UNA VEZ, el presidente, Richard Nixon quiso designar a cierto abogado para la Suprema Corte de los Estados Unidos.

“¡Pero el hombre es un imbécil absoluto!”, exclamó un senador.

“¿Y qué”, respondió otro: “Hay un gran número de imbéciles en los EE.UU. que tienen derecho a estar representados en la corte, tanto como cualquier otro sector de la sociedad”.

Tal vez los Imbéciles Unidos de América tienen derecho a elegir a Mitt Romney presidente. Pero por el bien de los EE.UU. e Israel, espero que esto no suceda.

Hay gente que dice que Israel es el estado 51 de la Unión. Algunos dicen que es el primero entre los 51. Sea lo que sea, nuestras vidas ‒y tal vez nuestra muerte‒, dependen en gran medida del hombre de la Casa Blanca.

Así que, con todas mis dudas (y tengo muchas) sobre Barack Obama, tengo muchas esperanzas de que será reelegido.

EN SU último ataque de sabiduría, Romney no sólo reveló que el 47% de los estadounidenses son parásitos, sino también que “los palestinos” quieren destruir a Israel. Según él, el conflicto entre Israel y los palestinos no tiene solución, se mantendrá para siempre.

Me pregunto de dónde sacó esta última pieza.

En la Alemania nazi hubo un cierto Herr Doktor Otto Dietrich, un funcionario del Ministerio de Propaganda. Todos los días, reunía a los editores de los periódicos importantes de Berlín para decirles cuál sería el titular principal y el editorial del día siguiente.

Eso fue antes del Internet y el fax. Hoy en día, la oficina del Primer Ministro de Israel envía por fax a diario “página de mensajes” a los ministros de Netanyahu y otros títeres para decirles los mensajes que deben difundir.

Tengo la firme sospecha de que Romney lee esta página de mensajes justo antes de encontrarse con su público, compuesto de multimillonarios (o simples millonarios). Después de todo, él no podría haber inventado estas piezas asombrosas de conocimiento por sí solo, ¿verdad?

“LOS PALESTINOS” significa “todos los palestinos”. Los nueve millones de ellos en Cisjordania, Jerusalén Este, la Franja de Gaza, Israel, sin olvidar a los refugiados de todo el mundo.

Bueno, supongo que si por intervención divina Israel desapareciera del mapa, muy pocos palestinos derramarían una lágrima. Tampoco muchos israelíes derramarían una lágrima si, de nuevo por intervención divina, todos los palestinos desaparecieran. Unos cuántos israelíes irían, al menos como voluntarios, a ayudar a Dios Todopoderoso en esta tarea. Quién sabe, si los amigos evangélicos de Romney oraran lo suficiente, su Dios pudiera desaparecer a todos los rusos, chinos, coreanos del norte, iraníes y una gran variedad de bribones.

Por desgracia, esas fantasías pertenecen al reino de los sueños y las pesadillas. En el mundo real, los pueblos no desaparecen, incluso después de genocidios espantosos, ni tampoco pueden los estados que poseen bombas nucleares ser erradicados por enemigos extranjeros.

Conozco a un buen número de palestinos y ninguno de ellos cree que Israel puede ser aniquilado. Desde que Yasser Arafat decidió, a finales de 1973, que debía llegar a un acuerdo con Israel, la gran mayoría de los palestinos quieren un acuerdo que les permita establecer un Estado propio en una parte de la Palestina histórica. Esto se conoce como la “solución de los dos Estados”.

El actual Gobierno de Israel no quiere esto, porque no están dispuestos a renunciar al 22% de la Palestina histórica, que se convertiría en el Estado de Palestina. Al no tener una alternativa viable, los voceros del gobierno afirman que “este conflicto no tiene solución”.

Uno de los padres de este lema es Ehud Barak. Después de la fallida reunión de Camp David del 2000, Barak, entonces Primer Ministro, pronunció la célebre frase de que “no tenemos ningún socio para la paz”. Puesto que Barak fue la causa principal del fracaso de la reunión lo apodé “el criminal de la paz".

Netanyahu retomó agradecido el grito de Barak, y ahora la gran mayoría en Israel cree en este mensaje implícitamente. (Hace unos días fui entrevistado por una periodista danesa: Le dije: “Cuando terminemos, para el primer taxi y pregúntale al conductor acerca de la paz. El te va a decir: ‘La paz sería algo maravilloso. Estoy dispuesto a devolver todos los territorios por la paz. Pero, desgraciadamente, los árabes nunca harán la paz con nosotros’. Una hora más tarde, la periodista me llamó emocionada: “Hice lo que me dijiste, y el conductor repitió sus palabras, una por una”.

