SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Sin lugar a dudas, con el segundo debate Obama logró recuperar satisfactoriamente el optimismo de su campaña, que resultó afectado por el resultado desfavorable que obtuvo en el primero. Además, otro efecto importante de este último encuentro es que contribuirá a poner freno al ascenso moderado, pero continuo, de las preferencias por Mitt Romney, las cuales se empezaron a motorizar dinámicamente a partir del evento anterior.

A este segundo debate Obama se presentó con una actitud distinta. Estuvo mucho más atento y concentrado a las preguntas que le fueron formuladas, así como también a sus posiciones y su movilidad en el escenario; pero sobre todo, a seguir con detenimiento las respuestas que ofrecía Romney.

La recuperación de Obama

Se podría decir que Obama recuperó a Obama, al rescatar la imagen del joven de origen afroamericano, dinámico y talentoso que logró tocar, con su “Sí podemos”, el corazón de los y las estadounidenses en las elecciones pasadas. Sin dudas, el presidente y candidato demócrata logró revertir la percepción del primer round de esta jornada al presentarse más energizado, confiado y con  la sonrisa continua de un candidato optimista y ganador, modificando la imagen cabizbaja, un poco taciturna y distraída del primer debate.

En esta ocasión estuvo más enfocado,  yendo más al grano en sus respuestas y logrando mantener el interés y la atención por más tiempo. Se manejó como el buen político o actor que es, con un uso inteligente y apropiado de su lenguaje corporal, particularmente del manejo cambiante de sus gestos y posturas al ritmo de las palabras y los contenidos de los planteamientos de Romney.

Habló con autoridad, con paciencia y firmeza; es decir, con algunas de las características importantes que se considera que debe poseer el líder de la primera potencia mundial. Se expresó dentro de parámetros apropiados y esperados para un verdadero "Commander in Chief" de la nación.

Con gran afluencia de palabras claras y bien pronunciadas, Obama logró resaltar sus prioridades y las propuestas que quería presentar al país. Consiguió hablar como  un candidato y no sólo como un presidente en búsqueda de la reelección. Sus planteamientos tuvieron claridad, fueron propositivos y lograron diferenciarlo de la imagen de un presidente navegando en un mar de problemas pendientes e irresueltos.

Otra variación importante con relación al primer debate fue que en esta ocasión Obama tomo una actitud de ataque desde el inicio y la mantuvo continuamente, como un boxeador ágil y ofensivo que no luce agotado y que siempre se dirige a pegar y a empujar el contrincante hacia adelante.

La diferencia de contenido de los dos discursos

Otro tema interesante a destacar, fue que durante todo el debate Obama insistió consistentemente en la diferenciación entre los contenidos de las dos propuestas presidenciales y de las distintas visiones de futuro que encierran. En ocasiones habló de iguales objetivos y propósitos que Romney, pero de distintas formas de lograrlos, tratando de presentar sus propios medios para alcanzarlos como más coherentes, realistas y potencialmente más efectivos que los del candidato opositor.

En un tema donde se defendió bien y mostró coherencia entre promesas realizadas y resultados alcanzados, fue en política internacional: fin de la guerra de Irak, captura y muerte de Bin Laden y salida de Afganistán; aunque esos logros se vieran ligeramente afectados por el caso reciente y la respuesta lenta y algo inapropiada del gobierno en lo concerniente al asesinato del embajador y tres funcionarios norteamericanos en Bengasi, Libia.

En relación al caso Obama se mostró como un líder maduro que carga con la responsabilidad nacional y pudo demostrar mentiras en las afirmaciones de Romney sobre que el gobierno norteamericano no había calificado la acción de terrorista, a la vez que denunció la intención del candidato republicano de querer politizar un tema que en términos generales tiene un manejo bipartidista en el país.

Obama también concentró los ataques a Romney en evidenciar las contradicciones entre lo que éste planteaba en el debate y otras declaraciones o medidas previas del candidato republicano. En ocasiones utilizó algunos planteamientos públicos de Romney de cierto contenido impopular realizados en diferentes momentos de la campaña o en años anteriores, buscando debilitar también de esta forma las propuestas del republicano.

