obstáculos, han sido definidas como –las imágenes parecidas a las cosas vistas y las de imágenes en el mundo interior-. La visión artística de los egipcios era de -las representadas en el mundo interior- sus figuras eran vistas sin escorzo, planas, para ser vistas de frente, en cambio los griegos utilizaban el «escorzo», y su visión era diagonal más cerca a la naturaleza del objeto, esto aconteció del siglo V antes de J.C. hasta el siglo XV después de J.C. (…)

«Las obras representativas de «visión semejante» a la cosa vista y la exactitud con las cosas y de visión a través de la perspectiva han sido aceptadas en el mundo del Arte, pero en los tiempos modernos, los últimos tres siglos, las artes visuales y en general las artes todas han ido transformándose, aunque de hecho en las artes visuales nada nuevo ha acontecido, sino que se ha ido EVOLUCIONANDO.»

Belkiss Adrover. Atletismo Internacional, Plaza de María Pita (La Coruña, julio 1964).

Tercer momento: «El Expresionismo fue y es cultivado por pintores, escultores, arquitectos, literatos y músicos, nació a fines del siglo XIX. Al parecer, agotados los recursos para producir las formas capaces de ofrecer un deleite espiritual y visual y su contenido de arte puro, nos hemos propuesto en DESFIGURARLO TODO, ignorando la belleza exterior, en holocausto a la llamada «visión y belleza interior» tan de actualidad. Se olvida aquella que se adentra por los ojos de la cara y que también tiene alma y tiene espíritu, y emoción y «mensaje», como dicen algunos, porque para ello no es necesario ser naturalista, porque entonces dejaría de ser arte.

«Hemos llegado SIMPLIFICANDO hasta las emociones a la mínima expresión de ver sólo MANCHAS, COLORES, eso sí ¡Lo único que se ha salvado hasta este momento es el COLOR, para él, creo que hemos alcanzado elevarnos hasta Dios.»

Cuarto momento: «Una obra de arte debe ser bella en su forma y en su contenido, por fuera y por dentro, en una conjunción de líneas, luz, color, vida, espíritu, sentimiento y emoción. No importa la síntesis externa y lo abstracto de su contenido, si allí reina la belleza que emociona.

«Entre las obras de los pueblos primitivos las hubo deliciosas y feas, estas últimas eran las más, se expresaban de acuerdo a su medio ambiente, no sabían hacerlo de otro modo. Pero los artistas modernos con su experiencia de siglos, no tienen justificación alguna. Casi podemos decir, que los artistas modernos, son modernos-primitivos.»

El 15 de julio de 1968, Belkiss dicta su conferencia «Rembrandt Van Rin. Datos biográficos-Calidad y técnicos» en el Ateneo Dominicano. Donde expresó: «Rembrandt no renunció jamás a sus ideales. No salió de Holanda. Fiel a su belleza interior, prefirió perecer pero no abdicar. Fue un incomprendido en su tiempo, porque fue un precursor, aceptó con valor de genio sus consecuencias en aras de la pureza de su arte, espíritu y nobleza patrias. Pero al correr de muchos lustros, hoy, su madre grande, «Holanda», recoge los honores póstumos de su Verdad hecha Luz. […] Es preciso, decía Paul Delaroche «que el artista obligue la naturaleza a pasar a través de su inteligencia y de su corazón.» Esto es lo que hicieron los holandeses y mejor que ninguno Rembrandt Van Rin, que dio a Holanda un arte nacional. Hizo de la pintura algo nuevo, la rejuveneció, la bañó en la fuente de lo pictórico, nadie antes que él captó esa luz suave, acogedora, nostálgica a veces, y también bulliciosa y juguetona, surgida no se sabe de dónde: el sol de Rembrandt, es el sol de su genio.»

Frank Adrover Mercadall (1861-1924), padre de Belkiss.

En 1974 cuando edita su libro sobre Abelardo Rodríguez Urdaneta (1869-1933), Belkiss nos dice, en unas notas autobiográficas escritas para una entrevista con Susana Morillo que: «Después de un tiempo abandoné los pinceles y las gubias y las troqué por la pluma. Di varias conferencias. […] Ya no pintaba pero concurría a todas las exposiciones importantes de Madrid y de Barcelona, no me alejé del medio artístico. Escribí mi libro, editado en La Coruña, Abelardo Rodríguez Urdaneta: su vida, su obra y sus maestros, y lo traje a presentarlo en mi patria. »

Sobre Abelardo, Belkiss ha expresado: «Su vigencia, su vigor, lo fue, lo es, y lo será en la historia de las Artes Visuales dominicanas. El fue un precursor. Un artista polifacético de calidad, difícil de superar.»

En marzo 22 de 1983, Belkiss escribe «Mis pensamientos», dejándonos como legado el siguiente mensaje: «No camines por la vida indiferente. No olvides regalar una sonrisa que será como un dulce beso en la mejilla del atormentado. / No sabes que tu amigo es feliz porque ha alcanzado realizar algo que anhelaba; regálale un brazo y un aplauso. / Comparte con tu amigo los momentos alegres, pero no olvides compartir también los momentos de angustia y desconsuelo./ Si ves que tus compañeros de trabajo y otras actividades triunfan en su empeño en alcanzar sus nobles propósitos, abrázalos, y dile una palabra de aliento mágico que convierta en realidad sus callados sueños./ Trata de superarte y ser útil, para que tu amigo se sienta orgulloso de ti, y pueda compartir en armonía contigo tus conocimientos y bondad./ Procura ser portador de ideales hermosos, cada ser humano lleva dentro de sí, su tesoro de amor, de arte, de sapiencia./ Ofrécelo sin envidias a tu amigo.»

