MIAMI, Florida.- El politólogo y periodista Fernando aquí se encargó de colocar las piezas sobre el tablero y dibujar con ellas un panorama político y social de la República Dominicana en que la llamada vinchocracia, el pensamiento autoritario de Marino Vinicio Castillo, forma parte de un tinglado que aún mantiene viva la imagen de la dictadura de Trujillo.

“Cuando lean este libro se darán cuenta que Rosario Adames logró conjugar la intriga y el interés que generan los hechos de actualidad, usando a un personaje tan real como funesto en cualquier momento de la historia de los últimos 60 años, al tiempo usa a ese mismo personaje para revelar la pusilanimidad y la cobardía de algunos gobernantes del país, que por mero interés de prevalecer, e imponerse a como dé lugar, no han tenido imaginación más que para valerse de una especie de sicario, un mercenario en el mercado de las reputaciones, al que han dejado reinar, otorgándole licencias para utilizar instituciones oficiales a su antojo, sin importar el daño que este le ocasione al país”.

Estas fueron parte de sus palabras, al analizar la vigencia y presencia en la política dominicana del 2014 del doctor Marino Vinicio Castillo, Director General de Ética e Integridad Gubernamental. A continuación el texto completo de la presentación de Fernando Aquino:

Palabras de presentación en Miami del libro El reinado de Vincho Castillo: Droga y política en República Dominicana, de Fausto Rosario Adames

Buenas noches:

Es para mi un grandísimo honor estar aquí con ustedes. Viajé ayer desde Nueva York junto a mi esposa Melissa, quien se encuentra aquí con nosotros, convocado a este encuentro, el cual considero de vital importancia para la República Dominicana. Antes que nada quiero reconocer la nobleza de un gran líder de la comunidad dominicana en el exterior, el Licenciado Manuel Durán, quien se ha empeñado en facilitar la discusión de temas de interés nacional para los dominicanos residentes en los Estados Unidos.

También quiero agradecer a la directiva de la Seccional del Colegio Dominicano de Periodistas en la Florida, y muy especialmente a su presidente, Miguel Acevedo, por hacer posible este evento. Y por su puesto, a todos ustedes por venir a compartir y reflexionar sobre el tema que nos convoca hoy.

Parte del público presente en la puesta en circulación
Parte del público presente en la puesta en circulación

El reinado de Vincho Castillo: Droga y Política en República Dominicana, del periodista y escritor dominicano, Fausto Rosario Adames, ha sido ya evaluado por importantes intelectuales y calificado de muchas maneras. “Un libro valiente”, de acuerdo al destacado intelectual y escritor dominicano Andres L. Mateo cuando le tocó presentarlo en Santo Domingo; “un libro que no puede causar más que dolor a cada compatriota que albergue en el alma así sea una pizca de amor por su pueblo”, dijo el doctor Silvio Torres-Saillant, cuando le tocó presentarlo en abril, en Nueva York.

Recuerdo que uno o dos días antes de esa presentación me acordé que, por los trajines de cada día,  no había invitado al gran escritor dominicano Junot Diaz y le envié un correo con la esperanza de que estuviera en la ciudad y pudiera asistir. Junot me contestó que en esos momentos se encontraba en Boston, en donde trabaja para la prestigiosa universidad MIT y que lamentablemente no podría estar presente en Nueva York. Pero lo que más me llamó la atención fue que Junot terminó su correo exclamando: ¡Ese es un librazo!

Los libros, como las obras de arte, pueden ser aclamados por diferentes motivos. Por la prosa o genialidad literaria, por su valor histórico, por aportar una confrontación inteligente y documentada de las ideas, o por caligrafiar la realidad, no importa cuan aberrante, indignante o vergonzosa esta realidad sea. En mi opinión, El reinado de Vincho Castillo: Droga y Política en la República Dominicana, además de todo lo anterior, encierra un desafío al pueblo dominicano, en lo que respecta al concepto de integridad pública, que ha resultado ser la espina dorsal de las sociedades justas y democráticas.

A través del relato de la interacción del personaje central del libro, -cuyo comportamiento en una sociedad con un gobierno realmente democrático no le hubiese ganado más allá que el mote de payaso o de agitador extremista-, con lo que nosotros hemos conocido como el Estado Dominicano, Rosario Adames nos ha enrostrado la cruda verdad de que nosotros, durante un poco más de 50 años, para ni siquiera incluir la brutal dictadura de Trujillo, más que ciudadanos de un país con un gobierno democrático, como nos siguen diciendo desde el mismo palacio que el dictador dejo como herencia, somos los súbditos obedientes que seguimos recogiendo las migajas, y cogiendo los latigazos, de un reinado basado en fábulas, falsos expedientes acusatorios, somos las víctimas del secuestro de la integridad pública.

