La respuesta de Américo Lugo.
Entre los meses de noviembre y diciembre de 1930, con apenas tres meses de asumir el poder Rafael Leónidas Trujillo- y cuando aún no se había entronizado con sus tintes más sombríos la asfixia totalitaria que durante la densa noche de treinta y un años controlaría todos los resortes de la vida nacional, tuvo la idea el destacado y combativo periodista venezolano Horacio Blanco Fombona, director y fundador de la revista “Bahoruco”, de aperturar una encuesta determinada a recabar la opinión de varios intelectuales dominicanos prominentes respecto a quienes, a su criterio, ocupaban el sitial de mejores presidentes de la República.
Entre los intelectuales que fueron consultados y respondieron a tan delicada cuestionante se encontraban, entre otros, Américo Lugo, Manuel Arturo Peña Batle Félix Evaristo Mejía y Andrés Julio Aybar, y parcialmente Don Manuel de Jesús Tronco de la Concha.
La respuesta del Dr. Troncoso de la Concha fue parcial. Al ser recabada su opinión, indicaba Blanco Fombona, que el ilustre encuestado no daría contestación a la misma porque, “al ser desalojado violentamente por el huracán, no tendrá sosiego ni comodidad suficientes para escribir hasta que no reedifique su casa y se reinstale en ella”. Eran los momentos en que la Ciudad de Santo Domingo había sufrido los terribles embates del ciclón San Zenón con sus manifiestas secuelas de destrucción y muerte.
No obstante, afirmaba Blanco Fombona: “nuestro distinguido colaborador el Lic. Troncoso de la Concha cree que el mejor presidente que ha tenido la República Dominicana ha sido el Gral. Ramón Cáceres“, aunque no entró en detalles respecto a las razones que fundamentaban su afirmación.
Indicaba, al propio tiempo, que, aunque no estaba reedificando, también se había reservado su opinión Don Francisco J. Peynaldo, sin indicar las razones.
Culminaba la introducción con su proverbial agudeza: “algunos de nuestros amigos, de los que se han interesado profundamente por nuestra encuesta, al enterarse de las respuestas verbales de los dos distinguidos hombres públicos, comentan:
“Este es un silencio futurista, porque ambos son candidatos a una no remota Presidencia Provisional, y no quieren en la actualidad definiciones que les resten votos en el porvenir”.
¿Qué quiso decir, entonces, Blanco Fombona, al afirmar que Francisco J. Peynado y Troncoso de la Concha eran “candidatos a una no remota Presidencia Provisional”? ¿Acaso flotaba en el ambiente la quimérica idea de que dichos notables serian llamados al solio presidencial y que el paso de Trujillo por el mismo tendría carácter efímero?
A Don Pipí tocaría en suerte, unos años después, ocupar la profetizada Presidencia “Provisional”, pero ejerciendo la misma por procuración tras la muerte de Jacinto Bienvenido Peynado, quien también la ocupó en similar condición, aunque sabía todo el mundo, como luego ocurriría con Negro Trujillo y Balaguer, quien era el poder detrás del trono.
LA OPINION DE DON AMERICO LUGO

Fue el notable intelectual Don Américo Lugo el primero en emitir su opinión, la cual está contenida en la carta que remitiera al director de Bahoruco en fecha 26 de noviembre de 1930.
En ella, como podrá apreciarse -fiel a sus irreductibles criterios éticos en el ejercicio del poder-, no vaciló Don Américo en reconocer que Billini y Espaillat -los dos más efímeros gobiernos liberales de la segunda mitad de nuestro siglo XIX- se llevan la palma en lo que concierne al elevado ideal de gobernante que concibiera tan notable intelectual y civilista.
A continuación la carta de Don Amèrico.
Santo Domingo, 26 de noviembre de 1930
Señor D. Horacio Blanco Fombona.
Director de Bahoruco.
Ciudad.
Señor Director:
Me pregunta usted: ¿Cuál ha sido el mejor Presidente de la República Dominicana?
Creo que ha sido Francisco Gregorio Billini, quien solo tiene en la historia patria, un rival: Ulises Francisco Espaillat. Archambault descarta a Espaillat del número de los presidentes, arguyendo que “su breve y discutida estada en la Presidencia no le dio tiempo a gobernar”. No estoy de acuerdo con ello.
Y seguramente por la misma razón, Archambault ni siquiera menciona a Billini, a quien Enrique Henríquez también señala como el mejor presidente de la República Dominicana.
Aunque haya sido breve y discutida la estada de ambos ciudadanos en la Presidencia, ellos pueden y deben ser juzgados comparativamente. Espaillat gobernó año y medio, Billini nueve meses. Espaillat inició una política conciliadora, ensayó un sistema liberal de gobierno, se declaró contra los empréstitos extranjeros, propuso la creación de un banco de anticipo y recaudación, sostuvo la libertad de prensa, resistió serenamente la embestida de dos revoluciones y se retiró a la vida privada cuando se vio traicionado.
Billini combatió el personalismo, consagró la libertad absoluta de la prensa, instituyó la clase de los Maestros Ambulantes, abolió los derechos de exportación, fomentó la inmigración y renunció a la Presidencia antes que consentir que se derramara una gota de sangre para sostenerlo en ella.
¿Cómo sería, pues, posible eliminar a Espaillat y a Billini, so pretexto de que no tuvieron tiempo para gobernar, cuando su probidad, su abnegación, su espíritu justiciero, sus ideas científicas dejaron honda huella en su actuación y cuando el desinterés mismo que brilla en su renuncia al poder prolongará en un plano ideal su Presidencia, mientras los dominicanos no hayamos dejados de ser personalistas e ignorantes?
Francisco Gregorio Billini y Ulises Francisco Espaillat fueron grandes patriotas y a la par hombres de Estado. Sus sentimientos elevados, su clara inteligencia, su noble carácter, hacen de ambos dos valiosas excepciones al tipo nacional del gobernante de fuerza.
La Presidencia de Espaillat nos suministra el más magistral instrumento para medir la incapacidad política del pueblo dominicano; pero Billini es superior en si mismo a Espaillat porque poseía un concepto más profundo del derecho y, sobre todo, porque, en su abnegación, la pureza parte límites con la inocencia”.