VENTANA: Todo indica que, por más empeño que pongan las autoridades por controlar los actos de violencia, hay muchas situaciones que escapan a su control

Por lo que se ha visto en los últimos tiempos a través de la televisión y otros medios de comunicación, todo parece indicar que los dominicanos nos estamos exterminando, que la población en sentido general apuesta a la violencia y a la confrontación.

Decimos esto por la gran cantidad de hechos trágicos que últimamente se han sucedido a lo largo y ancho de la geografía nacional. Si nos ponemos a enumerar los crímenes de las últimas semanas, por distintos motivos, es posible que quedemos cortos en señalarlos todos.

Todo indica que, por más empeño que pongan las autoridades, hay  muchas situaciones que escapan a su control. Los ejemplos sobran.

Aparte del ingrediente político, que nunca pasa de moda, los noticiarios se nutren de manera cotidiana de informaciones en que la violencia figura en primer orden, con su secuela de muertos, heridos y apresados.

Es más, hay sets de noticias completas, que pueden ser cuatro o cinco casos, en que todo es crónica de sangre, y en que las imágenes tienden a resaltar los cadáveres en ataúdes y de escenas trágicas.

Por más que diga la Policía Nacional que tiene la situación bajo control, lo cierto es que las tragedias se suceden una tras otra, en todo el país, sin que ninguna autoridad tenga alternativas de solución para poner coto. Claro está, hay tantísimos casos en los que las autoridades nada puede hacer para evitarlos, pero los hay que sí están al alcance y se pueden prevenir.

La paga que reciben los policías es el principal inconveniente para que estos puedan rendir una labor digamos que aceptable. Lo que devengan los uniformados de menor rango, que son los más, no da lugar para que ellos se sientan motivados a rendir una labor que en verdad redunde en beneficio de la sociedad que se dice representan.

Hay agentes policiales que por nada del mundo un ciudadano o ciudadana los puede abordar en la calle con tal de plantearles un caso, mucho menos querellarse porque haya sido asaltado/a, por accidente vehicular o por otras situaciones.

Olímpicamente, ignoran a la o las personas que les plantean alguna queja, como hace unos días denunciaron dos señoras residentes en el exclusivo sector de Bella Vista. Lo más que pueden decirle es que acuda al destacamento más próximo, donde la mayoría de las veces no encuentra el ciudadano/a las garantías necesarias para depositar una denuncia.

Aparte de cobrar en la institución que se dice está llamada a garantizar el orden, muchos policías tienen otras ocupaciones o negocios particulares, con tal de rendir sus ingresos. Y entre ellos hay los que delinquen o se dedican a asuntos reñidos con las leyes vigentes, como eso de servir de protectores a narcotraficantes, o "aligerarles la carga".

Son conocidos casos de policías que están en las filas de la institución y que su mayor ocupación es extorsionar a personas necesitadas de alguna gestión que tenga que ver con la Policía.

Pero no todo está perdido. Dentro de la institución hay muchos hombres actúan con responsabilidad, que a pesar de los desvalorados salarios que reciben tienen bien presente que su misión es servir a ese pueblo al que se deben y que espera de ellos en los momentos en que las circunstancias lo ameriten.

Aún estamos a tiempo para que este pueblo pueda decir que la violencia, en todas sus manifestaciones, ha sido reducida a su mínima expresión.