La extraña desaparición de un médico cirujano

Los casos de desaparecidos en la República Dominicana  son muchos, aparte del de Wiwonska Marmolejos, aunque  hay otros de gran actualidad y resonancia y que no han sido resueltos,  como el del doctor Giovanni Francisco Salvucci Mueses, un atlético médico cirujano de 37 años que la madrugada del 6 de marzo de 1998 abandonó su hogar de la Urbanización Primera, cerca de la Lotería Nacional, posiblemente rumbo al Hospital Central de las Fuerzas Armadas, donde agonizaba su padre Giovanni Salvucci González, de 72 años, quien murió de un cáncer múltiple mientras su hijo todavía era buscado.

Los familiares de Salvucci Mueses dijeron que aunque su pariente estaba muy afectado por la enfermedad de su padre, descartan la posibilidad de que se haya suicidado. Su hermana Giovanna dice: "No era hombre de suicidarse. Era un hombre muy valioso, enamorado de la medicina. La medicina era su vocación. Tenía tres hijas a las que decía "mis muñecas". Tenía otro hijo fuera del matrimonio. Giovanni no se iba a pegar un tiro, no se iba a matar. Para mí, ahí está la mano de la Policía."

Giovanna solicitó y obtuvo una cita con el mayor general Pedro de Jesús Candelier, entonces Jefe de la Policía, quien la recibió amablemente y le prometió que trataría de que la desaparición del médico fuera aclarada.

Pero nada, el asunto no pasó de ahí.
La madrugada en que el doctor Giovanni Salvucci salió de su casa, su esposa Johanna Lembert despertó al sentir cuando bajaba de la segunda planta a la marquesina y encendía el carro, gritándole "¡Espera, Espera! ¿Qué es lo que pasa?"

Pero parece que él no la oyó. Ella pensó que el viejo Giovanni había muerto. Giovanni hijo incluso salió sin zapatos y apenas con una camiseta, lo que hace suponer a la familia que si alguna autoridad le hubiera detenido, a lo mejor no creería que era un médico. Ella avisó a su hermana y también llamaron al hospital Central, pero no había llegado. "Búsquenlo en el parqueo, que posiblemente como anda sin zapatos, no se atrevió a entrar y a lo mejor se quedó dormido en el carro", sugirió la esposa a familiares que acompañaban a don Giovanni Salvucci padre, también médico, que en ese momento agonizaba. Pero no estaba en el parqueo, y entonces comenzó la búsqueda. Un sereno de Metaldom avisó a la Policía sobre "un carro sospechoso abandonado en la avenida". La familia se enteró en horas de la tarde porque la Policía, ya alertada de la desaparición, les avisó.

El auto apareció en la autopista 30 de mayo, entonces en reconstrucción. Estaba debidamente estacionado del lado del mar, con una puerta abierta, el radio encendido, la alarma en funcionamiento y con el parasol colocado sobre el tablero. No presentaba signos de haber sido violentado, pero luego se determinó que alguien se robó unos lentes y varias cintas de música. "Imaginamos que se los llevó la Policía", dice Giovanna, quien además cree que al galeno lo atracaron o apresaron y después dejaron el vehículo por los frentes de la empresa Metaldom "para despistar"

Esa tesis cobra fuerza porque un pariente de Giovanni, Francisco José Vargas Salvucci, dijo que mientras buscaba al médico, al determinarse que no había ido al hospital donde estaba su padre, pasó por el sitio tres horas antes y el carro "no estaba allí", lo que hace suponer que fue llevado más tarde. En los arrecifes cercanos, de acuerdo a los familiares, se encontraron rastros de sangre, pero se ignora si la Policía los examinó para compararla con el tipo de sangre del médico.

¿Se suicidó el doctor Giovanni Salvucci, desesperado por la mortal enfermedad de su padre? La depresión profunda es una de las causas de muchos suicidios, aunque los especialistas todavía discuten la estrecha relación que puede haber en ciertos suicidios y los trastornos afectivos, pues no todo caso de depresión puede acabar en un suicidio, al igual que no todo suicidio es el resultado de una depresión, aunque existe una alta correlación: 15 por ciento de las personas con depresión recurrente apela al suicidio (1). La familia del doctor Salvucci pone en duda que su pariente se suicidara, aunque admiten que sufría "cierta depresión". Pero hay otra pregunta: ¿Sería que delincuentes lo asaltaron esa madrugada y lanzaron su cadáver al Mar Caribe? ¿Sería que grupos criminales dentro de la Policía lo interceptaron, y al médico negarse con firmeza a acompañarles se les fuera la mano y lo lanzaran al mar? Siempre quedará la duda, pues  solo Dios sabe y también los asesinos, si es que se trata de un crimen muy parecido a otros ocurridos anteriormente.

Ojalá algún día, en este país de ficciones y cosas absurdas, las autoridades cuenten con verdaderos equipos y personal humano de investigación que permitan  que no queden sin solución los que parecen haber sido "tragados por la tierra"

(1) Eduard  Rubeinstein & Daniel Federman, 1992). "Menos de un 15 por ciento", según R. W. Maris.