Museos Plaza de la Cultura estancados en el tiempo, a la espera de su rescate

Publicado el 4 de diciembre de 2017 - 11:59 am

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Ni bien se ingresa al edificio, ataca la sensación de quien entra a un armario abandonado, con la idea o intención de llevar a cabo una operación de rescate de prendas, que casi con toda seguridad, tendrán que ser descartadas.

Entre el silencio y la luz que entra por el ventanal, el viejo vehículo Oldsmobile da la bienvenida, pero no mira a quien visita; da la espalda, y enfila hacia el pasillo ensombrecido, el cuál encuentra su final con la lápida que desde 1944 hasta 1976 cubrió los restos mortales de Duarte, Sánchez y Mella en el Altar de la Patria.

El tiempo, el óxido y el olvido se comen el carro que fue de Antonio de la Maza Vásquez (24 de mayo de 1912 – 4 de junio de 1961), utilizado en el ajusticiamiento del dictador Rafael Trujillo en 1961 y en cuyo baúl se ocultó el cuerpo malogrado del sátrapa. En 56 años no se ha intervenido para retrasar su deterioro… Ni siquiera una vez.

A la derecha, el piano del legendario músico José Reyes, compositor de las notas del Himno Nacional, espera taciturno junto a una pared del salón, rodeado de piezas, ropas y rostros polvorientos, cuasi amontonados, que estriñen ligeramente la respiración.

“Esta es la parte bonita”, comenta jovial Yaniris Espinal, asistente del director. “Aquí no tenemos filtraciones”, asevera mientras continúa con el recorrido.

El abandono también hincó sus dientes en el Ford Mercury Grand Marquis, placa 0-1 de 1986, en el que se transportó al expresidente Joaquín Balaguer por casi tres décadas, y en la “Cabra Loca”, el mono helicóptero o silla voladora, que viajó desde San Juan, Puerto Rico, hasta la Capital de Santo Domingo, el día 15 de febrero de 1983, con la que Tirso García estableció un récord Guinness para la República Dominicana.

“Los artículos de valor histórico se encuentran muy mal, deteriorándose absolutamente, con tendencia a la desaparición”, afirma su director, el abogado e historiador Miguel De Camps. Pero todavía no hay un inventario acabado.

Aunque en ocasiones se ha coqueteado con la idea de demolerlo y dar paso a una nueva estructura, De Camps cree que no sería necesario.

Pero no hay plan específico o cuánto se necesita para la readecuación del museo que narraba la historia desde 1822 hasta 1961. O por lo menos no ha sido explicado a su director.

Indica que la museografía debe realizarla el Ministerio de Cultura, cuyo recurso no está contemplado. Tampoco se sabe en qué tiempo el museo estaría disponible, aunque el presidente de la República ya aprobó un diseño estructural para el “nuevo” museo.

“Hay dos aspectos: el primero que ha sido tratado por el presidente de la República es el aspecto físico, y de ese aspecto hay que definir primero lo que se quiere hacer. Eso se lleva 160 o 170 millones de pesos”, explica. Estos recursos serían para reacondicionar el edificio.

El segundo aspecto es la inversión para la adecuación como museo, en lo que se refiere a las salas de exposición. “Eso todavía no se ha hecho”.

El museo cerró en el año 2007, por decisión del Ministerio de Cultura, bajo el entendido de que las condiciones de la edificación representaban un peligro para los visitantes y empleados. A esto se le sumó el deterioro progresivo en el que se encontraban los objetos dentro del inmueble.

Parte de las colecciones que se encontraban en salones del segundo piso fueron trasladadas a otros espacios debido a que estaban expuestas a la humedad.

Las piezas expuestas en el patio, entre ellas un trapiche y una destiladora, también han entrado en un grave deterioro.

De su lado, Linda Roca, de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura, detalla que en el caso del Museo de Historia y Geografía, se rehabilitará y reacondicionará para adecuarlo a las necesidades actuales, que incluye la museología y museografía de dicho museo, con la exhibición de las piezas existentes de la colección, más la actualización con la tecnología para hacerlo más didáctico e interactivo para los estudiantes y jóvenes.

CANTIDAD DE VISITAS POR MUSEO

Paseo por el reino de hongos

En el segundo piso – la parte fea –, las pésimas condiciones del inmueble se hacen más evidentes: salones cerrados, techos picados, humedad y paredes desteñidas, dicen presente en cada espacio de la planta alta de la edificación. Hace un año estaba en su peor momento.

Colonias de hongos y bacterias que hicieron suyas las entrañas del museo fundado el primero de marzo de 1982 – en el edificio funcionó hasta esa fecha el liceo Unión Panamericana – y que pueden afectar la salud, e incluso ser potencialmente letales.

