El resultado final de una evaluación doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), contra la Leadership Conference of Women Religious (LCWR) ["Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas"], fue revelada a la prensa estadounidense el 18 de abril, antes que las monjas investigadas tuvieran la oportunidad de responder a la misma y darla a conocer al 80% de las 57,000 monjas americanas que conforman la organización paraguas LCWR.[1]
Por la forma y el contenido de la “evaluación doctrinal” la Santa Sede es fiel a la doctrina de Pablo y está dispuesta a romperle la cabeza a las mujeres que opten por usarla: “Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada” (1 Timoteo 2: 11-12).
La respuesta de las líderes religiosas aparece en su página web, desde Silver Spring Maryland y fue anunciada a la prensa al día siguiente del mensaje de los obispos:[2]
“La Presidencia de la Conferencia de Líderes de Mujeres Religiosas (LCWR) quedó atónita por las conclusiones de la evaluación doctrinal de LCWR por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Porque el liderazgo de la LCWR tiene la costumbre de reunirse anualmente con el personal de la CDF en Roma y porque la Conferencia sigue estatutos canónicamente aprobados, fuimos tomadas por sorpresa.
Este es un momento de gran importancia para la vida religiosa y la iglesia en general. Pedimos sus oraciones al reunirnos con el Consejo Nacional de LCWR dentro del próximo mes para revisar el mandato y preparar una respuesta”.
Mujeres desechables
El periódico National Catholic Reporter obtuvo el correo electrónico que las líderes de la LCWR enviaran a cada una de las congregaciones de religiosas que representan. En el mismo, las religiosas explican que mientras estaban en Roma para una reunión con el Cardenal Levada y otros miembros de la CDF, estos enviaron los resultados de la evaluación doctrinal al Episcopado Estadounidense.
El New York Times titula la noticia, “El Vaticano regaña a un grupo de monjas de Estados Unidos y planifica cambios”
Entendieron que se trataba de un envío a la página web del episcopado a la que solamente los miembros tienen acceso. Por eso esperaban que el documento de ocho páginas y un comunicado de una página del Cardenal Levada fueran compartidos exclusivamente con los Obispos y no con la prensa, para darles tiempo a comunicar directamente la noticia a sus congregaciones. “Eso no fue posible”–aclaran.
El New York Times y todos los periódicos de importancia de los Estados Unidos se hicieron eco de la evaluación doctrinal del Vaticano. El New York Times titula la noticia, “El Vaticano regaña a un grupo de monjas de Estados Unidos y planifica cambios”; el BBC encabeza la noticia, “Vaticano ordena represión de monjas ‘radicales’ en los Estados Unidos; y el periódico USA Today afirma que el Vaticano ha lanzado una ofensiva contra el grupo paraguas que representa más de 55,000 monjas católicas de Estados Unidos porque el grupo no estaba hablando suficientemente fuerte en contra del matrimonio entre homosexuales, el aborto, y la ordenación de mujeres.
El National Catholic Reporter (NCR), periódico católico progresista, ha seguido sistemáticamente el proceso desde que el Vaticano tomara la decisión de evaluar la doctrina de la organización en el 2008. Fuentes del Vaticano le aseguraron que no conocían de ningún otro caso de sometimiento de una asociación nacional de órdenes religiosas a una investigación de carácter doctrinal. Las monjas rechazaron entrevistarse con el NCR hasta que no realicen una consulta con todas las congregaciones y reflexionen su respuesta.
La nueva Inquisición
El documento de la Santa Sede inicia citando a Juan Pablo II quien reconociera que “si no fuera por la elevada motivación y dedicación” de las religiosas estadounidenses “los extensos sistemas de educación y atención médica católicos, la red altamente desarrollada de servicios sociales en la Iglesia – nada de esto existiría hoy”. Y explica la causa de la intervención de la CDF, comunicada por el Cardenal William Levada a la presidencia de LCWR el 8 de abril del 2008:[3]
Primero, discursos pronunciados durante las Asambleas anuales de la Conferencia de religiosas que contienen problemas teológicos y serios “errores doctrinales”.
Segundo, Políticas Corporativas Disidentes. El Cardenal se refiere a cartas de “Equipos de Líderes” de diferentes congregaciones, “protestando” las acciones de la Santa Sede en lo referente a la ordenación de mujeres y a la pastoral hacia personas homosexuales. Concluye que colectivamente las hermanas se colocan fuera de la enseñanza de la Iglesia sobre el tema de la sexualidad humana.
Tercero, Feminismo Radical. El Cardenal notó la “prevalencia de temas con cierto feminismo radical incompatible con la fe Católica en algunos de los programas y presentaciones auspiciados por la LCWR, incluyendo interpretaciones teológicas que corren el riesgo de distorsionar la fe en Jesús y su amado Padre, que envió a su Hijo para la salvación del mundo. Algunos comentarios sobre ‘patriarcado’ que distorsionan la forma en que Jesús estructuró la vida sacramental en la Iglesia, otros socaban las doctrinas reveladas sobre la Santísima Trinidad, la divinidad de Jesús, y la inspiración de las Sagradas Escrituras”.
El 25 de junio de 2010, el Obispo Blair presentó objeciones al Manual de desarrollo de liderazgo,[4] y a dos organizaciones de religiosas asociadas al LCWR: Network, un grupo de abogacía o ‘lobby” fundado por las religiosas y The Resource Center for Religious Institutes, que provee asesoramiento legal a las religiosas entre otras áreas. Según el Obispo la documentación revela que se ha invertido mucho trabajo promoviendo asuntos de justicia social, pero guardan silencio sobre el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, asuntos que son parte del debate público sobre el aborto y la eutanasia en los EEUU.
