Las mujeres y los hombres llegamos al matrimonio con la programación que recibimos de la socialización fundamentada en los valores de la cultura patriarcal. Esta nos indica que nosotras “somos” o debemos ser, sumisas, manejarnos con miedo, con culpa y estar básicamente para la satisfacción de las necesidades de TODOS los demás.

Ellos en cambio “son”, o deberían ser, fuertes, con poder, agresivos y estar pendientes SOLO de sus propias necesidades.

Bajo este marco es fácil adivinar lo que ocurrirá y conocemos las historias de mujeres que por años han sufrido situaciones extremas de abuso físico, emocional, sexual y económico.

Esa utilización cuando nos necesitan, y la gran indisposición cuando somos nosotras las que necesitamos

Pero no es de ese abuso evidente del que me quiero ocupar hoy, sino de aquel que se da en las relaciones de matrimonio “estable”, donde aparentemente somos felices.

Esas violencias sutiles que Luís Bonino llamó micro machismos.

Esa violencia que implica no darle participación en las decisiones importantes de la familia como compras e inversiones  a la pareja de muchos años, con la que se han procreado hij@s y con la que se comparte la producción económica de la familia.

Ese celo frente al desarrollo profesional de la mujer que se traduce en exigencia familiar ilimitada, poca cooperación y/o generar culpa por no estar cumpliendo el rol principal como cuidadora de los hijos.

Ese no escuchar, ese olvidar, ese no mirar, no responder, que nos deja a la expectativa de lo que pasará.

Esa utilización cuando nos necesitan, y la gran indisposición cuando somos nosotras las que necesitamos.

Ese mirar sólo su propio ombligo sin tener la capacidad de levantar el rostro y conectarse con el ser humano con el que se ha creado un proyecto de vida en común.

solangealvarado@yahoo.com

Twitter: @solangealvara2