El pueblo dominicano, siempre ha sido catalogado y valorado como un pueblo alegre y trabajador. La combinación de una rica herencia cultural unida a las fuertes jornadas laborales, propias de la cuasi desaparecida industria cañera, podrían ser parte de los principales justificativos de tan honrosa calificaciones. Siendo un país muy rico, habitado por gente pobre (es decir con pocas oportunidades para educarse) los políticos a través de los años han manipulado y controlado, lo que debe llegar o no llegar hasta cada uno de sus ciudadanos.
Durante la Dictadura de Trujillo (1930-1961) la pobreza material de la población no era muy conocida, debido a la carencia de los estudios de población que plasmaran la realidad de la época. Igualmente, las limitadas redes de caminos, carreteras, puentes, junto al control y manipulación de los medios de comunicación, contribuyeron a fomentar un gran oscurantismo en la población en general que se viene arrastrando hasta nuestros días. Este oscurantismo cultural ha servido de punto de apoyo a los distintos gobiernos, para subyugar a la población.
Para fomentar el clientelismo y lealtad al gobierno, durante la Dictadura de Trujillo se asignaban armas blancas y de fuego, a ciertos personeros del régimen que colaboraban con las autoridades locales, para reprimir cualquier tipo de acción que se entendiera no favorecía al gobierno.
Una vez sepultada la Dictadura, tiene lugar el primer ensayo democrático del siglo pasado, encabezado por el Profesor Bosch, luego vino la Guerra de Abril, y se inician los primeros tres períodos del Dr. Balaguer (1966-78). Fue durante estos tres períodos aludidos, que cobró fuerza y se fomentó el clientelismo directamente desde su residencia (Cruzada del Amor), sin eliminar los permisos para que el campesino utilice armas blancas y las asignaciones de armas cortas, conforme a “las conveniencias políticas”.
Además, Balaguer con miras a mantener cautiva una parte de la población para su apoyo político, inició la Reforma Agraria (1972) y planes de viviendas, no para los más pobres sino para los más “vivos”. Durante los 8 años del PRD (1978-86), estas administraciones, no tuvieron tiempo de agenciarse apoyo clientelar, sino para permitir o suplir, las carencias de libertad anhelada por la población, que por tantos años le había sido negada. Luego del retorno de Balaguer (1986), éste retoma su estilo de suministro de dádivas a los dominicanos más necesitados pero no organizados.
Fue a partir del período de Hipólito Mejía (2000-2004), en dónde surgió la iniciativa de organizar y ampliar los suministros clientelares, mediante el uso de las tarjetas y donaciones de bicicletas, uniformes escolares y libros para el nivel básico. Dado el hecho de que la pobreza ha crecido hasta alcanzar el 50% de la población, y dentro del segmento más pobre se identifica el estrato indigente, que supera el 8%, el Dr. Leonel Fernández y el PLD han elegido y aprovechado políticamente ese nicho social para ejercer un clientelismo avasallador y oscurantista, a fin de tener cautivo dicho segmento para fines electorales, como acaba de pasar el pasado 20 de mayo.
Y aún peor, el PLD creó las nominillas para sus miembros y simpatizantes, las ayudas a través de los ayuntamientos que controlan; apartamentos de lujo para sus altos dirigentes y periodistas comprometidos; barrilitos para sus Senadores, cofrecitos para sus Diputados y, contratas de grado agrado para sus allegados. Mientras ocurre esta hipertrofia clientelar, no hay recursos para la educación, no hay seguridad en las calles, continua el endeudamiento externo, aumenta la corrupción y el despilfarro, nos han quitado la alegría, nos han convertido en holgazanes, sólo a la espera del “dame lo mío”. Y uno no se cansa de preguntarse, es ésta la cultura política que merecemos? Pero hacia dónde nos están conduciendo y hasta cuándo?