Exponiendo de forma muy balanceada, y sin dejarse llevar por las emociones que podría provocar un personaje tan repugnante, en El reinado de Vincho Castillo, Droga y Política en República Dominicana, Fausto Rosario Adames toca un nervio muy sensitivo, con el solo hecho de exponer el protagonismo, o el involucramiento de Vincho en temas que han y siguen azotando a la Republica Dominicana.

Este libro plantea grandes interrogantes. ¿Cómo es posible que un individuo cuya reputación ha sido cuestionada de forma convincente y cuyo impacto negativo en el proyecto de democracia, ha sido ampliamente documentado, continúe exhibiendo una aterradora omnipresencia en los asuntos más importantes de la República Dominicana durante más de 50 años?  De una forma narrativamente efectiva, Rosario Ademes, expone hábilmente la forma en que este personaje ha gravitado en los quehaceres públicos del país desde la segunda mitad del siglo XX hasta el día de hoy.

En los temas del narcotráfico, la corrupción,  los fraudes electorales que han cambiado el curso de la historia política, la cuestión de la relación con los haitianos o los dominico-haitianos, el doctor Marino Vinicio Castillo, quien hasta ha llegado a convertirse en asesor en materia de asuntos constitucionales, ha jugado un papel estelar en nuestro país.

Si vemos a Vincho y a los que han sido sus compartes en el palacio, en el contexto más amplio del terrible impacto que han tenido sus acciones en la gobernabilidad, podríamos concluir que lo relatado en este libro por Rosario Adames coloca a la “vinchocracia” como parte de un régimen que ha sido muy efectivo en limitar el progreso de la nación, en términos políticos y económicos, facilitando en cambio el dominio absoluto, sin que importe un comino la integridad pública ni la justicia social, ni la ley, de las mafias que han controlado y marginado a un pueblo engatusado por una propaganda asqueante.

En el terreno de las ciencias políticas, lo que ha producido la alianza entre elementos como el personaje de este libro, una clase corporativa y empresarial que aún exhibe un comportamiento semi-feudal y los gobernantes envanecidos meramente con la idea de estar en la silla presidencial, se podría explicar en lo que el escritor norteamericano Sheldon Wolin describió como “Totalitarianismo Invertido”.

En su libro Democracia Incorporada: Democracia Gerenciada y el Espectro del Totalitarianismo Invertido (Princeton University Press, 2008) Wolin ofrece una analogía convincente para explicar cómo ciertas narrativas y acciones bajo el sistema supuestamente democrático han degenerado en una forma de gobierno –al que él llama totalitarianismo invertido- que funciona  para servir a los pocos, a expensas de la ciudadanía. Este argumento presupone una metamorfosis en la interpretación de la relación política entre la ciudadanía, los organismos del gobierno y la idea del progreso. Bajo el totalitarianismo invertido, al cual se ajusta perfectamente la vinchocracia, la idea de progreso toma la forma de una simple metáfora usada a menudo como  camuflaje de la profunda desigualdad inherente a esta forma de gobierno.

Y es ahí precisamente donde podemos destacar la genialidad del autor que nos convoca esta noche, quien a través de un personaje nos ha demostrado que nuestro país ha sido cogido de pendejo históricamente por unos individuos que han asaltado el gobierno para usarlo no para gobernar en beneficio de las mayorías, sino para avasallar, para estar arriba.

Cuando lean este libro, ustedes se darán cuenta que Rosario Adames logró conjugar la intriga y el interés que generan los hechos de actualidad, usando a un personaje tan real como funesto en cualquier momento de la historia de los últimos 60 años, al tiempo usa a ese mismo personaje para revelar la pusilanimidad y la cobardía de algunos gobernantes del país, que por mero interés de prevalecer, e imponerse a como dé lugar, no han tenido imaginación más que para valerse de una especie de sicario, un mercenario en el mercado de las reputaciones, al que han dejado reinar, otorgándole licencias para utilizar instituciones oficiales a su antojo, sin importar el daño que este le ocasione al país.

Cuando Andres L. Mateo destaca la importancia de en nuestro país se escriban más libros “de coyuntura”, abordando los temas relevantes al desenvolvimiento democrático, o antidemocrático del país, notamos que, ese vacío para este tipo de obras, se devela en la enorme cantidad de tiempo que abarca el personaje.

El pavor que provoca saber que un hombre que fue alcahuete de Trujillo, y agitador a sueldo de Balaguer, ha sido elevado por los dos gobiernos del partido de la Liberación Dominicana a las más encumbradas tribunas en donde se debaten los temas de mayor impacto en la sociedad y la gobernabilidad del país.

