En los últimos tiempos se hace cada vez más frecuente enfocar todos los temas de nuestra cotidianidad desde la óptica de la conciencia ecológica. La tecnología, la arquitectura, el urbanismo, la sociología de las ciudades en sentido general no están fuera de esta tendencia “verde”; por el contrario podríamos decir que siempre han estado asociados de una manera natural, implícita. El buen ejercicio de la arquitectura y la correcta planificación urbana, siempre han ido de la mano con criterios armónicos para el ser humano y su medio ambiente.
Al momento de llevar a la práctica – en el campo de la arquitectura y el urbanismo- los conceptos propios de la sostenibilidad se consideran siempre factores tales como el ecosistema y el medioambiente, las energías y su forma de generación, los tipos de materiales de construcción, los residuos que se generan durante el proceso constructivo y después del mismo, y los factores de movilidad y transporte de personas y recursos.
Tal como nos referíamos en nuestro artículo anterior sobre arquitectura, urbanismo y sostenibilidad (http://www.acento.com.do/index.php/blog/5926/78/Arquitectura-urbanismo-y-sostenibilidad.html), es imprescindible integrar la planificación del territorio y la urbanística con la edificación bioclimática propiamente, por estar ésta siempre vinculada a la sostenibilidad y a la eficiencia energética: un contenido adecuado que conforme un continente saludable y planificado. No hay urbanismo sostenible sin arquitectura sostenible.
Al acometer la empresa de planificar con criterios sustentables, de los puntos anteriormente citados, la gestión del ecosistema (uso de suelos, ordenamiento, etc.), suele ser el mayor desafío, siendo a la vez la pieza fundamental del rompecabezas.
Son tres las líneas básicas de la sostenibilidad aplicada a este campo de la planificación: sostenibilidad ecológica, sostenibilidad social y sostenibilidad económica; el orden siempre será adaptable a cada caso en concreto. La correcta ordenación territorial será la base y a la vez complemento de estos tres pilares de apoyo.
La ordenación del territorio será un reflejo a nivel del espacio urbano de las políticas económicas, sociales, culturales y medioambientales y la participación ciudadana en todo el proceso de análisis y toma de decisiones debe jugar un papel protagónico.
El modelo de ciudad compacta, funcional, e integradora de todos los actores sociales, es el mejor ejemplo de urbanismo asociado a la sostenibilidad; siendo el tándem proximidad/movilidad elementos básicos para la calidad de vida.
Desarrollo sostenible aplicado al urbanismo
También aquí se definen tres aspectos fundamentales para un desarrollo sostenible aplicado al urbanismo.
En primer lugar está el considerar el suelo como un recurso agotable, escaso por demás. Desarrollar las actuaciones sobre suelo reconvertido, regenerado o reciclado (aún cuando implique cambio de uso) debe ser la tónica. En un buen modelo de desarrollo, el 80% de los proyectos han de llevarse a cabo en suelos regenerados tratando siempre de preservar suelos verdes (Green fields), sin uso urbano previo, para la agricultura o el equilibrio ecológico.
El segundo aspecto es la consideración de la ciudad con sus edificios, calles y plazas como el foco principal del consumo de materias primas, energías y de producción de residuos y emisiones, para inmediatamente planificar el equilibrio de estas variables que nos conduzcan una reducción del consumo y las emisiones. La educación ciudadana es fundamental en esta parte……… ¡Ojo al 4% !
El tercer aspecto importante es la densidad y forma de la ciudad. Al ordenar nuevos suelos y urbanizar zonas completas es imprescindible ir hacia una modelo de densidad compacta- sin caer en la aglomeración que estamos conociendo – que garantice servicios óptimos y que evite la dispersión o urban sprawl, donde se hace necesario el transporte motorizado para acceder a cualquier servicio básico o hasta para ir al colmado.