Uno de los grandes temores de los adultos y sobre todo de las mujeres, cuando ya la situación conyugal es insostenible, es “quitarle el papá o la mamá a sus hijos” o el gran estigma de que si en una familia no están mamá, papá, hijos e hijas, no es una verdadera familia.

Contrario a todos estos pensares, sostenidos en prejuicios, está la experiencia de muchos  hijos, que luego de una separación ganan un mejor padre, pues inician un vínculo más cercano con él.

La tensión que reinaba en la casa había deteriorado todas las relaciones y tras la salida del hombre, que es el que regularmente deja la casa, se convierte en un mejor padre para sus hijos e hijas.

Ahora se comienzan a planificar salidas los fines de semana, se hacen más frecuentes las llamadas telefónicas directamente para ellos, cuentan con un tiempo y espacio especial que hace que crezca la relación con su padre.

Muchas veces, sin darnos cuenta, los hijos asumen la carga emocional de los conflictos de la pareja y tras la salida del padre, cuando son liberados de esta carga, sobre todo si son pre adolescentes,  podrían comenzar a ser más organizados, estudiosos y cooperadores.

Al final pueden disponer de un tiempo con mamá por un lado y con papá por el otro, y si la pareja tiene conciencia de la importancia de la estabilidad emocional de los hijos pudieran continuar compartiendo todos juntos, de vez en cuando, a pesar de la separación conyugal

Por supuesto que todas estas condiciones pueden darse con una separación bien llevada, que no esté centrada en las necesidades de un miembro de la familia, sino en el respeto mutuo, al mismo tiempo que la valoración de la individualidad de cada uno.

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