Parte de la estrategia de Obama ha sido presentar a Romney, sobre todo con respecto a las políticas impositivas, como el candidato de los ricos y poderosos del país, mientras él lo sería de la clase media y de los sectores más pobres. Tratando de encarnar las aspiraciones de los más vulnerables de la sociedad, destacó hábilmente aquella torpe expresión de Romney de que: “el 47% del país se cree una víctima que rechaza asumir sus responsabilidades”.

Sin embargo, y de seguro por recomendaciones de sus asesores, Obama no ha aludido en ninguno de los dos debates sostenidos, a la culpa de las gestiones republicanas en la crisis financiera y económica de los últimos años. Tampoco se ha referido a las ventajas competitivas y sociales de vivir en un país con menores niveles de desigualdad y mayor equilibrio entre los actores económicos.

En relación a las propuestas de resurgimiento y relanzamiento de Estados Unidos de ambos candidatos, las de Obama son más de dinamización de abajo hacia arriba, mientras que la de Romney son de tipo goteo e incidencia de arriba hacia abajo. Evidentemente, ambos localizan de manera distinta el dínamo de los cambios nacionales propuestos en un locus social y económico distinto. Ambos tienen como objetivo la captación del centro decisorio del proceso electoral, la amplia clase media estadounidense, pero sus planteamientos la abordan desde puntos y sentidos contrarios.

El desempeño de Mitt Romney

El Romney de esta noche se pareció mucho al del debate anterior, obteniendo en ambos momentos un adecuado balance y muy buenos resultados. En esta ocasión también acudió con un eje temático central, pero en lugar del desempleo, como previamente hizo, su punto principal y neurálgico fue la clase media. Conscientes de que los sectores más conservadores republicanos, como el ala del  “Tea Party”, no tienen otra opción que él mismo frente a Obama, sus planteamientos en materia de temas como género y migración tendieron a estar más hacia el centro que hacia la extrema derecha.

El candidato republicano atacó a Obama insistiendo en las promesas incumplidas del presidente y en las oportunidades y posibilidades abiertas y no aprovechadas por éste. Utilizó muy bien, como prueba de la inconsistencia y dudosa confiabilidad resolutiva de Obama, el que éste no lograra la aprobación de una nueva ley de migración, a pesar de ser una de sus promesas iniciales y tempranas de su gestión de gobierno. Reincidió en sus ataques al insistir en lo que ha señalado como el mal récord o el bajo desempeño de Obama en temas centrales y esenciales del país, como es el caso de la economía. Para lo anterior se apoyó en un buen manejo y uso reiterados de datos y estadísticas reales y desfavorables para el gobierno.

Cuando Obama insistía en hablar como un candidato vendedor de esperanzas, Romney destacaba las tozudas estadísticas de la economía y el desempleo, lo que debilitaba el planteamiento y la oferta de Obama. Como en la ocasión anterior, uno de los mantras centrales de Romney fue que Obama es más de lo mismo, que ya tuvo su oportunidad de 4 años y que en modo alguno puede significar el cambio que el país demanda y necesita.

Romney estuvo más relajado y menos enérgico que en la primera ocasión. Aparentemente más confiado por los resultados del debate anterior, pero también más pasivo, condujo a Obama en muchas ocasiones hacia actitudes y comportamientos defensivos que lo desconcertaban.

Romney salió con las expectativas muy altas como resultado del primer debate. Tenía una valla colocada a una altura difícil de sobrepasar. Para nada quedó mal, pero fue un poco desfavorecido por su éxito en la jornada anterior. Lo hizo muy bien en esta ocasión, fue correcto, mantuvo un una calidad adecuada para el público y los estándares nacionales, pero no replicó el efecto sorpresa positivo del primer debate. En cierto sentido se repitió a sí mismo, manteniendo las conquistas del encuentro previo, pero sin producir nuevos insumos para el crecimiento continuo de su candidatura.

Obama obtuvo una recuperación deseada y Romney se consolidó en la altura previamente alcanzada. El escenario sigue apretado y de no producirse algún evento inesperado o sorpresivo, el final será de "foto finish".