Un análisis microbiológico elaborado en diciembre de 2016 arrojó que el edificio posee áreas contaminadas, con elevada contaminación y otras muy contaminadas por la presencia de microorganismos que dañan documentos, y desde luego, comprometer la salud.

Dentro de los agentes biológicos aislados se encontró el Cladosporium Teleomorfo, relacionado con procesos alérgicos, infecciones en el sistema respiratorio y efectos tóxicos, como el síndrome tóxico por polvo orgánico.

También el agente Phialospora, presente en 11 de los 27 espacios estudiados. Se trata de un hongo que produce mucomicosis, una infección micótica profunda de los senos paranasales y el cerebro, de evolución aguda y alta letalidad, que se puede presentar especialmente en personas con sistemas inmunitarios debilitados – diabetes, por lo general mal controlada; trasplante de órganos; leucemia; linfoma; SIDA, entre otros –.

Esta infección puede progresar hasta involucrar inflamación de los pares craneales, e incluso causar coágulos de sangre que bloquean los vasos hacia el cerebro (trombosis). Además puede comprometer los pulmones (mucormicosis pulmonar), causando neumonía de progreso rápido, y que se puede diseminar a la cavidad torácica, el corazón y el cerebro.

Otro de los patógenos encontrados fue el Asperguillius (Vercicoloors, Níger y Fumigatus). Este elemento es responsable de la aspergilosis, una enfermedad que produce problemas respiratorios y necrosis del pulmón.

El género Penicillium, produce enfermedades de las uñas, el oído y reacciones alérgicas a nivel general. Este pudo aislarse en 11 de los 27 espacios inspeccionados.

En el análisis bacteriológico se aisló asimismo el género Seudomona Mallei, productor del muermo, una enfermedad infecciosa típica en caballos, asnos y mulas, aunque también afecta ovejas, cabras, perros y gatos. Ocasionalmente se contagia a los humanos.

Hasta ahora, según Miguel De Camps, el museo se ha mantenido luchando en contra de los hongos y bacterias, siguiendo las recomendaciones, con químicos derivados del cloro.

Dado los elevados niveles de contaminación, también se hace necesario la fumigación del edificio con enilconazol al 5 % en combinación con el fósforo de aluminio.

De igual forma, mantener control de la temperatura y la humedad relativa, las cuales deberán estar en un rango de 21-25 y 45-55 %.

El hombre que murió en el valle de los hongos

Al antropólogo Fernando Luna Calderón lo mató el trabajo. Fue el director del Museo de Historia Natural, un lugar temido por los dominicanos hasta la fecha por el monstruo que se cobró la vida de un empleado cuyo nombre muchos desconocen. Fue Luna Calderón.

Se enfermó en el 2004. La fuente de su padecimiento fueron las bacterias y hongos presentes en el museo, mismas que obligaron – muy parecido al caso del Museo de Historia y Geografía – a tenerlo bajo llave.

 

Allá solamente hay 4 empleados, no son muchos. De los 4 nos hemos enfermado todos; conjuntivitis, cantidad de conjuntivitis, periódicas y repetitivas”.

Según las informaciones dadas en 2004 por la catedrática universitaria Amparo Chantada, el doctor Luna Calderón solicitó al entonces secretario de Medio Ambiente, Frank Moya Pons, fumigar de manera urgente el museo para eliminar los hongos y bacterias, dos años antes de que contrajera la enfermedad.

Se fue a Italia a tratar de pelear en contra de los problemas pulmonares derivados de la exposición a los patógenos. Allí sería operado además de una tumoración en el cuello. Sobrevivió apenas.

Regresó al país y al trabajo poco tiempo después, aun cuando se encontraba en proceso de recuperación, lo que produjo nuevos achaques. Esto terminó con su vida el 27 de noviembre de 2005, a los 60 años.

Nacido en Santiago de los Caballeros el 23 de noviembre del 1945, doctor en Antropología física, médico forense, egresado de la Universidad de Santo Domingo, Luna Calderón fue director del Departamento de Antropología Física del Museo del Hombre Dominicano – del que fue cofundador – durante 30 años, y desde el 2000, director del Museo de Historia Natural hasta el 2005.

El museo, el único de la Plaza de la Cultura en condiciones óptimas, reabrió sus puertas el 17 de abril de 2007, luego de cuatro años de silencio.

CANTIDAD DE VISITAS POR MUSEO

Museos en deterioro

Prácticamente no tiene luz eléctrica y la poca iluminación que hay en muchas de las salas, es gracias a una ventana que permite la entrada del Sol, por lo que las piezas se ven discretas en la oscuridad parcial. No hay ascensores ni aire acondicionado.

