Yo le retuerzo el brazo y tú le quitas la pistola! Proponía la mujer en su plan de escape.  No – No puedo!  Tengo mucho miedo, decía el muchacho de nombre Jonás.  Aunque era fornido, 22 días siendo amenazado de muerte en manos de sus secuestradores, le habían reducido el espíritu.  Si no hacemos nada nos van a matar de todas formas, -decía la mujer insistiendo- mira cuán borrachos están!  Nosotros somos ocho y ellos sólo dos, si todos nos defendemos nos vamos a escapar!  Ellos están armados –decía Jonás tembloroso-  Al grupo los habían llevado al matadero, literalmente.  Es el lugar en donde terminan aquellos por quienes no se pagó rescate.  Les torturan física y emocionalmente, hasta el momento en que finalmente les matan, y para sacarles algún beneficio, venden sus órganos.

Esto ocurre a diario en México, con muchos de los inmigrantes centroamericanos que pasan por allí haciendo la travesía de camino a la tierra prometida:   Los Estados Unidos.  La red de secuestradores reconoce a estos inmigrantes, les retienen para pedir dinero a sus familias.  Aun entre los pocos que pagan no hay garantía de vida.  Y aquellos que no tienen dolientes, como el caso de nuestra protagonista, son contados entre los que desaparecen.  Los quiero a todos de rodillas!  Gritó uno de los cuatreros.  Con una mano fumaba mariguana y bebía alcohol, con la otra, movía el arma de una persona a otra, apuntándoles.  Vamos a jugar un juego muy divertido, -decía entre risas- se llama Ruleta Rusa, al estilo Mexicano.  En eso, el otro matador, drogado y borracho también, se deleitaba infiriendo pánico: ¿Quién se muere primero?  Tú? Decía poniendo el arma sobre la frente de una joven.  O mejor tú!dijo a Jonás quién al sentir el metal en su frente, cerró los ojos como para no ver que le había llegado la hora.  Mira esta, dijo entonces apuntando a la mujer que inspira este relato, esta no llora como los demás. Matemos a esta!  Hazla llorar primero –propuso el otro psicópata- Pues yo me muero en el intento de seguir viviendo, le dijo ella a Jonás dándole a entender que eran sus últimas palabras…

La historia de esta mujer tiene muchos detalles escalofriantes, los cuales le suman virtud a su ejemplo de fe y determinación

En los 22 días que llevaban en cautiverio, Griselda nunca perdió las esperanzas de salir viva.  Aferrada a su fe, clamaba a Jesús por ella y por todos los demás secuestrados.  A pesar de haber presenciado cuán bajo y desalmado puede llegar a ser el ser humano, no dudó ni flaqueó en la fe de que aún de ahí la podía sacar Dios.  En ese tiempo, supo de personas rescatadas y vio otras desaparecer.  Parecía impensable que ella, quien había escapado de su país para salvar su vida, ahora estaba a punto de perderla, en un lugar en donde nadie encontraría sus restos.   Madre de 6 hijos, había tenido una vida estable.  Conservaba su trabajo en el gobierno y también llegó a tener un negocio propio.  Siendo cristiana, su relación con Dios era su estandarte, participando activamente en su iglesia junto a toda su familia.

Confrontó a unos políticos corruptos, denunciándolos; lo cual desató una trama de persecución y amenazas.  Terminó perdiendo el trabajo y corriendo por su vida.  Decidida a pedir asilo político en los Estados Unidos, se embarcó en la travesía, tras despedirse de sus hijos con la promesa de que Dios los sacaría a todos de aquella situación.  Ahora, hincada frente a aquellos asesinos hediondos y desalmados, entregó su vida a la voluntad de Dios, mientras cogía un puño de tierra.  Sorprendiendo a borracho, le tiró la tierra en los ojos y retorciéndole el brazo, hizo que el arma se le callera.  Atontado por la sorpresa, el otro le apunta, pero es embestido por Jonás, quien armado de valor, llevó a cabo el plan.  Así los ocho se abalanzaron contra los dos hombres, a quienes patearon antes de irse corriendo en todas direcciones.  Griselda dice que ella empezó a correr y correr sin mirar atrás.  Corrió entre los montes y se internó en lo profundo hasta que no escuchó ser humano alguno.  Al día siguiente, cruzó la frontera para caer en manos de las autoridades migratorias de los Estados Unidos.  Allí pasó cuatro meses y medio detenida.  En ese tiempo, se levantó cada madrugada a las 3.30 a orar.  Pedía a Dios que le concediera el milagro de salir de allí con el estatus de refugiada, para tener así los documentos necesarios para poder trabajar y reclamar a su familia.  Cuenta que durante ese tiempo, una de las guardias se molestaba cuando la veía orando o leyendo la Biblia.  Por eso ella debía hacerlo cuando aquella mujer no estaba en turno.

Cualquiera en sus circunstancias habría flaqueado, sin embargo, Griselda impregnó fe y esperanza entre todas las demás que como ella esperaban un acto de misericordia o la deportación.  Parada frente al púlpito en nuestra iglesia, el pasado domingo, daba gloria y honra a Dios porque, no sólo obtuvo favor frente al juez para recibir el asilo, sino que ya la gestión de traer a todos sus hijos está en proceso.

La historia de esta mujer tiene muchos detalles escalofriantes, los cuales le suman virtud a su ejemplo de fe y determinación.  Ahora se encuentra en un apartamento vacío, en necesidad de que se le apoye.  Todos en la congregación fuimos llamados a donarle lo que no estemos usando, pues ella carece de todo.  Sin embargo, resultó contrastante y altamente edificante el confirmar que si en algo es rica, es en la certeza de que Dios es Fiel, Real y un Padre Defensor que hace la diferencia entre el que le honra y el que no le honra.   Él es quien tiene la última palabra en el libro de nuestras vidas.  Aunque las tribulaciones sean fuertes, hay que hacer como esta valerosa mujer, luchar con la convicción de que intentar es mejor que rendirse.

Isaías 41: Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.

10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

11 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.

12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.

13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.

Bendiciones!