Decir que “no hay solución” da la impresión de que “todo seguirá como está”. Eso es un error. Nada se queda como está. Las cosas se mueven todo el tiempo, los asentamientos se expanden, los palestinos se levantarán, el mundo está en constante cambio, el mundo árabe cambia y algún día un Presidente estadounidense va a poner los intereses de los EE.UU. por delante de los de Israel. ¿Y dónde estaremos entonces?

LA ESENCIA del mensaje de Romney es que la solución de los dos Estados está muerta. Esto me recuerda la famosa frase de Mark Twain: “El informe de mi muerte fue una exageración”.

Ahora está de moda decirlo. Es toda una tendencia. Sin embargo, diferentes personas tienen razones distintas para creer que la solución de los dos Estados está muerta.

Los padres, los maestros, los pedófilos y los caníbales, todos dicen que aman a los niños. Pero sus motivos no son los mismos. Esto también es válido para los aspirantes a enterradores de la solución de los dos Estados. Entre ellos se incluyen:

Uno: Los idealistas que desean que personas de diferentes naciones vivan juntas en armonía e igualdad en un solo Estado. (Me gustaría que estudiaran la historia de la Unión Soviética, Yugoslavia, Checoslovaquia, Chipre, Sudán y la situación actual de los franceses en Canadá, los escoceses en Gran Bretaña, los flamencos en Bélgica y los vascos y los catalanes en España.)

Dos: Los árabes que realmente creen que esta es una vía pacífica para deshacerse de Israel.

Tres: Los colonos que quieren convertir la totalidad de la Palestina histórica en su dominio y, si es posible, “limpiar” el país de los no-judíos.

Cuatro: los israelíes que creen que los asentamientos han creado una situación que es “irreversible”. (Meron Benvenisti, un ex vicealcalde de Jerusalén, acuñó esta frase ya en la década de 1980, cuando había menos de cien mil colonos. Le dije entonces que nada es irreversible, excepto la muerte. Las situaciones creadas por los seres humanos pueden ser cambiadas por los seres humanos.)

Cinco: Los antisionistas, incluyendo los judíos antisionistas que odian el sionismo indiscriminadamente, con todos sus aspectos buenos y malos, y para quienes la existencia de un Estado “judío” es una abominación.

Seis: Los fanáticos musulmanes, que creen que Palestina es un waqf musulmán (concesión religiosa), de modo que permitir en cualquier en parte de ella a los no musulmanes, es un pecado mortal.

Siete: Los fanáticos judíos, que creen que todo Eretz-Israel, desde el Nilo hasta el Éufrates, fue prometido a los judíos por Dios, por lo que ceder una parte del mismo a los no-judíos es un pecado mortal.

Ocho: Los fanáticos cristianos, que creen que la segunda venida de Jesucristo será posible sólo después de la reunión de todos los judíos en este país (sin lugar en él para cualquier otra persona.)

Lo siento si he olvidado a alguien.

Algunas de estas personas han inventado algo llamado “la solución de un Estado”. Eso es una contradicción. Hay un problema de un solo Estado, pero no hay una solución de un solo Estado.

De vez en cuando vale la pena retornar a los hechos básicos de nuestra vida:

Hay dos pueblos que viven en este país.

Ninguno de los dos va a desaparecer. Están ambos aquí para quedarse.

Mientras que los árabes palestinos que viven en el país siguen siendo una minoría, ellos constituirán la mayoría dentro de poco tiempo.

Ambos pueblos son intensamente nacionalistas.

Los dos pueblos tienen diferentes culturas, lenguas, religiones, relatos históricos, estructuras sociales y estándares de vida. En la actualidad, después de unos 130 años de conflicto continuo, existe un odio intenso entre ellos.

La posibilidad de que estos dos pueblos puedan vivir en paz en un solo Estado, sirviendo en el mismo ejército y la misma policía, pagando los mismos impuestos y cumpliendo las mismas leyes promulgadas por el mismo parlamento común, es nula.

La posibilidad de que estos dos pueblos puedan vivir en paz, lado a lado, en dos Estados, cada uno con su propia bandera y su propio gobierno elegido (y su propio equipo de fútbol), sí existe.

Esta coexistencia puede tomar diferentes formas: desde una confederación con la apertura de las fronteras y la libre circulación, hasta formas más cercanas de estructuras en evolución, como la Unión Europea.

Espero que esto no sea demasiado complicado para que Mitt Romney lo entienda. Pero pudiera resultar irrelevante si ‒como espero fervientemente‒ Romney no es elegido.

No me gustaría que a un ignorante se le diera la oportunidad de aprender sobre los problemas del mundo a costa nuestra.