En los últimos tiempos hemos podido comprobar la existencia de un sentimiento de preocupación social en relación al tema de la violencia y el sexo y sus efectos sobre los sectores mas vulnerables de la población dominicana compuesta por los niños y los adolescentes susceptibles de ser influenciados por la intensidad con que estos fenómenos se han venido imponiendo mediante las múltiples vías de acceso a las mismas de que dispone la juventud en esta época.

Las causas verdaderas que provocan la existencia y proliferación de estos llamados “flagelos de la era moderna” tienden a ser obviados, culpando generalmente a los medios de comunicación, tanto tradicionales como los virtuales, como fuentes principales y fuerza generadora del mal.

Esto amén de que los críticos, en su gran mayoría, tienden a enfrentarlo dentro del estrecho margen de sus insulares esquemas mentales. Olvidando que es un problema de dimensión universal y de que los mecanismos con que cuenta la sociedad dominicana para enfrentarlos son evidentemente insuficientes sino obsoletos, como lo es la aun vigente e inoperante ley 6132 y su desfasado reglamento 824.

Los expertos que han estudiado este fenómeno entienden, que existen cuatro teorías sobre la violencia televisiva. La teoría de la “incitación”, la del “aprendizaje social”, “la hipótesis de la desinhibición” y la “hipótesis de la catarsis”. Estas cuatro hipótesis teoréticas son conclusiones viejas y nuevas acerca del tema y muchos se sorprenden de que estén vigentes aun a esta altura del siglo XXI.

Si el gobierno, los padres y otros están tan preocupados con el efecto de la violencia televisiva en los niños, talvez deberían practicar lo que predican cuando llega la Navidad. Deberían pensar dos veces antes de comprarle ese Mortal Combat III a su hijo o darle la oportunidad de conectarse al internet de manera no controlada

La teoría de la “incitación” dice que la exposición a la violencia televisiva incrementa la agresión porque la violencia aumenta la excitación, o “incita”a los televidentes. La del “aprendizaje social” postula que las formas de comportarse se aprenden al observar a otros, y que esta es la principal manera en que los niños adquieren comportamientos apartados de la familia.

La “hipótesis de la desinhibición”, por otro lado, explica que la violencia televisiva en ciertas circunstancias resultará en una creciente agresión interpersonal porque la misma debilita las inhibiciones contra tal comportamiento.

Finalmente, “la hipótesis de la catarsis” entiende que bajo ciertas condiciones la exposición a la violencia televisiva reducirá la agresión subsecuente. Lo cual significa que si alguien ve una fantasía en la televisión, o ahora con la tecnología se entretiene con la realidad virtual, esa fantasía se cumple, lo que conduce a que no se sienta compelido a llevarla a cabo en la vida real.

Los sociólogos han llevado a cabo muchos estudios sobre el efecto de la violencia de la televisión y los medios virtuales en los niños. La mayoría preocupados por sus resultados, especialmente los padres. Si el gobierno, los padres y otros están tan preocupados con el efecto de la violencia televisiva en los niños, talvez deberían practicar lo que predican cuando llega la Navidad. Deberían pensar dos veces antes de comprarle ese Mortal Combat III a su hijo o darle la oportunidad de conectarse al internet de manera no controlada.

Pero aquí es donde el asunto se pone difícil. Los padres necesitan establecer la frontera entre lo apropiado y lo no apropiado porque seria muy conveniente contar con un sistema de clasificación o valoración de la programación de televisión, pero esos padres deben estar lo suficientemente alertas de lo que esta haciendo y mirando sus hijos y de que ellos mismos (los padres), son realmente el mejor sistema para establecer esa clasificación y valoración de lo que se difunde, no solo en la televisión, sino a través de los medios de comunicación tradicionales o de la red virtual en sentido general.