Al norte de España, a pocos kilómetros de la ciudad de San Sebastián y la frontera con Francia se encuentra la bahía de Pasajes o "Pasaia", como se le conoce en lengua vasca. Esta inmensa boca de mar tuvo una época de gran esplendor industrial durante los años 60 y 70, pero hoy día se limita al fondeo de esporádicos cargueros y pequeñas embarcaciones dedicadas a la pesca del atún.

En la ribera de Pasaia se levantan las pintorescas comarcas de San Juan y San Pedro. Estos dos pueblos a la entrada de la bahía ofrecen al visitante la experiencia de una insólita cercanía a la cultura vasca. Lejos del ajetreo de la aledaña San Sebastián con sus miles de turistas, San Pedro y San Juan ostentan como su bien más preciado la atmósfera apacible y tradicional de los pueblos pequeños.

Al llegar a la entrada de San Pedro lo ideal es perderse entre las diminutas callejas que atraviesan el pueblo y disfrutar primeramente de su peculiar arquitectura, a medio camino entre la pompa y la ruina.

Todas las calles de San Pedro desembocan en la dilatada vía que bordea el puerto de Pasaia y termina en un imponente farallón. Desde allí se divisa el pueblo de San Juan, villa que restriega orgullosa su nombradía ante la vecina pobre de enfrente. Es una experiencia impresionante cruzar en bote los trescientos metros de agua que separan las dos comarcas y caminar por los cuidados senderos que van de San Juan hacia los acantilados que marcan el acceso a la ensenada de Pasaia. La vista del Golfo de Viscaya desde estos acantilados es de una belleza conmovedora.

Cuando la caminata por los despeñaderos de San Juan y de regreso a San Pedro aguijonan la sed y abren el apetito del caminante, es el momento de detenerse en una buena taberna provinciana, como El Bodegón o Antxeta. Allí se encuentran los más elaborados y suculentos entremeses de toda la península ibérica. Atrévase a degustar los "pintxos" de anchoas, atún, salmón o hígado de pato preparados con pericia de artesano. Los "txipirones" (calamares) en su salsa y el "marmitako" (sopa espesa con papas y atún) son platos igualmente insoslayables. Si se acompaña todo eso con "ardo" (vino) o "garagardo" (cerveza) locales tu suerte ya está echada.