Pero no son problemas que el Museo del Hombre Dominicano ha escapado del conocimiento de las autoridades dominicanas ni de los 17,150 dominicanos y extranjeros que, según estadísticas del Ministerio de Cultura, visitaron la edificación.

A pesar de su valor cultural, las condiciones del local y las estadísticas, hablan de un museo en agonía. Para diciembre del 2016, los salones y exposiciones del espacio histórico – fundado el 12 de octubre de 1973 –, habían recibido a 27,767. El año anterior fue de 39,520.

Recopila en su vientre piezas elaboradas por los pobladores la isla antes de la llegada de Cristóbal Colón, así como tesoros de la historia dominicana, algunos de ellos despojados de su valor por incontables grafitis juveniles hechos a pulso y tinta de bolígrafo.

Yermali, Tony, Yovanni, Crisleidy, Ginezka y Gloria reclamaron – y de paso, arruinaron – un pedacito de cultura. ¡Yenni aparece hasta la tambora!

Pero más allá de la intervención creativa de algunos visitantes y el interior marchito de estructura, hay exhibiciones que dejan claro la falta de mantenimiento o abandono, y fotos gastadas hasta quedar casi irreconocibles por la luz solar.

Más cerca del Museo de Historia y Geografía, y en mucho mejor estado que sus hermanos históricos, se encuentra el Museo de Arte Moderno – el MAM, para los visitantes recurrentes –.

El gigante gris, aunque posee energía eléctrica en cada salón, carece de ascensores que reduzcan el impacto y sofoco que produce escalar el monumental edificio, de escaleras largas y cuantiosos peldaños.

Tampoco tiene aire acondicionado, sumamente necesario para la preservación de las obras de arte frente al cambio de la temperatura, así como las piezas en el inmueble.

En 2016, según los datos estadísticos del Ministerio de Cultura, los visitantes fueron 68,790.

 

El plan de mil millones

En los últimos años, el Ministerio de Cultura ha buscado opciones para enfrentar la situación de los museos de Historia y Geografía, el del Hombre Dominicano, y otros que necesitan ser intervenidos, en menor o igual medida.

Uno de estos planes fue el de fideicomiso para reacondicionar trece de los principales museos del país, presentado por Cultura, en el que participaría Fiduciaria Reservas, del Banco de Reservas Dominicano.

Para la intervención, Fiduciaria del Banco de Reservas aportaría de RD$ 465 millones para intervenir, en una primera etapa, 13 museos de los 84 que existen en todo el país. Las ganancias de los museos – RD$ 48.8 millones en el 2015, según Cultura – serían empleadas para pagar el préstamo.

En virtud de que el presidente le puso en el Congreso mil millones de pesos para ser invertidos en la reparación y en el acondicionamiento de los museos y propiedades del Ministerio de Cultura”.

Museo del Hombre Dominicano, Museo de Arte Moderno, Faro a Colón, Alcázar de Colón, Museo de las Casas Reales, Casa Museo Juan Ponce de León y Fortaleza San Felipe, en Puerto Plata. También la Fortaleza de Santo Domingo, Las Atarazanas Reales, La Vega, Casa del Tostado, Museo de la Isabela y Museo Subacuático de la Altagracia, fueron incluidos en esa primera etapa.

“En ningún caso la operación significaría que esos museos pasarían a ser propiedad del referido banco”, aclaró el entonces ministro José Antonio Rodríguez.

Sin embargo, esa idea quedó a un lado debido a la “visita sorpresa” que hizo el presidente Danilo Medina a la Plaza de la Cultura el 5 de julio de este año, en la que observó el deterioro del lugar. Tras la visita, el Poder Ejecutivo anunció que se incluiría una partida de mil millones de pesos en el Presupuesto General del Estado del 2018, para su “rescate y transformación”.

“No sólo el rescate de los museos del Hombre Dominicano, de Historia y Geografía y de Arte Moderno. También convertir el espacio en uno de los centros culturales más modernos e importantes de Centroamérica y el Caribe”, indicó el ministro de Cultura, Pedro Vergés en septiembre del 2017, al compartir la decisión del Poder Ejecutivo.

Pero los detalles más profundos del plan no han llegado a oídos de la población. Del rescate y transformación de la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte y sus museos, solo se conoce que está en manos de la Comisión Presidencial de Apoyo al Desarrollo Provincial, a la espera de que los recursos prometidos a través del Presupuesto del año entrante sean entregados, por lo que podría iniciar a principios del 2018.

Documento para descarga:

Análisis microbiológico elaborado en diciembre de 2016 – Museo Hist. y Geo