Este discurso del 16 de Agosto del Presidente Danilo Medina, fue una alocución renovadora de esperanza. Constituyó al mismo tiempo, el salto de la transformación a la transacción, del cambio y la continuidad. Para una sociedad abatida por el desencanto; con profunda aflicción al contemplar la distancia entre el discurso y la práctica de la clase política, esta disertación pone un freno al hastío, al cansancio y la desilusión, para inyectarnos de energía, de fe y esperanza como entes colectivos, como sociedad. En esa necesaria esperanza renovada que requerimos, anhelamos de corazón que el ciudadano Presidente, sus hechos sean más elocuentes que sus palabras.
Para la sociedad, la exposición nos sirve de marco de referencia, de estándar, de medidor, a partir del cual podemos construir un OBSERVATORIO que nos permita ir marcando lo que se está haciendo con lo que nos prometieron. Esa pieza oratoria es el parámetro, la guía y el guión a través de la cual objetivizaremos la legitimidad por resultados del nuevo gobernante.
La disertación del ciudadano Presidente fraguó un puente entre la continuidad, la discontinuidad y el cambio al mismo tiempo. Entre el encuentro y el desencuentro; entre la transformación y la transacción. Sacar un millón doscientos mil dominicanos y dominicanas de la pobreza; mejorar la calidad de vida de la clase media; desterrar esa vergüenza de la sociedad como lo es el analfabetismo (700,000 dominicanos entre 15–25 años); el Estado propiciar políticas sociales para ayudar en las enfermedades catastróficas que drenan en dos días 20 años de ahorros de una familia; mirar la educación como el principal eje de la libertad y expresión genuina de la movilidad social y no reproductora de la desigualdad. Todo ello, constituiría una verdadera revolución social, una transformación en el tejido social dominicano.
Todo esto aunado a una actitud ética; a un combate implacable contra la corrupción y las acciones deshonestas; canalizarían un círculo virtuoso que traería un verdadero desarrollo humano en el cuerpo social dominicano. Todo ser humano necesita hallar siempre un sentido a su existencia y en ese batallar propicia cambios en sus actitudes y aptitudes, que sublimizan el encanto de su equilibrio, del que solo sabe que tiene una sola oportunidad para conectarse y prolongar su vida, que es su existencia en el cuerpo de la vida colectiva. ¡Comprende, entonces, que lo tienes que hacer diferente, no por opción, sino por obligación!
Pero además, la sociedad del 16 de Agosto, hasta las 10:30 A.M., no es la misma que la sociedad a partir de ese momento. Hay segundos y minutos que macan la diferencia vital de un ser humano, de una sociedad. Hemos llegado a un punto de inflexión donde la sociedad no tolera, no aguanta más ese desaforado clientelismo, como sistema; esa corrupción despampanante como espacio de acumulación originaria de capital; ese irrespeto supino al imperio de la ley. ¡La sociedad aspira a un gozoso equilibrio que emane de sus dirigentes, la excepcional pureza de sus corazones!
Queremos desde la sociedad civil, que los líderes y dirigentes de todos los ámbitos de la vida social, en sus dimensiones de sus acciones, de sus decisiones, les den la necesaria energía, fuerza y sentido a sus actos; porque después de todo, lo que nos mueve e impulsa, será solo un granito de arena en medio de un inmenso océano. Ese granito de arena se convertirá en una antorcha enorme, en la medida de cómo pudimos cambiar los corazones y la vida y bienestar de nuestros conciudadanos. ¡Es después de todo, lo que hace la verdadera historia. No por el tiempo, sino por la calidad del mismo!
Después de todo, lo que transforma al ser humano es la vivencia y su introspección, que lo lleva constantemente a preguntarse su existencia aquí en la tierra. Es el encuentro con nuestra misión, con nuestro propósito, con nuestra visión; lo que trasciende nuestra individualidad, para darnos más socialmente. Por ello, la proclama del Ciudadano Presidente Danilo Medina es el fruto de una transformación revestida de transacción.
El nuevo presidente es fuente de una fuerte perseverancia, persistencia, prudencia y equilibrio por el poder. En esa lucha por el poder ha tenido que asumir transacciones significativas; en un grupo cuya hegemonía la encabeza el Dr. Fernández Reyna. La guerra por los puestos ha sido una batalla campal. Ello explica que al escribir este artículo (Viernes17, a las 8 de la noche), todavía no se conozcan ni el 25% de los nombramientos, después de tres meses de transición.
Podemos tener 50 músicos excelentes, promedios o mediocres; tocando los mismos instrumentos; con las mismas partituras. Sin embargo, es muy probable, que con diferentes directores, esos mismos músicos toquen totalmente diferente. Sucede en todos los espacios de la vida social: En la pelota, en el básquetbol; en las relaciones íntimas; en la gerencia y en la política. Los músicos, son señales; empero, el Director articula para sacar lo mejor de cada quien. Crea espacios y límites al mismo tiempo. Lo que no tenía el anterior.
¡Un discurso de encuentro y desencuentro; de transformación, que por la “realpolit”, ha devenido en una negociación de transacción! La esperanza renovada cobrará cuerpo y verdadero sentido, en cómo va desmadejando ese laberinto del peso de la hegemonía de los poderes internos del Partido. Por ello, como miembro de la sociedad civil, veo este discurso como agua fresca que renueva la esperanza y nos compromete cada vez más, no con la causa política, sino ante todo, con la verdad y la justicia.