Tan escaso en su género, el libro de Rosario Adames además de presentarnos una anomalía en la gobernabilidad democrática de un país (en la que un mismo personaje nos fustiga durante 60 años), también revela el mezquino y mediocre propósito de gobernantes que, al otorgarle una tribuna, saben perfectamente que el trabajo que de este no es resolver el problema, sino decirle al país que el problema se está resolviendo y que si no se resuelve es porque los opositores del gobierno son los responsables de que no se resuelva.

Tras leer este libro es inevitable comprender que la realidad que este nos describe, en la que reina un personaje que trabaja por encargo, revela al mismo tiempo a unos gobernantes inmorales, carentes del material del que están hechos los verdaderos líderes, y el resultado ha sido el sacrificio del bienestar común, sustituido por las mezquindades cotidianas de la política.

Este libro documenta, hace un exposé, como diría el autor, como precisamente durante los mandatos del doctor Castillo al frente de los organismos para combatir las drogas, el narcotráfico y la violencia y la desestabilización social que este genera han hecho su mejor zafra. Igualmente ha pasado en el campo de la corrupción, sin duda uno de los problemas más graves del país: Vincho es puesto al frente de los organismos de ética gubernamental, que en los países democráticos se encarga de velar por la integridad pública, y la corrupción pasa a ser parte integral del comportamiento político de nuestro país, al punto de que los funcionarios que no son corruptos, pertenecen a una rara especie.

Durante esta fiesta del narcotráfico y la corrupción bajo el reinado de Vincho Castillo, hay dos palabras, que a pesar de ser contradictorias entre sí se han convertido en la norma: “coger lo tuyo”. Se supone que si algo es tuyo entonces no hay que cogérselo. Es que la filosofía de “prevalecer” de la vinchocracia, que no tiene nada que ver con gobernar, ha sido asumida como parte de la cultura oficial.

Este libro plantea con un dossier irrefutable de evidencias, que durante los gobiernos que lo han endiosado, las estrategias antidrogas y anticorrupción puestas en manos de Vincho Castillo, no fueron más que estratagemas al estilo totalitarianismo invertido para seguir engañando a la sociedad, mientras se le abrían las compuertas de par en par a los narcotraficantes y los corruptos, lo cual ha producido una diabólica simbiosis que gravita sobre la vida dominicana.

Según demuestra cada capítulo en este libro, aunque empoderado un poquito más por los recientes gobiernos, los métodos de Vincho siempre han sido los mismos. En estas 384 paginas, Rosario Adames documenta al Vincho lisonjero, al alcahuete ensalzando al dictador Trujillo, su obra y su partido político, el cual intentó mantener vigente a toda costa, aun después de la muerte del dictador. A Trujillo Vincho le sirvió ciegamente. Me parece que no tengo que explicar aquí, aunque el libro da ejemplos muy claros, lo que Trujillo significó para la República Dominicana.

Es interesante ver aquí documentada la audacia de un hombre que, a pesar de que siempre dice tener convicciones firmes, puede reinventar sus lealtades de acuerdo a como sople la marea, pues si algo concreto se puede decir de Vincho es que su capacidad de hacerse útil para lo que sea y como sea ante los gobernantes ha sido sorprendente, claro, siempre amparado en el billete y los recursos del Estado para intimidar o derrotar otros mas débiles.

Siendo justo con el personaje, ya trabajando para la maquinaria antidemocrática de Balaguer, Rosario Adames relata como en ciertas ocasiones, Vincho sacaba el pechito, autodenominándose así mismo como hombre vehemente, llegando incluso a renunciarle de algunas designaciones. En el libro se revela sin embargo que esta no era más que la evolución de la audacia del personaje, quien usaba su vehemencia para lograr favores del presidente Balaguer, quien conociendo bien la naturaleza de Vincho lo añoñaba con privilegios y recociéndole una supuesta amistad cada vez que necesitaba enviarlo una misión que solo un ser inescrupuloso seria capaz de hacer. Como bien lo documenta este libro, Balaguer solo utilizó a Vincho para labores de “plomería política” y nunca le dio la categoría de Secretario de Estado.

Sin embargo, así como intentó hacerlo con Trujillo, Vincho jugó su papel para garantizar que Balaguer mantuviera sus garras sobre el pueblo dominicano, facilitando un fraude electoral que le quitó la mayoría en el Senado al Partido Revolucionario Dominicano.

