Campo adentro

Un dilema de la necrópolis de la cosa pública

Por Fátima Portorreal

Hablar del sujeto dominicano que reside en los círculos privados del poder y se glorifica con la santidad del Padre y del icono histórico del Estado como “doxa” que brinda certeza,  a la única vía posible de entender la cuestión pública, la naturaleza y la libertad es volver a un viejo debate con la “Sagradas Escrituras” de la Constitución peledeísta, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales o con los mulos de Sabana.

Y como dicen las escrituras, estas almas, todas dotadas de la compresión y del locus afortunado de la vieja ilustración, que por “razón” o fortuna bancaria han silenciado el pasado, construido una memoria que resalta la compresión de un sujeto blanco, bajo el correlato de República, como aquellos espíritus elegidos por el Cielo Burgués, cuya función, desde el punto de vista de la cuestión del poder conforman los medios y los fines, de ese supuesto a saber sensible, que fundamenta, la libertad del mundo fenoménico y moral del Estado peledeísta.

Hablar de peledeísmo es situarnos en necrología, nichos afortunados, apellidos sacrosantos o subjetividades nacionalistas de charlatanes que se fundamentan en un ideal teológico para santificar como bondades, las acciones de un gobierno corrupto. Sus ideólogos/as de “integración cristianas” para lo que le conviene, asientan los principios fundamentales: la indiferencia, exclusión y moral santificada por el judeocristianismo, o en un  sentido inédito, callar la resistencia, o cualquier tipo de información en los medios de comunicación que puedan afectar su inmaculada manera de gobernar, en fin higienizar y tapar los trapos sucios del quehacer público.

En los ámbitos de las realidades de esta media isla, el absoluto de Schelling resuelve el principio del “Yo soy” del Estado morado. Pues la libertad y la necesidad en apariencia son resueltas, mediante el condicionado que se han “hecho cosas”, como el teleférico, la ampliación del metro, la tarjeta de solidaridad o las estadísticas que abultan cifras de disminución de la pobreza, entre otras. O mediante la ratificación de la razón absoluta que da base para la permanencia  del supremo principio de identidad/destino de los paladines sacrosantos que sostienen el imperio de los peledeístas.

Este saber de la vieja moral colonial, es lo que potencia y defienden los nichos de un viejo cementerio contra pinos centenarios que son cortados porque enraízan muertos en Arroyo Frío y La Castilla. O porque no decirlo, apoyar o hacerse de la vista gorda con los cortes de bosque ribereños en la cercanía del Río Jimenoa y  la construcción de un vertedero cerca de fuente de agua en Jarabacoa. Igual da, “aquí no pasa nada”, para el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, los muertos son los primeros. Todos los compañeritos potencian silencio absoluto, frente a los desastres ecológicos de los ríos, arroyos y cañadas; y de los vertidos de glifosato en todos los suelos agropecuarios, dado que varios amiguitos y miembros del partido se lucran con su importación. De seguir esta juerga, notificamos, que se abre el obituario de “la pertenencia colectiva”, lo que para el buen decir, de los republicanos, “se murió el perro desapareció la rabia”

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