Ignoran además asuntos de “suma importancia” como son la visión Bíblica de la Iglesia sobre la vida en familia y la sexualidad humana. A esto añaden posiciones públicas ocasionales “que no están de acuerdo o desafían posiciones tomadas por los Obispos, quienes son los auténticos maestros de la fe y la moral dentro de la Iglesia”.
Con el objetivo de reformar la LCWR, el CDF asignó al Arzobispo de Seattle, Peter Sartrain para supervisar a la organización de las líderes religiosas de la LCWR en las siguientes áreas:
- Revisar los estatutos de LCWR;
- Revisar los planes y programas de LCWR;
- Crear nuevos programas para la organización;
- Revisar y ofrecer orientación sobre la aplicación de textos litúrgicos; y
- Revisar las afiliaciones de LCWR con otras organizaciones, citando específicamente a NETWORK y al Centro de Recursos para Institutos Religiosos [Resource Center for Religious Institutes]
De acuerdo a la evaluación de la CDF el mandato de Sartrain se extiende a cinco años, según se considere necesario. Debe de crear un equipo consultivo para trabajar “en colaboración” con LCWR y reportar el progreso a la Santa Sede. De esta manera, dice la Carta del Vaticano “la Santa Sede espera ofrecer una importante contribución al futuro de la vida religiosa en la Iglesia de los Estados Unidos”.
Conclusión
El conflicto entre el Vaticano y la Conferencia de Líderes de Mujeres Religiosas surge de una crisis de autoridad que confronta dos teologías diametralmente opuestas. Por una parte, la teología iniciada por el Vaticano II que entiende a la iglesia como “el Pueblo de Dios”, y que fue particularmente asumida por las religiosas estadounidenses y por los teólogos silenciados por el Vaticano durante los 50 años transcurridos desde el Concilio Vaticano II; y por otra parte la Teología previa al Concilio Vaticano II, que demanda obediencia ciega al Papa y sus Obispos, denominado el Magisterio.
La teología que Juan Pablo II y Benedicto XVI impulsan le confiere poder absoluto al Magisterio para decidir sobre la doctrina y la moral que todos deben seguir y automáticamente niega la individualidad humana para tomar decisiones morales que afectan su vida, como ejemplifica el caso de la condena a la moral de las religiosas sobre igualdad de género y la defensa de los derechos humanos de personas gay.
Las dirigentes de la Conferencia de religiosas están conscientes de la fuerza que las confronta, por eso afirman en su comunicado a la prensa que “este es un momento de gran importancia para la vida religiosa y la iglesia en general”. Y por otra parte, el Vaticano reconoce en su evaluación doctrinal el peligro de su posición, al mencionar la influencia que las monjas puedan tener en otras partes del mundo.
Por eso, el Vaticano ha optado por ponerlas entre la espada y la pared: o se someten a una obediencia absoluta a los Obispos y al Papa o abandonan la Iglesia. Bajo la mirilla inquisitoria del Vaticano, las monjas deben celebrar liturgias, rezar, enseñar a sus novicias, utilizar manuales, y definir sobre causas justas o injustas, de acuerdo a como el Magisterio les ordene. Deben advocar públicamente por las posiciones “morales” del Vaticano, aunque disientan de ellas.
Deben además desbaratar su institución de lobistas en el congreso para advocar por justicia y el grupo que les ofrece consejería legal, porque se les niega el espacio público que como ciudadanas y laicas les corresponde (las monjas no forman parte de la estructura clerical).
No veo posibilidad de que las religiosas acepten su suicidio como personas bajo condiciones propias del Medievo; sé que estas mujeres no comprometerán sus principios y serán capaces de encontrar una salida que les permita continuar su labor, como ya lo hicieron con sus hospitales en los tres estados del oeste (ver historia en mi artículo anterior). Pienso además que tratarán de buscar salidas para incidir en la feligresía de la Iglesia Católica y para lograr flexibilizar la intolerancia milenaria de su Jerarquía, si es que esto es posible.
Esta decisión tiene consecuencias en todo el mundo y en RD en particular. Los grupos de sacerdotes, religiosos y religiosas que siguen el concepto de iglesia como “Pueblo de Dios” y que asumen una posición inclusiva y no discriminatoria del género femenino y de la homosexualidad, confrontan la misma encrucijada de las monjas estadounidenses. Si se quedan en la Iglesia, serán autómatas y contribuyen a la domesticación del pueblo con la misma tradición Trujillista que engendró el Concordato en 1954, y que continúa vigente.
Les hacen un daño a la población, especialmente a los niños y niñas, a quienes se les enseña la moral católica en las escuelas públicas y se les reprime la formación de una conciencia crítica.
[1] Todas las citas y nombres asignados a organizaciones en éste artículo corresponden a mi traducción del original en inglés. El nombre de la CDF identifica a la Oficina de la otrora Santa Inquisición.
[2] Ver definición e información sobre las actividades del LCWR en el enlace http://www.lcwr.org/. La LCWR fue fundada en 1956 para asistir a las religiosas “a colaborar en su servicio de liderazgo para avanzar la misión del Evangelio en el mundo de hoy”.
[3] Leer documento original en el portal del Episcopado estadounidense : http://www.usccb.org/loader.cfm?csModule=security/getfile&pageid=55544
[4] Incluye dos excelente instrumentos, el “Mentoring Leadership Manual” que puede ser ordenado por correo y el “An Invitation to Systems Thinking: An Opportunity to Act for Systemic Change” que puede ser bajado del LCWR website antes de que el CDF los elimine. Si los partidos alternativos dominicanos hubiesen utilizado este instrumento de trabajo, es probable que el pueblo dominicano contara hoy con una alianza viable para las elecciones de mayo como opción al PLD y el PRD.