Leo en HOY: "Margarita no tiene cuentas en el Danske Bank". El Día: "supervisor de Autoridad Financiera de Dinamarca afirma que la Primera Dama no tiene cuenta en Danske Bank". Diario Libre: "El Danske Bank de Dinamarca dice Margarita no es su cliente." El Caribe: "Banco danés certifica Margarita no tiene cuenta." Listín Diario: "La cuenta no existe." Muy bien, profesor. ¿Y ahora? ¿quién recoge el estiércol derramado?

Así como un asesino de mujeres no se redime suicidándose, de igual forma, la mano de la Justicia (una sentencia definitiva de un juez) posiblemente no logré resarcir el daño causado a la doctora Cedeño Lizardo de Fernández, "pero algo es algo." Ella lo advirtió desde las primeras horas de la agresión: "A mí no. A mí no." Y agarró y llamó a un gran abogado, libre de fanatismos partidarios, Luis Miguel Pereyra para que la representara.

En el caso de la campaña contra Margarita, todo parece indicar que la desesperación  dañó el plan. Según los genios del mal y los manuales no escritos de comunicación coprológica, este tipo de la guerra se debe utilizar pocos días antes del final de la campaña electoral de manera que la víctima no tenga tiempo de aclarar ni desmentir con la mayor veracidad la acusación, (en este caso, con la certificación del banco donde se afirmó estaba la cuenta). Ese ha sido el error fundamental de quienes han planificado todo esto contra la candidata vicepresidencial del PLD y su constante y sorprendente popularidad, según todas las encuestas.

Pero el daño está hecho. Y surge entonces terrible la pregunta. ¿Y ahora, profesor?

La guerra coprológica que se inició formalmente con esta agresión a Margarita hay que detenerla ¡ayer! Y es que esto del "ojo por ojo y diente por diente" nos dejará a todos ciegos y desdentados. Oiga Usted, que serán terribles los chicos malos del PPH, pero ¡cuidado! que los chicos fundamentalistas del PLD o sus aliados no se han comportado nunca como Los niños cantores de Viena. Y pienso ahora en Leonel Fernández y en Peña Gómez.

Advierto aquí, que de proseguir este adelantado proceso de campaña sucia, -agravado con su reproducción por blancos y morados en diarios digitales de emergencia y fanatizados twitteros con gadejo- la sangre, la literal, la roja, llegará al río. Y esto, por encima de los ejércitos maledicentes escondidos en las cloacas de nuestra partidocracia y sus verdugos, todos tenemos el deber de evitarlo.

Por eso, por la autoridad moral que ella posee, pido a la Conferencia del Episcopado de la Iglesia Católica llamar ahora mismo a Hipólito, Danilo, Miguel y Leonel, a firmar en La Catedral un pacto de respeto y no agresión que cada uno debe "bajar" a sus seguidores, en especial a los más virulentos. Y ellos sí saben quienes son.

Hubo una acusación difamatoria. En lo que llega el juicio y su sentencia, aquí está la respuesta de mayor credibilidad posible: la de la institución bancaria involucrada. Muy bien. Muy bien, profesor, pero, y ahora, quién c… recoge el estiércol derramado. Justo ahora "que los sentidos sienten sin miedo. Ahora que me despido… pero me quedo." Estamos a tiempo, purpurados, estamos a tiempo.