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Volver a Hostos: Acción político-educativa urgente

Por Julio Cuevas

El desarrollo de una nación, en todos los sentidos que se tenga del conceptos de "desarrollo", va a depender del modelo de educación de sus ciudadanos y ciudadanas. En nuestro caso, nuestra sociedad, ha estado educada  para "depender", para ser "mano de obra" o para "servir" al empresariado, a la industria y ser un "empleado".

Ese modelo de formación ha venido siendo regido, en nuestra vida republicana, por intereses políticos y económicos que NUNCA han respondido a las necesidades o precariedades sociales de la sociedad dominicana:  Cuando no ha sido la "corona española", en su condición de "madre patria" que nos trató como sus súbditos o esclavos, lo ha sido el naciente imperio norteamericano y, en ambos casos, teniendo como su aliada a la iglesia católica y apostólica. Esa es la cruda realidad del pueblo dominicano.

Es con la presencia de Eugenio María de Hostos que la sociedad dominicana se autodescubre, como ente de conocimiento y de reflexión ante el mundo. Antes de él, nuestra conciencia montonera no abrigada la esperanza de asumir y asumirse, como sujeto de reflexión, como ente de pensamiento o como órgano social viviente, en capacidad de razonar, dirigir y dirigirse y apropiarse de una lógica de conciencia ciudadana.

 Fue con Hostos que este terruño adquirió y reconoció el valor intangible de la creatividad y del razonamiento. Después volvió la barbarie...y la dictadura se amarró al "concordato", y desde entonces...han "concordado" educarnos para ser hombres y mujeres "obedientes", y "servir" al empresariado.

Nos han educado para "obedecer", para "cumplir órdenes", no para preguntar, para cuestionar o criticar esas "órdenes". El valor de la reflexión en el sujeto dominicano, lo asumimos con Hostos y, desde él  y por él, hoy podemos sentir la ausencia de sus prédicas antillanistas, las cuales, de una forma u otra, siguen vigentes en la región, como franja geográfica latinoamericana y caribeña.

Este país, hoy, amerita volver a Hostos, desde la educación o desde la formación de nuestros ciudadanos y ciudadanas. No merecemos continuar en esta tragedia social y política, donde el sentido de la ética y de la moral ha rodado por los veredas y contenes y, ante el lodo cloacal de la corrupción y la criminalidad, luce derrotado...

Se siente la necesidad del hombre ético, necesitamos aquella mujer que, siga el ejemplo de Salomé Ureña y de Ercilia Pepín , quienes asumieron el ideal hostosiano e instauraron el oleaje del "Colegio de señoritas" y apuñaron la formación educativa para mujeres, en momentos en que la mujer carecía del derecho ciudadano a la educación, igual que el hombre. Hostos fue la fuente inspiradora de esa búsqueda de igualdad, respeto y de libertades en los hombres y las mujeres de este país.

Sacar a Hostos de nuestras aulas, ha tenido para nuestro país un lamentable alto costo político y social. En esa ausencia se nos fue el sujeto etico y el Ser de la moral y del civismo patriótico. La ausencia de Hostos en nuestras aulas ha arrastrado este vendaval de corrupción y vandalismo que hoy avanza...dispuesto a ganarnos la batalla en esta sociedad.

Es urgente repensar nuestra actual política educativa. Hoy tenemos al ciudadano y a la ciudadana que hemos educado y que estamos educando. Ese es tétrico el resultado. No hay que estar teorizando más. La educación de una nación está proyectada en el accionar cotidiano de su gente  y en su modelo de desarrollo.

¿Cuál es, hoy, el accionar cotidiano de nuestra gente? ¿Cuál es, hoy, nuestro actual "modelo" de desarrollo?

Las respuestas están dadas ante nuestros ojos de manera directa y simple: En la primera interrogante, "hacerse rico" o poseer dinero, de la manera más fácil y relucir bienes, sin importar la procedencia, ni las consecuencias.

En la segunda interrogante, un modelo de "desarrollo" desarrollista y enajenante, donde el concepto  "producir", nada más está fundamentado en el "crecimiento económico" y no en el crecimiento humano y humanista, espiritual, afectivo y psicosocial de la gente o de la familia, como órgano vital del convivir ciudadano.

No podemos seguir en esta situación. La sociedad dominicana tiene que sacudirse de este marasmo social y político que hoy nos acorrala. Es por eso que es urgente, modificar y poner en práctica una educación humanista que asuma al sujeto como referente vital del desarrollo integral de la sociedad. Es por eso que debemos volver a las ideas de Hostos en el sistena educativo nacional, si en verdad procuramos ser una nación digna y soberana, en esta época de predominios globales.

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