Nada es más relajante, para mí, que el amanecer. Es como voltear la hoja de la vida, un comienzo y un final a la vez:oír los pájaros con su trino; el agua de la fuente con su musical y líquida caída, con una paciencia de eternidad.

El amanecer es como la esperanza de un renacer esperado, una nueva luz en el sendero de nuestra vida anunciándonos la paz.

Amo más el amanecer que el anochecer, la mañana mucho más que la noche. Con el amanecer vienen a mí y se apoderan de mí las energías renovadas de vivir, el deseo de reconstruir, de rescatar lo perdido, de alzar de nuevo el vuelo.

¡Qué hermoso es contemplar ese milagroso sol naciendo en cada amanecer! Por siglos —o milenios— ha sido el mismo sol vigilando la Tierra, pero cada amanecer es un nuevo sol, una nueva fuente de luz, una esperanza distinta que nos impulsa a seguir, a no desfallecer.

El amanecer es recomenzar. Verlo y extasiarnos con él es la confirmación de que la vida aún está con nosotros.