Las páginas de este libro revelan a un Vincho con muy escasos dotes de líder y con amplias aptitudes de manipulador y perseguidor. Desacreditador implacable de grandes los líderes que en su momento representaron la esperanza de una verdadera transición hacia la democracia, como Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez.

Si el éxito consiste en avasallar, no importa el método que se utilice Vincho es un hombre exitoso. Eso también se puede percibir en este libro, cuando el autor explica, lo que en una sociedad democrática seria inexplicable, como Vincho borró las fronteras entre el gobierno y oscuros intereses privados. Y cito al autor: “El doctor Castillo fue funcionario del gobierno de (Leonel) Fernandez al mismo tiempo que encabezaba la barra de la defensa de los banqueros imputados por corrupción y lavado de activos en el caso del Banco intercontinental Baninter (Rosario, 2013).

Además de nombrarlo en tribunas importantes con cargo de Secretario de Estado y jefe de comisiones, y hasta alabarlo (recuerden que Leonel Fernández se declaró vinchista) los gobiernos del PLD han permitido que Vincho hasta denigre a otros de sus funcionarios. El libro documenta muy bien estos encontronazos, incluyendo aquel del Procurador Dominguez Brito, quien tuvo que enfrentar al funcionario encargado de ética de su gobierno (Vincho Castillo) quien defendía a los acusados de uno de los casos más sonados de corrupción empresarial en República Dominicana.

La historia contenida en el libro de Fausto Rosario Adames es dolorosa, pero también es un reto para la sociedad dominicana. Este libro revela que algunas de las personas que nos han gobernado han preferido el camino fácil para prevalecer, demostrando una falta de carácter y una cobardía que han defraudado a una sociedad trabajadora. Estos gobernantes se han apandillado con el personaje de este libro para violar a la sociedad repetidamente. Y esta violación es hoy aún más relevante que nunca, pues este monstruo de varias cabezas quiere eternizar su hegemonía, aunque para esto, como dijo el doctor Torres Saillant tenga que seguir imponiendo la cultura de la vileza.

Recientemente vimos como el presidente Danilo Medina,  ha seguido este derrotero no solo nombrando a Vincho en sus tribunas predilectas, sino además moviendo a sus descendientes a posiciones de tribuna, como fichas claves de los mecanismos de toma de decisiones importantes. En estos días pensaba sobre la idea de Vinchito o Vinicito, a quien la cámara de diputados lo hizo miembro al vapor, de construir una pared para dividir a Haiti y República Dominicana. Y conociendo la lógica con que esta gente opera, podríamos imaginarnos ya a las corporaciones que construirán este muro ya registradas, a nombre de algún familiar o miembro de su mafia, como hicieron la compañía del primo que llevaría los rayos X para combatir la droga. Vinicito nos la puso más fácil al develar que, como le gusta a ellos, este proyecto debe ser financiado con dinero donado y no estaría demás sospechar, que para llevar las ganancias al máximo, la pared que supuestamente mantendría a los haitianos del lado oeste de la isla,  seria construida desde luego, de la misma forma en que se construyen todos los grandes proyectos de la República Dominicana, con mano de obra haitiana.

El legado del reinado de Vincho Castillo, lo podemos ver todos los días, en los periódicos y demás medios de comunicación. Antes de salir de Nueva York, leí una nota en Acento.com que revelaba al abogado Negro Veras llorando, al verse impotente ante un sistema judicial que sirve más a la delincuencia que a la sociedad. Negro, único sobreviviente de los Panfleteros de Santiago, un grupo de jóvenes a quien Trujillo mató de la forma más brutal posible por el simple hecho de oponerse a su dictadura, se ve hoy compartiendo la misma sociedad moldeada por el adulador de Trujillo. El país moldeado por la ideología vinchista alabada por el ex presidente Fernandez, es el mismo donde florecen los sicarios.

Así como vio caer a sus compañeros, Negro ha visto a su hijo, al abogado Jordi, perder un ojo y casi morir a manos de unos sicarios, y no puede hacer nada más que llorar al ver que 60 años después, muy poco ha cambiado en la República Dominicana. También leía, antes de salir para acá, en un estudio de la Revista Forbes, que la República Dominicana ocupa el lugar número uno de países menos confiables para invertir, citando entre otras razones la rampante corrupción que existe actualmente en el país. Esa es la historia que plantea magistralmente el libro de Fausto Rosario Adames, que más bien es un desafío a la sociedad dominicana.

Queridos hermanos, es para mí un privilegio presentarles a un hombre cuyo legado contrasta diametralmente con el del personaje de su libro, el autor de El reinado de Vicho Castilo: Droga y Política en República Dominicana, Don Fausto Rosario Adames.

Miami Florida,

14 de Junio de 2014