La inspiración de un artista es presa de múltiples experiencias, situaciones y momentos de su vida y visión del mundo. Sus angustias, penas, quejas, dolores, alegrías, emociones y angustias, le acompañan en su recorrido artístico. Creando un lenguaje semiótico para comunicarnos sus estados interiores, el artista no solo dialogo con su público, sino que crea una manera particular de transmitir sentimientos y percepciones de su entorno: la naturaleza, la sociedad, la familia, el universo, lo abstracto como imaginario creativo y desde su propia mismicidad.
Voces desde el Horizonte, es una manera muy propia de comunicar un momento en la vida de la artista Rosa Idalia García, en su reciente exposición presentada en el Centro León, que desbordó todos los referentes, todas la fronteras para convertirse en un testimonio de cómo una artista puede trascender con una exposición en el tiempo, las generaciones, las Escuelas y los movimientos socioculturales y artísticos de su época. Cómo puede un artista decir más de lo que siente de las cosas que formaron parte de su existencialidad en un momento de su vida y transformarla en una poderosa semantización del pasado, cargada de simbolismo y valor estético.
La Exposición Voces desde el horizonte me dejó esa impresión a contemplarla en varios recorridos en soliloquios, para encontrarme en esos espacios de la cotidianidad que representan sus figuras humanas y animales, de una ternura lineal y trazos, cuasi naif, manera que definió la artista para transportarnos a su mundo, a su imaginario, a su pasado, su cotidianidad o la forma en que su realidad social la impactó y cómo ella la tradujo en mimetismo y pasión figurativa.
Seis Ámbitos estructuran su obra en esta exposición presentada en el Centro León: Plural, Atávicas, Singular, el Horizonte (que motivó tan sugerente título a la misma), Polifonía, Resonancia y Acentos, cada uno con conceptos propios y a la vez interrelacionados a la coherencia de la exposición misma.
Sea relacionando figuras, con diseños diferenciados y convergentes a la vez, la artista encontraba una manera de trasladarnos a lo complejo de la pintura que termina definiendo una obra de arte, el lineado o pincelado en su obra lo es todo: elegancia, ingenuidad, concepto, estética, técnica, gracia y movimiento a la vez, y es esa la grandeza de esta exposición que conjuga lo simple, lo académico, lo temático, lo cotidiano y el talento de la artista, que hacen de estas obras, su manejo profesional y espontáneo del lineado, el eje central no de la inspiración solamente, sino de la destreza artística de Rosa Idalia García.
Como si estuviéramos ante una Maestra y sus alumnos para enseñarle, la artista nos muestra, cómo el trazo o lineado, es el primero de los esfuerzos del pintor, que puede o no, terminar con una verdadera obra de arte, todo lo cual vimos en el recorrido de esta trascendental exposición de esta santiaguera mujer, humilde, opacada por un mercado y una intensidad publicitaria a la cual no se adscribe optando por un ostracismo de auto-convicción, que la grandeza de su pincel, no deja que se extinga y Voces desde el horizonte desempolvó con la majestuosidad merecida, este tesoro para disfrute y deleite de sus públicos y reconocimiento de su talento artístico.
Lo cotidiano es parte de su obra en la medida que, como muchos artistas, la sensibilidad es parte de su mundo interior, en su obra es una calle cualquiera de su pueblo como si estuviera dialogando con su antiguo Maestro Yoryi Morel, la casucha de un barrio popular, el fruto de un árbol y cuya musa se hizo parte del Premio en el IV y V Concurso de Arte Eduardo León Jimenes con sus obras: Ojo de buey (1968) y helecho (1969) , pero también los círculos concéntricos fueron, desde lo abstracto una manera de comunicar su interior libertario, su musa sin atavíos y su elegante combinación de colores. Ayudado en la revisión de este escrito por la Coordinadora de Artes Visuales del Centro León, Yina Jimenez, a quien le agradezco su tiempo y competencias profesionales.
El fallecido artista santiaguero y gran amigo Danilo De los Santos, la acompañó siempre, la curaduría de fina estirpe, bajo Joel Butler y Sara Hermann y la profesora de Historia del Arte Elvia Ojeda, se esmeró en una exquisita y profunda investigación que sirvió de marco al guion de la misma, todo para entregarnos un producto cultural excelso y magnifico en su museografía, guion, separación temática y distribución de la riqueza artística de Rosa Idalia García.
Pescadores, caballos, toros, aves, con en sus movimiento simples y ligeros (en muchos de sus cuadros), de gran fuerza y energía visual y sobre todo, Las cabras del Don y el desfile, dos cuadros de la exposición en el Ámbito 4, estos últimos refieren a una estilística propia del arte rupestre: trazos simples con profunda significación social, como si fueran figuras ritualizadas. Toda esa riqueza se nos presenta en esta exposición que es a la vez una especie de antología de la obra de esa gran artista de parsimonia en su andar, en su hablar, pero que nos reservó una riqueza extraordinaria en su mejor manera de comunicar: el arte. Enhorabuena.