La sobresaliente participación de nuestros atletas en los recién finalizados Juegos Olímpicos de Londres, especialmente los triunfos de Félix Sánchez, Luguelin Santos y el incomparable triple salto de Yamilet Peña ponen de nuevo sobre el tapete la importancia de construir una marca personal, en esta época de branding y de posicionamientos en el mercado de la comercialización de figuras relevantes.
Desde principios de la presente década cuando Michael Jordan el más grande basquetbolista de todos los tiempos se definió como una marca y no como una persona en una entrevista dada a la revista brasileña Época, el concepto adquirió nueva dimensión perfilando las características y la fortaleza que esta ha adquirido como concepto definitorio de un nombre, un símbolo o elemento identificador de un bien o servicio en estos tiempos de mercados abiertos y de economías globalizadas.
Este auténtico símbolo del sueño americano ha confesó sin tapujos que muchos otros en su nivel y categoría intuían pero no se atrevían a admitir abiertamente. En estas sociedades mercadológicas de la actualidad las figuras relevantes fundamentalmente en el arte, y el deporte son inducidas y conducidas a vivir una transformación de su condición de persona para convertirse en un útil y valioso instrumento para la promoción de la más variada gama de productos y servicios.
En el caso específico de Yamilet, muchos se sorprendieron de sus declaraciones a la prensa en las cuales prácticamente autoevaluó sus extraordinarias dotes de gran gimnasta ranqueada entre las mejores seis del mundo en esta difícil disciplina. Sin embargo antes de lograr su hazaña estuvo luchando por lograr mejores condiciones para el ejercicio y la práctica de ese deporte, sin haber alcanzado su objetivo.
Ahora, una vez alcanzada la categoría de marca personal relevante ha obtenido el reconocimiento del gobierno mediante la donación de una vivienda entre otros beneficios. También ha sido contratada para servir de imagen pública de la empresa ARS Universal de la cual recibió la suma de 250 mil pesos y una beca para continuar sus estudios universitarios así como un buen seguro de vida. Siendo también distinguida como socia honorifica del Club Naco.
Tanto Yamilet, como Félix Sánchez, Luguelin y otros de su nivel están conscientes de que han tenido que renunciar a ciertos valores que a través del tiempo habían normado la conducta y el comportamiento en cierto modo conservador del individuo (persona) en la sociedad, sacrificándolos en aras de alcanzar los objetivos económicos que su nueva condición de productos vendibles le establecen sus representantes y/o manejadores mercadológicos.
Enhorabuena…