Hace unos días, un amigo hizo en Facebook una interesante disquisición sobre el término apropiado para llamar a las contiendas electorales, considerando que la palabra "votaciones" se ajusta más a los acontecimientos que "elecciones", término este último que sugiere, entre otros elementos, una variedad de opciones diferenciadas, de las que en realidad no disponemos, porque solo dos cuentan con un exceso de recursos para imponerse y solo uno además tiene al Estado de su lado, para intentar tragarse al otro.
En realidad a nadie -y al que puso el tema menos que a cualquiera- le importa un bledo cómo se llamen esos espectáculos, pero "votaciones" le confiere un carácter de biológica e incosciente motoridad primaria, a lo que debía ser la elaborada expresión de un honesto compromiso social.
La inquietud de fondo es sobre la naturaleza final de esos episodios tan costosos y para algunos -como yo- tan frustantes y desalentadores, que con todo y ser considerados vitales para la vida "democrática", tienen tanto de amarre subrepticio y de teatro, que hacen de la "fiesta de la democracia" una farsa irrelevante, una estafa.
Hay alguien que ignore que Miguel Vargas Maldonado tiene un acuerdo pactado con Leonel Fernández, con vistas a estas votaciones?
Alguien ha pasado por alto el vulgar oportunismo chantagista de la Iglesia Católica, presionando al gobierno, tan sensible y, si es posible, obsequioso, en tiempo de votaciones, para que le busque más cuartos?
Entre todo el barullo electoral y el cruce de datos reales con ficticios, qué facetas de las prosperidades de Doña Margarita en Europa se diluirán graciosamente, sin prestarles la atención debida y ni las aclaraciones pertinentes?
No es demasiada la ramplonería de esta compradera de tránsfugas, como si fueran vacas en un potrero? No es lamentable? No es deshumanizante? No es ofensivo?
Un breve, interesante y muy bien hecho corto cinematogáfico, titulado "Bipolítica", con la producción de José Maria Cabral, presentado hace unos días en el periódico Acento, aborda el mismo problema de un proceso electoral que no nos lleva a ninguna parte, atrapados entre dos partidos corrompidos de arriba a abajo, cuyos dirigentes marrulleros -todos y cada uno de vocación arbitraria y dictatorial- no tienen cambios relevantes para la administración pública, ni para los rumbos del país.
No creen en la democracia real. Conspiran contra ella. Escupen sobre las leyes, a pesar de que las fabrican y modifican como si fueran las plantillas de sus zapatos.Tienen descartada la eventualidad de que, alguna vez, el nuestro sea un país razonablemente vivible para la mayoría.
Con deportivo desdén, han tirado por la borda el ideal un país educado, un país inteligente, un país capaz, sin tanta miseria, sin tanta marginalidad, sin tanto desorden, sin tanta indefensión, irrespeto y vulnerabilidad para los sectores depauperados y para la clase media, sin tantas agresiones hacia las minorías, sin tanta inseguridad, sin tanta injusticia, sin tantos atropellos a los derechos civiles e individuales.
Lo que se gasta en campaña es obsceno. A los partidos se le entregaron 1,400 millones (el 80 por ciento para los dos partidos mayoritarios, el PLD y el PRD y el 20 por ciento restante destinados a los demás) para financiar la campaña, que como se hace actualmente, de ninguna forma se financia con eso, porque el enloquecido gasto es muchísimo mayor.
Por qué el pueblo dominicano, con tantas cuentas pendientes y tantas necesidades acuciantes aparte de mantener la caterva de políticos -oficialistas y en la "oposición"- también tiene que pagar campañas partidarias? Por qué los simpatizantes y miembros de los partidos no pagan su campaña, que es su problema y no el de más nadie?
Solo con la insconciencia de un pueblo inerme y embrutecido, se puede digerir tranquilamente una exhibición y unos despilfarros tan groseros y apabullantes de recursos que al país no le sobran y que en gran medida les son expoliados o trasegados irregularmente, ya sea que se saquen de las arcas nacionales o que se reciban del sector privado, como agradecimiento por los favores, contratas y privilegios gubernamentales del presente y el pasado y como inversión para los favores, contratas y privilegios gubernamentales del futuro.
La relación entre el donante y sus cobros posteriores en beneficios multiplicados es demasiado directa, demasiado ostensible y demasiado cruda. No es normal, ni siquiera dando por inevitable cierta retribución para los interesados benefactores, cuyas recompensas "naturales", dentro de un sistema cuestionable, pero funcional, debía derivarse de la complementación institucional de intereses empresariales e industriales con las políticas económicas implementadas y no del clientelismo mondo y lirondo, que no es remotamente aceptable, excepto cuando se pasa por encima de toda institucionalidad, de todo orden jurídico y de toda aspiración de equidad y ordenamiento social.
No puede ser más ofensivo el violento contraste entre las conmovedoras miserias dominicanas y el irresponsable dispendio de la campaña electoral.
En un país donde mueren niños por falta de un suero hidratante que se prepara con menos de 30 pesos, los costos formalmente planificados para la campaña de Danilo ascienden a 900 millones de pesos, sin contar los 40 mil millones que el Presidente Fernández dijo – sí, lo dijo- que iba a disponer en programas y operativos para modificar la intención del voto, a favor del candidato oficialista, situación escandalosa, que el país acaba aceptando sin resistencia y de la que los opositores se quejan mientras a ellos no se les presente la oportunidad de repetirla.
Del costo de la campaña de Hipólito no se tienen noticias. No es tan alto como el costo de la Danilo y doña Margarita, (quizás habría que decir de la doña Margarita y Danilo), porque el PRD no tiene a mano, en estos momentos, los bienes públicos, pero sea cual sea, es mucho y en última instancia sale de las costillas del país, como sale hasta el último centavo de lo que gasta Danilo.
Las próximas "elecciones" no suponen una elección absolutamente de nada novedoso, ni una enmienda de nada, con las dos opciones que solo van a repetir lo ya han hecho y con lo que ya nos han decepcionado.
Esos políticos y partidos gastados, no creen en el país, más que como un botín para desvalijar.
Y es tiempo de que el país deje de creer en ellos.
Y deje de apostar por lo que sabe que no sirve.