LA RESPUESTA DE MANUEL ARTURO PEÑA BATLE Y  DON ANDREJULIO AYBAR

En seguimiento a la encuesta aperturada, el  11 de diciembre de 1930, Bahoruco dio a conocer la respuesta del ya entonces destacado intelectual Manuel Arturo Peña Batlle, quien cifraba apenas los 28 años de edad.

Como se advierte al analizar detenidamente la misma, es notoria  la impronta del pensamiento de Don Américo Lugo, con quien había compartido propósitos y afanes en la lucha nacionalista articulada  tras la primera intervención militar norteamericana.

Justo en el año 1916, cuando se produce la primera intervención, publica Don Américo su famosa tesis doctoral para graduarse de abogado: “La nación dominicana ante el derecho público”, en la cual sostuvo como postulado fundamental que la Republica Dominicana, aunque existente como Estado desde el 27 de febrero de 1844, no constituía una nación, entendida esta, fundamentalmente, como conciencia de un destino colectivo y un ideal nacional.

Repárese, al efecto, en el inicio de la respuesta de Peña Batle: ““Considero que entre nosotros no ha habido, ni hay  todavía, un verdadero “ideal nacional…”, aunque luego ambos marcharían en el ámbito intelectual por caminos divergentes. Don Américo mantuvo irreductible hasta su muerte, su postura de no prestar colaboración intelectual alguna al régimen dictatorial, lo que sí haría, en cambio, Peña Batle, hasta convertirse en uno de los más conspicuos valedores intelectuales, cuando pasa a prestar su colaboración a inicios de la década del 40, del siglo pasado.

Se incluye al propio tiempo en la presente entrega, la interesante respuesta del destacado intelectual Andrejulio Aybar. En términos cronológicos, fue la última, pero al ser menos extensa, hemos preferido reservar la última entrega de esta serie para incluir la respuesta de Don Félix Evaristo Mejía, por ser màs amplia que las anteriores.

Llama poderosamente la atención el titular con que encabezaba Blanco Fombona la respuesta de Don Andrejulio: “El mejor Presidente ha sido…la Esperanza. Aunque Andrejulio Aybar aplaude también a Billini, a Espaillat y a Meriño”.

LA RESPUESTA DE DON AMÈRICO

Considero que entre nosotros no ha habido, ni hay  todavía, un verdadero “ideal nacional” por eso tampoco ha habido un “ideal administrativo”. Sin el uno y sin el otro no es posible un buen gobierno.

Aquellos presidentes que más se han acercado a una norma espiritual de gobierno son, en mi concepto, los mejores que hemos tenido.

Es difícil determinar cuál de entre ellos, ha sido el mejor, en vista del cambio incesante de circunstancias a que están sometidos los pueblos que como el nuestro, no han llegado a un definitivo afincamiento institucional.

No es posible comparar un gobierno que se desarrolló hace cincuenta años con uno que se desarrolle hoy: en cincuenta años han variado mucho las condiciones de la vida social en Santo Domingo y se ha complicado mucho nuestro mecanismo gubernamental.

El medio ambiente no ha sido propicio a lo que yo llamo “espiritualización del gobierno” , por eso aquellos presidentes que han estado llamados a hacer una buena administración, duraron muy poco tiempo al frente de los destinos del país.

Considero, sin embargo, que nuestro mejor Presidente está entre Billini y Espaillat. Son los únicos que han gobernado con mira al bienestar general, al engrandecimiento moral de la patria.

Las circunstancias les fueron adversas y fracasaron; ellos resultaron superiores al medio político y social en que quisieron actuar.

La tentativa no se ha repetido después de ellos: lo que quiere decir que nos hemos creado todavía nuestro ideal nacional. Entre nosotros el “mejor gobierno”  está  por hacerse todavía.