Sobre Santiago de Compostela, la ciudad donde fue a estudiar escultura en 1948 escribió Belkiss:

SANTIAGO DE COMPOSTELA. «La ciudad del Apóstol Santiago si hoy nos hace sentir maravillaos al contemplarla, ello se debe al esfuerzo, voluntad e ingenio de muchos de sus preclaros hijos, y es deber recordar a algunos de ellos, y rendirle el merecido reconocimiento. […] Esos jóvenes hispano americanos que por cientos los vemos ambular […] llegan sedientos, a beber en la sabiduría, espiritualidad e hidalguía […] el agua milagrosa de un saber y una fe […]. Muchos de los actuales peregrinos […] llegan por caminos celestes, por rutas aéreas, que son los nuevos caminos jacobeos del siglo XX, son ellos los turistas-peregrinos. «A mediados de Otoño […] tus calles empedradas, tus hieráticos muros, parecen ensancharse unos, e inclinarse otros, para dar cabida a tanta alegría, vida y razón de ser […].» En «Santiago de Compostela.-Su Catedral.- «El Pórtico de la Gloria.» Primera parte.- »

Portada del libro sobre Abelardo.

Sin embargo, de los ensayos-conferencias de arte que Belkiss dejó inédito el que más ha llamado mi atención ha sido precisamente el que concierne al escultor Ángel Perdomo, mi pariente, por la opinión que ella externó de su «San Francisco de Asís en Agonía», porque resume ese tránsito exacto de –como dice Belkiss- «cuando el alma se escapa de su jaula de huesos para elevarse hasta Dios», y que llamó nuestro traslado al Universo como brizna cósmica. Leamos:

«De todas las obras del artista que he podido ver originales o en fotos, la más representativa de las esculturas de Perdomo, es su «San Francisco» de trama impresionista, plasmada con delicadez, emoción contenida, con amor divinizado, esta cabeza del hermoso Asís, en el trance humano, en el éxtasis supremo, cuando el alma se escapa de su jaula de huesos para elevarse hasta Dios. Con los ojos implorantes en medio de la agonía, pero dulces y complacidos por haber podido llegar hasta el final el anhelo emprendido a todo lo largo de su vida, hecha de sacrificios y desprendimientos… y bondad.

«Esta cabeza semi inclinada hacia la izquierda, cubierta con un copuchen franciscano que deja asomar un rostro doblegado por el sufrimiento hecho de auto privaciones. El artista se recrea en su búsqueda por lograr su propósito. Lo consigue justamente en el rostro y en el cordón franciscano que deja asomar. ¡Maravilla de escultura! El pedestal donde descansa no armoniza con el conjunto de la obra, un poco recargado, parece que el artista utiliza su estilo decorativo peculiar, en realidad, esto no esta importancia a la obra. […] el «San Francisco” de Ángel Perdomo es profundamente sentimental, y reboza de lirismo, plasmados en su rostro están los años de agonía por llevar en su cuerpo las llagas de la Pasión, por su grande amor a Dios y a todas las criaturas. Este San Francisco nos invita a meditar, a orar, a filosofar, porque en la expresión de sus ojos tratados con simplicidad impresionista, nos miran muy hondo, nos penetran el alma y parece decirnos en barro con su lenguaje dúctil, amasado con místico amor y sensibilidad, las cosas sublimes que nuestro santo el «hermoso loco» platicaba con la humanidad.» En «Un artista polifacético. Don Ángel Emilio Perdomo Lugo. Su vida y su obra, 1968.»

Y es así, ya que Belkiss ha descrito cómo es el momento «cuando el alma se escapa de su jaula de huesos para elevarse hasta Dios», a través del San Francisco de Asís de Perdomo, vuelo a convencerme de que sí, el cuerpo es, quizás como pudo afirmar Robert Payne en su libro El Mundo del Arte una «coraza ornamental» [2] que recibe afectos, abrazos, sonrisas e impulsos inexplicables para existir de cara a las dos realidades de la naturaleza: la luz y la sombra. Y quizás al comprender esto, Belkiss finalmente exclamó, para que la recordemos hoy y siempre: 

Belkiss y José © Atilano Sánchez, 1938

Y para concluir, justo hace cincuenta años, Belkiss escribió esta frase premonitoria el 10 de mayo de 1968, que extraemos de su poema «Despertar» y, que anunciaba su «RENACER»: 

«He despertado de un sueño que arrulló a varios lustros. […] ¡Qué maravilla! En éxtasis sublime, mi espíritu se inunda de belleza. Y surge la inspiración que clamaba mi ser para seguir viviendo.»

 

NOTA

[1] La Embajada de España en la República Dominicana, la Fundación Imagen 83 y el Museo Bellapart se unieron para realizar el proyecto expositivo Belkiss Adrover de Cibrán. Archivos fotográficos inéditos: 1948 – 1973 que fue inaugurado el jueves 8 de noviembre de 2018 en la sala de exposiciones temporales del Museo Bellapart. Tuvo, además, los auspicios del Centro de la Imagen, Archivo General de la Nación (AGN), Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), Fundación Blandino, Consejo Nacional de Mujeres, Inc. de la República Dominicana, Induveca y Brugal.

[2] Robert Payne. El Mundo del Arte. Ediciones Martínez Roca: Barcelona, 1974: 174.

Ángel Perdomo. Revista Blanco y Negro, No.320, 1926, p. 37

© Belkiss Adrover. Casa donde tuvo estudio Frank Adrover

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Exposición de Belkiss Adrover © Museo Bellapart, 2018

Exposición de Belkiss Adrover © Museo Bellapart, 2018

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