En la presentación de la Guía Normativa para el "polígono de Gascue" (miércoles 28 de septiembre), pregunté al final que quien había ordenado pintar de verde el mal llamado "obelisco hembra". O quién lo había autorizado. El arquitecto Andrés Navarro, funcionario que presidía la mesa de la Alcaldía, sonrió sin nervios, quizás con sinceridad, y en su peculiar manera de hablar, casi susurrante, se declaró ignorante de la nueva afrenta a la ciudad y sus símbolos. Lo hizo con el gesto de sus manos, en ademán de incomprensión; así pareció dar respuesta y no por su boca (una voz "Chedo", muy conocida en los "despradeles" espacios de la comunicación, soltó "cuidado si se lo vendieron a la presidente".

Pero antes, entre 4 y 30 y casi las 7 de la noche, el salón verde del cuarto piso de la Alcaldía, estuvo hirviendo de opiniones después que la arquitecta Sina Del Rosario, expusiera a breves rasgos las generalidades de la Guía que para sorpresa de todos, es una teórica concepción descontextualizada del todo urbano que la rodea, que es la ciudad. La presentaron desconectada de sus elementalidades básicas (lo infraestructural, de lo vial, lo sanitario, lo energético, los servicios y lo humano y social. El problema, para los técnicos de la Alcaldía (por supuesto que no para todos o todas), parece ser de simple explotación física inmobiliaria, tras los recursos económicos que son vistos como panacea del desarrollo. Como era de esperarse, entre los asistentes estaban moradores de Gascue, gente que usa Gascue como lugar de trabajo, gente que nació allí y nunca ha dejado el lugar, contrario a los técnicos del ADN que nunca han vivido allí, ni siquiera trabajan por esos entornos. Parecen no tener la menor idea del estado de degradación y deterioro físico ambiental y social que sufre el otrora barrio tradicional de la capital dominicana. Por desgracia la historia de Gascue se asocia, con razón, a la familia  Trujillo. Para colmo su nombre es el apellido de Francisco Gascue Olaíz, el hacendado y Contador Real de Santo Domingo en 184, preso por falsificador de papeletas (desde entones nos vienen los fantasmas). Con esa impronta del pasado, lo que ocurre en el presente pudo haber sido premonitorio.

En consecuencia quedó claro que para las "autoridades" lo que vale de Gascue es su territorio, el suelo, no sus atribuciones de usos, si no su explotación inmobiliaria, y por ello en esa reunión se desataron los demonios controlados, entre disimulados afectos e hipócritas manifestaciones de amistad, los ramalazos fueron más de un lado que de otro y es obvio que los vecinos y los que no lo son, acorralaron a los "viviendistas" entre las sogas del rectangular espacio alfombrado hasta el estornudo, en una noche de intempestivas lluvias (nunca avisadas) que tronando, dejaron la impresión de que esa Guía hay que reordenarla más allá de lo simplemente metodológico e incluir las voces desterradas, las opiniones adversas, pero no solo eso, sino hacerlas valer, porque de lo contrario el ejercicio será inútil. Y si, sería saludable, para el plan de la Guía, que esta sea graficada con intención de hacerla simpática y entendible para la generalidad de la ciudadanía que no sabe de tecnicismos urbanísticos ni inmobiliarios. Viñetas, dibujos animados, caricaturas, perspectivas y colores pudieran ayudar para sacar la Guía de su marasmo teórico, conceptual y técnico, y humanizarla… Pero es obvio que hay que hacerlo antes de que sigan regalándose privilegios de usos para negocios y construcciones en el barrio. El problema es que precisa y justamente, quienes se suponen que deben controlar eso son los de la flamante Alcaldía y no lo hacen (que es la falta de gestión que tanto se expuso esa tarde), con sus organismos (el impredecible y voraz Concejo Municipal) y cabezas (por lo regular muy ocupados en minucias del esparcimiento deportivo).

Del Barrio Chino…

Se sospecha de fanáticos religiosos. Recientemente la han emprendido contra el simbolismo referencial cultural que adorna los ambientes de calles del ya emblemático barrio capitalino. Una estatua, de las tantas deidades míticas del pasado ancestral chino, fue atacada desde que fuera colocada frente a las puertas del que fuera el Cine Max, ocupado por una secta religiosa de dudosa procedencia brasileña que embelesa a incautas e incautos, débiles de espíritu, en su mayoría ignorantes por herencia. El hecho vandálico se le atribuyó a este grupo pero no se le pudo probar.

La avenida Duarte, por más adoquinados y policías municipales, siempre será vandálica porque es un crisol de desavenencias sociales, de desequilibrios económicos, y ahora lo es de una convergencia étnica que incluye a los profusamente diseminados haitianos, pero a los cuales la municipalidad no les pone régimen de actuación barrial en su desparramado "pequeño Haití", un enclave ubicado en las lindes de la mismísima Av. Duarte.

Pues ahora, en lo que se evidencia como una escalada contra las imágenes del barrio oriental, la misma estatua fue arrancada de cuajo y milagrosamente rescatada de un robo atroz, como los que mas, de estos que han resultado para refundir el metal y exportarlo, vaya la paradoja, ¡a China!

La corneta del repliegue táctico ha sonado en el sector. Se piensa en la reubicación de todas las estatuas y se temen nuevas agresiones puesto que una de las patas de los leones que flanquean uno de los portales (el sur) fue vandalizada pintándole las uñas y hasta dejándole la firma del manicurista alevoso.