Ello no quiere decir que no hayamos tenido, sobre todo después de 1900, gobernantes bien inspirados y algunos buenos gobiernos; pero sus hechos están muy recientes y no es tiempo de juzgarlos y darle asiento final en la historia. Las pasiones no lo permiten aun, pero ya llegará el momento propicio a una justa depuración de valores.

M.A.PEÑA BATLE

2.- LA RESPUESTA DE ANDREJULIO AYBAR

Santo Domingo,

17 de febrero de 1931.

Señor director de BAHORUCO.

Muy estimado amigo:

Ausente de mi país durante la mitad más apta de mi vida, no me considero en estado de responder con acierto a su encuesta. Pero ante su honrosa insistencia para que sea yo quien cierre el debate, cedo. Me recojo un instante y, urgido por el corto tiempo que media hasta la composición del próximo número de Bahoruco, escribo. No será un juicio. No soy yo juez. Y qué falsa opinión  deben de tener de sí propios los que se atreven a juzgar a sus semejantes! Será no más que un epiludio.

Los hombres pueden ser juzgados por un testigo de sus vidas y de sus obras, por los historiadores, esto es los que computan los testimonios, obras y documentos, o simplemente por los que disciernen los méritos con solo aquilatar la bondad y la utilidad de las obras.

Entre estas “obras “, las menos a propósito para guiarnos son las autobiografías, aunque pudiera parecer lo contrario. Oiga Usted si no. (Epiludio he dicho) suponga que un amigo suyo tenga la mala ocurrencia de pintar su propia imagen para que sea proyectada en la pantalla del mañana. Empezaría a considerarse y se encontraría mejor que lo que jamás se creyó.

Diría, pongo por caso, – cuando Enrique Henríquez o Américo Lugo dicen que yo tengo tal calidad, o cuando Mozo Peynado atribuye desmedido mèrito a un endemoniado olor de mi invención, no hacen más que dar de lo que tienen mucho, es generoso donde dadivosos.

Pero qué diré si vuelvo a considerar que soy nieto de la hombría de bien de mi abuelos , hijo de la clarísima inteligencia de mi padre, de los elevados sentimientos de mi madre y de la prudente sabiduría del Señor Hostos que, a los nueve años de mi edad, dijo, – Este es mío,- y empezó a prepararme para el profesorado docente?.

No tendría necesidad de mentir para pintarme pasablemente bueno. Pero me vendrían ganas de exagerar mi bondad, aunque no fuera más que para honrar mejor mis excelentes padres  y abuelos.

Líbrenos Minerva de estos abusos. No nos preocupemos demasiado de la fama. Pero tengámosla en cuenta. Tiene muchas lenguas, y muchas son malas. Tratemos de hacer buenas obras. Es dificilísimo. No abunda la ayuda. Y hay muchos obstáculos. Qué aliciente para el hombre de aliento.

No nos  fiemos, pues, mucho de “Memorias” ni de “Confesiones”. Descartemos los “Comentarios” , aunque sean de un César.  Y acaben aquí los míos.

 Juzgados como he dicho antes, ha llegado hasta nosotros la fama de un Solón, un Justiniano, un Napoleón. Y de un Cromwell, un Robespierre, un Bismark. Y de un Luis IX, un Richelieu, un Cavour. Y a distancia de un océano y más alto que los Andes, de un Bolívar.

Pero recojamos las velas, entremos al puerto, y a nuestra casa. Y cerremos nuestra puerta. El recinto es reducido, poca altura, en buena proporción con los habitantes. No levantemos tanto la voz. Diríase “La Venta” , y las voces de muchos “ enanos de la Venta”.  No hagamos tantos ademanes. Así no oímos nada y distinguimos menos.

Un “que si” afirma. Un “que no” desmiente. Pero no convencen a nadie. A veces la diferencia de apreciación viene de lo que unos disertan a la manera de los físicos, no atienden sino a lo visible y palpable y a las propiedades materiales. Y otros no consideran sino la esencia, la idea, lo ideal, cualquier cosa, fuera  de la cosa misma.

