No voto. No es un acto de protesta es seriedad, una severa necesidad de no participar en el circo. De entrada es una buena razón para negarnos la individualidad un derecho que más que divino es humano; “el que no vota no tiene derecho a la palabra”. Hipotéticamente uno elige a representantes y servidores públicos “los que fijan los precios de la vida” pero que yo sepa ni los Ramos ni los Lamas (por poner un ejemplo cualquiera) se eligen democráticamente.
Uno pretende un rubor (supongo que por contener la carcajada o la envidia) cuando publican que a la señora ministro no le alcanza con 185,000 mensuales y que un diputado le alcanza para almorzar con menos de un sueldo mínimo (suponiendo que tal cosa exista). Debe ser envidia sin duda porque hace años que no se oye gritar, con una furia despectiva, “Funcionario” y tampoco se ve que se inicie una pelea por tan grave acusación.
Por otro lado (que al final siempre es el mismo) uno avergüenza de ver la policía matando pero ese es su trabajo y si no para qué “el palito de abollar ideologías” para qué la pistola. Hay oficios feos, nadie los puede negar, y si usted (tú, porque los que lo hacen no merecen ningún respeto) elige un oficio que incluya un arma sea consciente de lo inminente de la muerte (la propia y la ajena).
De hecho nadie debería lamentarse nunca de la muerte de un militar o policía porque es parte esencial del trabajo que eligieron. Aunque en la comedia en que habitamos es tan poco común (desgraciadamente poco común) que mueran, que se han vuelto patanes irrespetuosos. Y así ha sido desde el inicio, nunca hemos visto el verde oscuro de la guerra. Será por eso que es tan común la muerte de civiles.
Cabe recordarle a un difunto que en la UASD no se recuerdan muertos a menos que tengan apellidos costosos. Así mismo los duelos nacionales trasmitidos por Facebook duran a lo mucho una semana y si hay dudas al respecto solo hay que pensar en la doctora (y tratar de recordar su nombre) que conmociono la fibra viva (y olvidadiza) de la nación. Por igual hay que recordarle a los dolientes que en esa universidad, que es todo menos autónoma, no somos pocos los que hemos cumplido horarios de clase y (natural y sorprendentemente) hemos sobrevivido muy campantes para varios semestres más. El pobre diablo las trae en contra para ser mártir y su verdugo será eternamente insignificante, tanto así que se le conocerá con el nombre de algún chivo expiatorio.
Por desgracia hubo de evitarse temas más duraderos por tontas protestas que desde el principio son tan cómicas como los sueldos en el gobierno. Este artículo debió ser, en algún punto, sobre la macabra relación entre los sucesos actuales y la bestial Viernes de Dolores de Asturias pero “como siempre lo urgente no deja tiempo para lo importante”. Quino nos guarde a todos.