Mientras los valores del diálogo y del pluralismo avanzan en el mundo, para dirimir las diferencias, mientras se logran pactos de convivencia y hasta de colaboración entre países que por décadas han tenido serias confrontaciones, en nuestro país, sectores ultranacionalistas permanecen en la atávica práctica de la violencia verbal y física contra quienes piensan diferente a ellos. Ahora, sin argumentos veraces, han obligado al ministro de Educación retirar de las escuelas un libro de texto, sin antes someter a discusión la pertinencia o no de los contenidos del mismo. Un peligroso precedente.
El texto es de Ciencias Sociales para el sexto grado y para justificar su precipitada y desaprensiva decisión, el referido funcionario dice que se hará una revisión de los libros de textos consultando la Academia de Historia del país. Parece que no leyó la posición del brillante historiador Raimundo González, miembro de esa Academia, sobre la polémica suscitada alrededor del mencionado texto.
González desmontó punto por punto los argumentos de los voceros del fanatismo ultranacionalista, los cuales sustentan sus alegatos en prejuicios, tergiversación de los hechos históricos y el manido disparate del “proyecto de fusión con Haití”, de tres supuestas grandes potencias.
Basado en una rica fuente bibliográfica, el profesor González argumentó, de manera crítica, la esencia del contenido del referido libro y desde su punto de vista, el lugar que este ocupa en la estructura curricular del nivel básico de nuestro sistema educativo.
Los sectores de la oposición que han sido tímidos en la defensa de los dominicanos de origen haitiano, ahora tienen la oportunidad de defender la libertad de opinión, cercenada en este caso con el retiro de un libro de texto porque sus contenidos lo rechaza el ultranacionalismo cerril
Sin embargo, las conocidas limitaciones formativas del ministro en el tema de la educación y la influencia política e ideológica de los ultranacionalistas en el PLD y en el gobierno, ha determinado que, en este caso, éstos hayan logrado imponer sus posiciones en áreas tan vitales como la Educación. Una barbaridad.
Sería una ingenuidad creer que ese ministro tomara una decisión de esa naturaleza sin que el presidente Medina, plegado al ultranacionalismo cerril y fascistoide, la conociera. La tomó, porque esa es la ideología de prominentes miembros de su partido, de destacados dirigentes y allegados de ese amasijo de oportunistas cobijados hoy en las siglas del otrora PRD y porque el antihaitianimo sirve a los fines electoreros de todos ellos, incluso a aquellos que simplemente del mismo hacen profesión y ganan dinero con esa profesión. Algunos comentaristas radiales y televisivos, además de escribidores, son buenos ejemplos.
El totalitarismo de todo signo, sobre todo el fascista, comienza con el asalto a la Educación para crear seres humanos fanatizados, intolerantes y sumisos al poder. La quema de libros de intelectuales del calibre de Vargas Llosa, por diferir de las ideas plasmadas en sus libros y artículos, el asalto e incendio de casuchas en asentamientos de inmigrantes y dominicanos de ascendencia haitiana y ahora, en su cruzada para imponer sus ideas en los contenidos de libros de textos, constituye una ominosa muestra del avance del proyecto totalitario de un grupito que ha secuestrado y usado un partido y un gobierno que se engullen y corrompen todo.
Que la presión de ese grupito, obligue al ministro de educación a retirar un libro de texto, cuyo contenido es avalado por prestigiosos historiadores, constituye un peligroso precedente para el futuro del país, situado entre los más conservadores de la región.
Constituye una escalada del terrorismo verbal y físico que tantas muertes causó durante la larga noche de horror que vivió el pueblo dominicano durante la tiranía trujullista, de la cual dos de los más conspicuos miembros del actual amasijo de nazionalistas fueron diputados, uno de ellos miembro del CP del PLD..
Los sectores de la oposición que han sido tímidos en la defensa de los dominicanos de origen haitiano, ahora tienen la oportunidad de defender la libertad de opinión, cercenada en este caso con el retiro de un libro de texto porque sus contenidos lo rechaza el ultranacionalismo cerril.
Han dejado solo en esta batalla por la libertad y derechos humanos a un grupo de intelectuales, académicos y activistas sociales, sin advertir que la bestia de la intolerancia está copando espacios claves de la vida política y social dominicana y que no es sólo a los débiles que esta cierra sus caminos, sino que poco a poco cierra los caminos del cambio en este país.