Digna de imitación es la conducta de los animales: no se sienten nostálgicos por
cualquier cosa trivial, no les rinden culto servil a libros que se escribieron hace
milenios (con verdades muy antiguas) no celebran el pasado como cosa sagrada, no
necesitan la doblez estratégica ni la cara de Jano, no andan con doble discurso de
humildad fabricada y artificiosa, no sermonean a los demás recomendando cosas
que no van a cumplir, no hacen negocios con sus limitadas creencias, no repudian
en público la política y las políticas, haciéndola en privado a manos llenas y a cada
segundo, no se alinean con los grupos clánicos mientras dirigen la sola mirada y
los mensajes de conformidad, a los desposeídos, no asedian con ideas religiosas o
no religiosas, no hacen bulto con nada, no organizan guerras (ni les cantan a la
guerra o la bendicen), no tienen en peligro la tierra con armamentos de exterminio
masivo, no imponen sus ideas, no invaden países, no matan sino es por una
necesidad urgente, no matan a sus profetas porque no los necesitan ni los usan
para medrar ni usan la lengua para conquistas de rapiña, no necesitan la mentira
ni la doble moral, no creen ni dejan de creer (aun sea en el presente inmediato), no
se hallan poseídos por el ego o la envidia, no calumnian a nadie, no se han
desprendido de la unidad perenne con el ritmo de la Naturaleza, no necesitan más
que vivir, más que ser, más que poblar la tierra y enriquecerla con su ejemplo
grato, profundo e inmejorable, como criaturas perfectas.