Deserción escolar

En evaluaciones realizadas por la Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad (IDEC), recién dadas a conocer, se señala un aumento de la deserción escolar entre 2012 y 2015 a pesar de los esfuerzos desplegados por el gobierno para  implementar la tanda extendida. Los datos ofrecidos confirman diversas situaciones que las ONG’s que trabajan con la niñez  desfavorecida han venido constatando en el terreno.

Las causas de la deserción son múltiples y necesitan estrategias diversificadas, algunas de fondo, para hacerles frente. De manera paradójica, la misma tanda extendida puede provocar deserción. Por ejemplo, cuando su implementación en el sector urbano no se acompaña de la construcción de nuevas aulas y los alumnos que anteriormente se encontraban separados en dos tandas no caben en un espacio apenas modificado. Esta improvisación deja fuera a numerosos  niños y niñas, generalmente los más retrasados desde el punto de vista escolar, así como los más vulnerables, con padres que no hacen de la escolaridad de sus hijos una prioridad.

El año pasado el Ministerio de Educación, cumpliendo con la obligación de escolarizar a todos los niños y niñas, reubicó 15 niños y niñas de Villas Agrícolas en la Escuela Salomé Ureña, de Capotillo. Al cabo del algunos meses el 99% había desertado por motivos múltiples: lejanía, obligación de pagar un motor,  inseguridad, poca valoración de algunos padres sobre la importancia de la educación. En el presente año escolar 2016/2017 este grupo se encuentra en la misma situación que el año anterior, aunque se le agregan 40 nuevas familias que se han unido en búsqueda de soluciones al mismo problema. Este hecho hace suponer que hay muchas otras familias que se encuentran ante las mismas circunstancias pero no las conocemos, sencillamente porque al no estar buscando remedio a la dificultad no se nos hacen visibles.

Otros desertores son niños rezagados entre 12 y 14 años, que no tienen el nivel y arrastran tantas deficiencias en lectoescritura y matemáticas, que se les hace imposible ubicarse en su grado. Son niños desmotivados, aburridos, indisciplinados, en sobre edad, y generalmente con la auto estima por el suelo. Muchos de ellos han tenido, desde muy temprana edad, responsabilidades y quehaceres en sus casas incompatibles con la vida de un niño y han sufrido de violencia intrafamiliar.

“Tengo que cuidar los mellizos que mi madre tuvo con mi padrastro.  Fuñen tanto que no se qué hacer con ellos. Quisiera salir a jugar pero mi padrastro me da correazos”, dice uno de ellos. Desde que alcanzan los 12 o 13 años, y a veces antes,  los varones desertan para trabajar. Son explotados por personas inescrupulosas, generalmente con la aprobación de la familia, en talleres de mecánica o de lavado de carros, en carga o descarga de camiones, en mandados, etc… Las muchachas desertan por embarazos precoces o para juntarse con un hombre y luego les cuesta mucho reintegrarse al sistema escolar.

Si bien la familia funcional es el núcleo fundamental para el desarrollo y el crecimiento de los niños, no podemos cegarnos: no es el modelo dominante en los sectores desfavorecidos de nuestra sociedad. Hay escuelas públicas que, tomando como principio que sin el sostén de la familia no se puede progresar, se las arreglan  para empujar hacia la salida los niños cuyos padres no colaboran con la educación de sus hijos. Esta forma de estigmatización penaliza doblemente a esos  niños y niñas. Por un lado, no tienen el apoyo familiar necesario y, por el otro, no reciben de la escuela oportunidades para socializarse. Al final, acaban como electrones libres,  forman bandas y se enrolan en acciones delictivas.

Los niños y niñas hiperactivos, con déficit de atención o con cualquier trastorno aún leve, son otros perfiles de excluidos del sistema a pesar de no haber soluciones  institucionales para ellos fuera de la escolarización pública. El sistema los eyecta poco a poco sin buscarles soluciones adaptadas dentro del recinto. Casos que una buena psicóloga podría resolver se convierten en entorpecimientos a la vida en el aula.  En la práctica, toda situación  fuera de la norma es rechazada. La escuela dominicana tendrá  pronto una tanda extendida generalizada pero no será todavía una escuela inclusiva y amigable.

Comparto lo dicho por la psicóloga e investigadora española Begoña Ibarrola, cuando afirma que “el sistema educativo está cojo sin esa educación emocional porque el ser humano tiene que educar diferentes dimensiones no solamente la cognitiva… En primer lugar, muchos problemas de conducta y bajo rendimiento académico tienen su origen en problemáticas de tipo emocional y no en falta de capacidad cognitiva de los alumnos”.

En el momento que se habla de reformar los currículos de educación de las universidades y se invierte en la capacitación y  formación de maestros, se hace apremiante integrar la educación emocional -así como módulos de psicología- para lograr una educación más inclusiva.

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