Vivencias

¡Ya no somos indios!

Por Rafael Alvarez de los Santos

Si algo ha caracterizado al ser humano ha sido la búsqueda incesante de la verdad o por lo menos aproximarse a las razones que dieron origen a los hechos o a la realidad.

En esa búsqueda es capaz inclusive de reconstruir los hechos creando sus versiones de las cosas y a veces les resultan tan diáfanos y clarificadores que hasta terminan creyéndose lo mismo que inventaron.

Quiero ilustrar lo afirmado con una historia. En mi pueblo de Cevicos vivió un zapatero a quien conocíamos como Manolo, era un señor de piel blanca, aunque con visible rasgos de negro: nariz grande, labios gruesos, cabello enrizados aunque con la posibilidad de vez en cuando de hacerlos pasar como “cabello bueno” a decir de los negadores de la negritud.

El hecho es que Don Manolo tenía una peculiar historia de cómo surgieron los negros. Según me narraba Dios había creado a todo el mundo blanco, pero en la medida que el ser humano fue cometiendo pecados se volvía negro.

Como una manera de solucionar el asunto Dios creó una fuente muy grande llena de agua donde las personas que cometían pecados, y se habían vuelto negros, podían sumergirse y regresarían a su color original, o sea blancos.

Conforme pasó el tiempo eran tantas las personas que pecaban que secaron la fuente y el último negro que acudió solo alcanzó a introducir las palmas de las manos y las plantas de los pies y es por ello que los negros solamente tenemos blancas esas dos partes de nuestro cuerpo.

Confieso que me reí a carcajadas cuando escuché a Don Manolo contarme esto con tanto sentido de convencimiento que daba la impresión de ser el mismo Dios quien lo narraba. Y atribuyo ese sentido de convencimiento al poco sentido común de asimilar que le narraba esa historia precisamente a un negro.

Traigo esta historia a colación pues me parece que Don Manolo representa muy bien a la sociedad dominicana. El sentirnos mulatos descafeinados nos lleva a aceptar como bueno y válido que en algún documento de identidad nos ponga en el tipo de piel dizque indio.

Siento que en este país todos llevamos un Manolo por dentro. Las mujeres se desrizan porque el pelo rizo o “malo” es señal de negritud. Nos operamos la nariz porque es mejor tenerla perfilada por ese complejo de blanco que nos arropa.

Cuando saqué mi licencia de conducir tuve librar una batalla verbal con la joven que me atendía para que concediera mi petición de ponerme negro en el color de piel pues ella juraba que yo era indio oscuro llegando, inclusive, a cuestionar mi autoestima por mi afán de que pusieran negro en mi licencia de conducir.

Traigo esto a colación porque el jueves pasado asistí a la Junta Central Electoral para corregirle un dato a mi cédula y de inmediato aproveché para solicitar al joven que tomaría mis datos poner en el color de piel negro, pero él me respondió “ya no tomamos eso en cuenta”. O sea lo del color de piel fue eliminado de la cédula de identidad y electoral decisión que saludé con un aplauso cerrado en mi cabeza.

Celebré que ya no seamos indios, al menos en la cédula porque en cuanto a la política se refiere aún nos siguen vendiendo y ofreciendo espejitos por oro

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