Ya Danilo Medina es el nuevo presidente, ya hay un gabinete nombrado y ya comienza la garata con puños para conseguir uno de los miles de carguitos que quedan pendientes en el tren gubernamental, la mayoría de los cuales no deberían existir en un Estado donde reine el orden, la austeridad y el rigor institucional. Pero eso es parte de nuestra idiosincrasia y subiera quien subiera al poder lo mismo iba a suceder.

El problema es lo que vienen de aquí en adelante. Cuáles son los planes inmediatos del nuevo gobierno. Como financiará sus promesas y proyectos. De donde sacará el dinero para cubrir los gastos hasta diciembre con un déficit acumulado que se acerca a los RD$85,000 millones al mes de agosto. Como pretende asignarle el 4% a educación. Como pagará las deudas y evitar un default en los próximos meses. Que sucederá con la tasa de cambio, la tasa de interés y los certificados que emite el Banco Central, cuyo monto ya se acerca a los RD$300,000 millones.

Otras inquietudes que deben despejarse se relacionan con la modificación del Código Laboral, la ley de competitividad, la crisis del SENASA, la seguridad social, la delincuencia, las deudas con suplidores y contratistas, las deudas con productores agropecuarios, las deudas con los generadores de electricidad, la crisis energética y los continuos apagones, el deterioro de los hospitales y centros de salud, la capitalización del Banco Agrícola, la despolitización del Banco de Reservas y en fin de un sin número de desastre que deja como estela la gestión de Leonel Fernández.

Pero no se le puede pedir a un presidente que en los primeros días de su mandato responda a todas estas cuestiones. Tampoco en los próximos tres meses. Lo importante es que el nuevo gobierno de algunas señales de cómo abordará algunas de esas interrogantes.

Por ejemplo, definir lo que se va hacer con la política fiscal y monetaria es esencial y urgente. Y aquí entran temas de mucho interés como son la reforma tributaria, el manejo de la tasa de cambio, la política de crédito y las tasas de interés. La cuestión básica es si Danilo Medina seguirá aferrado al modelo económico vigente o promoverá un cambio profundo que reoriente la economía dominicana por otros senderos.

Solo con ese cambio del modelo es posible que se logre consensuar una reforma fiscal integral que será dura y dolorosa aunque necesaria para poner las cosas en orden. Pero si esa reforma es para poner parches al inmenso hoyo fiscal dejado por el gobierno anterior y seguir con el derroche y el clientelismo, entonces todo se tornará muy difícil y espinosa.

Hay otros temas, no menos importante que los de orden macroeconómico, que también requieren una rápida definición del nuevo gobierno. Uno de ellos es el sector eléctrico, que de no solucionarse a tiempo puede hacer colapsar todo el sistema. Igualmente, hay problemas muy graves en el sector salud donde los hospitales están en crisis y sin dinero para atender el creciente número de casos de cólera y otras enfermedades infectocontagiosas, que se expande como pólvora en todo el país, matando a personas y con riesgo de que impacte negativamente en el turismo dominicano.

Por más que uno quiera minimizar estos retos y decir que hay margen para todo, dándole al nuevo presidente el tiempo suficiente para que haga sus cambios y ponga en ejecución sus planes, la verdad es que los problemas que hemos mencionado no aguantan nada de eso. Son herencia de un gobierno irresponsable y de un ex presidente con ambiciones ilimitadas de poder que lo único que hizo fue poner en el abismo al nuevo presidente para que fracase y sacarle provecho político a su favor.

En fin, el tiempo es corto y valioso y en eso el gobierno de Danilo Medina no puede descuidarse. Un primer paso es que diga si negociará de inmediato con el FMI otro Stand By, porque de eso depende mucho lo que siga después.