El 2017 ha sido el año de los foros y congresos educativos que apuntan a la redefinición y encauzamiento de los fines de la educación dominicana y a la urgencia de desarrollar mayores niveles de calidad.

Son loables los esfuerzos que en este sentido han realizado EDUCA, la Asociación Dominicana de Profesores, ADP, y el Listín Diario conjuntamente con el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología. Sin embargo, a juzgar por los “énfasis” exhibidos por estos tres eventos, pareciera que “no miran el cuadro completo” al momento definir los actuales verdaderos retos y desafíos de la educación dominicana.

Más que priorizar la “educación basada en competencias”, “la eliminación de asignaturas”,  “los beneficios  del aprendizaje colaborativo” o la “formación ciudadanos eficientes para el mundo del trabajo” como urgencias del sistema educativo nacional, hay que poner la mirada en otras tareas pendientes y en otras demandas y compromisos fundamentales, que parecen haber sido ignorados. Todo indica que hay que redefinir, ampliar, debatir y transparentar estas exigencias y compromisos.

En este sentido, es oportuno y necesario el llamado a retomar, así como a someter a la reflexión de todos los actores del sector educativotanto del nivel preuniversitario como del universitario los compromisos derivados del Foro Mundial sobre Educación, celebrado en Incheon, República de Corea, en el 2015, y que define con carácter de urgencia el compromiso con una agenda de la educación única y renovada que sea integral, ambiciosa y exigente, sin dejar a nadie atrás.

El evento que fuera organizado por la UNESCO, junto con el UNICEF, el Banco Mundial, el UNFPA, el PNUD, ONU Mujeres y el ACNUR, agrupó a más 1.600 participantes de 160 países, entre los cuales se contaban 120 ministros, jefes y miembros de delegaciones, jefes de organismos y funcionarios de organizaciones multilaterales y bilaterales, así como representantes de la sociedad civil, la profesión docente, los jóvenes y el sector privado.

Los nuevos retos y desafíos de la educación del siglo 21 quedaron plasmado en la “DECLARACION DE INCHEON: Educación 2030. Hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad y un aprendizaje a lo largo de la vida para todos”. Y que representa la nueva visión de la educación mundial para los próximos 15 años.

La nueva visión consiste en transformar las vidas mediante la educación, reconociendo el importante papel que desempeña la educación como motor principal del desarrollo y para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En la misma se recoge plenamente el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 definido como: “Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”.

Hace un llamado a centrar los esfuerzos en el acceso, la equidad, la inclusión, la calidad y los resultados del aprendizaje, dentro de un enfoque del aprendizaje a lo largo de toda la vida, considerándolo esencial para la paz, la tolerancia, la realización humana y el desarrollo sostenible.  Reconoce que la educación es clave para lograr el pleno empleo y la erradicación de la pobreza.

Establece que la inclusión y la equidad en la educación y a través de ella son la piedra angular de una agenda de la educación transformadora, y por consiguiente se establece el compromiso de combatir todas las formas de exclusión y marginación, las disparidades y las desigualdades en el acceso, la participación y los resultados de aprendizaje.

Enfatiza que ninguna meta educativa puede considerarse lograda a menos que se haya logrado para todos. Por lo tanto, existe el compromiso de realizar los cambios necesarios en las políticas de educación y a centrar los esfuerzos en los más desfavorecidos, especialmente aquellos con discapacidad, para velar por que nadie se quede atrás.

Reafirma la importancia de la igualdad de género para lograr el derecho a la educación para todos. Por lo tanto, debe asumirse el compromiso de apoyar políticas, planes y contextos de aprendizaje en que se tengan en cuenta las cuestiones de género, así como a incorporar estas cuestiones en la formación de docentes, los planes y programas de estudios, y a eliminar la discriminación y la violencia por motivos de género en las escuelas.

Precisa que debe asumirse también el compromiso con una educación de calidad y con la mejora de los resultados de aprendizaje, para lo cual es necesario fortalecer los insumos, los procesos y la evaluación de los resultados y los mecanismos para medir los progresos y procurar que los docentes estén empoderados, sean debidamente contratados, reciban una buena formación, estén cualificados profesionalmente, motivados y apoyados dentro de sistemas que dispongan de recursos suficientes, que sean eficientes y que “estén dirigidos de manera eficaz”.

Destaca que la educación de calidad propicia el desarrollo de las competencias, los valores y las actitudes que permiten a los ciudadanos llevar vidas saludables y plenas, tomar decisiones razonadas y responder a los desafíos locales y mundiales mediante la educación para el desarrollo sostenible y la educación para la ciudadanía mundial.

La Declaración llama también a asumir el compromiso de promover oportunidades de aprendizaje de calidad a lo largo de la vida para todos, en todos los contextos y en todos los niveles educativos. Debiendo incluir un mayor acceso en condiciones de igualdad a la enseñanza y formación técnica y profesional de calidad, a la educación superior y a la investigación, prestando la debida atención a la garantía de la calidad.

Reconoce, además, que es importante que se ofrezcan vías de aprendizaje flexibles, así como también el reconocimiento, la validación y la acreditación de los conocimientos, habilidades y competencias adquiridos mediante la educación informal y no formal.

En esta visión, transformadora y universal se abordan los desafíos de la educación en los planos mundial y nacional. La visión se inspira en una concepción humanista de la educación y del desarrollo basada en los derechos humanos y la dignidad, la justicia social, la inclusión, la protección, la diversidad cultural, la responsabilidad y la rendición de cuentas.

“Educación 2030” representa la “hoja de ruta” de la nueva educación dominicana. Y también deberá ser  la “tematización” obligada del discurso y del marco de acción de la actual “revolución educativa”, que necesariamente debe asumir estos compromisos ignorados de la educación dominicana.