Y razonan en el aire, a la manera de los metafísicos. Estos son los menos dispuestos a la indulgencia. Pero de qué se trataba en esta casa?  De saber quién ha sido nuestro mejor Presidente? No. Sino de saber a quién se va a elevar a la Presidencia. Lo otro no levante nuestro espíritu. Lo pasado no merece nuestra sanción.  Sin embargo, las consecuencias son actuales y las sufrimos todos. Las sufrimos, digo. Pues sufrimiento es lo que más abunda entre lo que nos queda, ya que es mucho menos difícil colegir quien ha sido nuestro mejor Presidente que discernir quien ha sido el peor.

Pero sea, hablemos de lo actual. Lo actual tiene siempre la atracción de la novedad. Y lo que da más frescura y más seducción a la novedad es la esperanza. Digamos todos , fervorosamente, estas frases , ya otra vez estampadas y dirigidas a otro Presidente.

-Ah: Presidente, la borrasca ruge.

Juguete es nuestro esquife de su empuje.

 Pero incapaz piloto se amedrente,

El hábil de honda en honda el buque lanza

 Risueño el labio,  con serena frente

Ya alegre exclama, – Puerto! – Presidente.

 Algunas declaraciones de Usted, Presidente Trujillo, son ya muy laudables. Bahoruco ha aplaudido las que se refieren al empréstito que se está negociando. La independencia económica es tan indispensable como la independencia política.

 En la vida de un pueblo todas las formas de la independencia son indispensables, como así mismo todas las libertades. Pero más segura base para nuestra esperanza es esto, porque es un acto, y una buena acción, haber tratado de poner el presupuesto en armonía con nuestras más seguras entradas.

Lo que conlleva una demostración práctica  de que podemos vivir, y de que usted desea, que vivamos sin contraer más empréstitos. Cuál  de estos nos ha dado nunca buenos resultados? Cuantos más cuantiosos son, más exhaustos nos dejan.

Presidente, ninguna constitución escrita es totalmente buena. Pero cualquier constitución que se cumple lo es. Presidente, no deje usted de cumplir a la letra nuestra Constitución, ni siquiera con el excelentísimo propósito que lo ha llevado a la muy práctica supresión de la Secretaria de Justicia e Instrucción Pública.

Presidente, para los hombres de buena voluntad lo malo es más difícil de hacer que lo bueno. Y solamente lo bueno es honroso y digno de ser llevado a cabo por quien está en la situación de usted, y dispone de todas las facultades necesarias, y de todas las fuerzas, inclusive la de la juventud, que son naturalmente llevadas a aplicarse a lo que es elevado y generoso. 

Que la obra de bien es dificultosísima. Que no abunda la ayuda. Que hay muchos obstáculos. Cuantos alicientes para el hombre de empuje! Qué magnifica herencia para los hijos! No nos preocupemos demasiado de la fama. Pero tengámosla en cuenta. Ya doy yo arriba el ejemplo del orgullo que nace de tener excelentes padres y abuelos. Presidente, más que la dicha, alegra la esperanza!.

Mi querido Blanco Fombona, mientras he ido escribiendo me ha venido la convicción de que sì ha habido algunos presidentes buenos. Pero casi todos han cometido faltas.

Quisiera poder decir que el mejor fue el Padre Meriño, tan apuesto, tan arrogante, tan inteligente, tan bravo, tan varonil, y que para mis diez años ya me regalaba libros y ponía toda su biblioteca a mi disposición.

Pero Espaillat fue mejor porque cometió menos faltas. Y menos graves.

Y el mejor de todos fue sin duda alguna Don Gregorio Billini, por lo bueno que hizo en muy corto tiempo, como ya lo han hecho valer mis dilectos amigos y maestros Enrique Henríquez, Américo Lugo y Félix Mejía. Y es, porque, como Presidente, fue sin tacha y sin reproche.

Muy atentamente lo saluda.

Andrejulio Aybar.