Flechas

Las niñas en su día

El Día de las Niñas ha encontrado las niñas de América Latina y de República Dominicana en una situación penosa. Sin embargo, en ocasión de esta fecha se ha dejado sentir una convergencia sobre esta situación que deja esperar un cambio favorable a la mejoría de la vida de las niñas a nivel global.

El mero hecho de que un país, que puede ser considerado un continente entero, como la India, tenga en su agenda y acabe de promulgar una ley que prohíbe el matrimonio de niñas de menos de 18 años, es un avance a celebrar que ayudará a bajar el número de los matrimonios infantiles y embarazos en adolescentes en el mundo. Es un hecho precursor de un cambio de mentalidad que necesitará de otros factores como la lucha contra la pobreza y la corrupción, al tiempo que se extiende una educación de calidad, para poder surtir todos los efectos esperados.

En el fondo, la educación es el principal motor de cambio; lo que se precisa es romper los patrones de mentalidades arcaicas y educar para la igualdad. Nos dice una joven de 14 años: “Vengo al club de adolescentes de la Fundación Abriendo Camino para escapar de los quehaceres domésticos y porque me quilla que mi hermano sea el rey de la casa; mi mamá dice que no puede fregar o limpiar el piso porque se va a volver gay”. ¿Qué podemos esperar de este rey de la casa en sus futuras relaciones con su esposa y sus hijos? Las creencias y los modos de conducta se repiten de generación en generación, enraizados en el inconsciente colectivo, a todo lo largo y ancho del globo terrestre. Salvo el caso de algunas raras tribus matriarcales, el poder es el de los hombres sobre las mujeres, y tanta relación de dominación no se borra de un plumazo. Hoy en día, esta situación está además alimentada por el resurgimiento de todo tipo de fundamentalismo religioso.

“El espíritu no tiene sexo”, apuntaba el filósofo cartesiano francés, Francois Poullain de la Barre en 1673; sin embargo, se constata que hoy en día el 97% de los premios científicos desde la creación del Premio Nobel ha ido a parar a manos de hombres, a pesar de los avances mundiales en igualdad de genero.

¿Tendrá esta situación por origen lo revelado en un estudio realizado en los años 70 por la facultad de psicología de la Universidad de Columbia según el cual las hembras y los varones no reaccionaban de la misma manera frente a los retos? A pesar de ellas ser mejores alumnas, más intelectuales y rápidas, demostraron más inseguridad frente a nuevos desafíos y más pronto decidían abandonar la actividad.

Nuestra sociedad enseña a las niñas que está bien tener miedo. Las niñas son de la casa y de los quehaceres domésticos, los niños son de la calle y de los mandados; a las niñas se les viste de rosado, se les enseña a cerrar las piernas para no enseñar sus pantis, los varones juegan pelota y suben a los árboles. A las niñas se les mantiene alejadas de los peligros cuando el varón forja su identidad con los riesgos. El varón promiscuo es un gallo, la niña que tiene amores una puta. A las niñas se les premia   por mantenerse en su zona de confort, a los niños se les premia la valentía. Ellas son princesas y ellos sus caballerosos defensores. La sociedad crea niños valientes y niñas perfectas y sumisas.

Como consecuencia de esta educación, cuando las niñas se transforman en mujeres la mayoría asume solo los riegos indispensables. Estas mujeres tienen fácilmente la autoestima por el suelo y se sienten culpables de lo que anda mal en su vida. Por eso, superan a los hombres en las consultas por depresiones y angustias.

Para formar mujeres fuertes e independientes es vital que la educación y la familia cimienten la valentía en el corazón, el cerebro y el cuerpo de las niñas para que puedan explotar el enorme potencial que cada vez mas mujeres demuestran hoy en día.

Así celebraremos con éxito el Día de las Niñas.

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