No creo que exista un ser humano que no sepa quien es Leonardo Da Vinci. Trabajador incansable, como lo demuestran estas expresiones de Freud: “Es como alguien despierto cuando todos los demás aún duermen”.

En el “momento de Leonardo” Europa se encontraba en plena efervescencia y este genio del renacimiento se encontraba en Florencia, desde donde se proyectó un cambio radical en el pensamiento del mundo civilizado durante los siglos XV y XVI.

Cuando los monarcas franceses Carlos VIII, Luis XII y Francisco I invaden el norte de Italia, quedan deslumbrados por el escenario que se presenta ante sus ojos. Y uno de estos escenarios lo constituye la cocina, en la que Leonardo brillaba entonces.

Él adquiere el amor por la cocina desde pequeño. Su madre Caterina (de cuya relevancia en le vida de Leonardo se han hecho hasta tratados de psicología) se había casado con Aaccatabriga, un repostero que inculca a Leonardo el Arte Culinario.

Cuando su verdadero padre le coloca de aprendiz en el taller de Verrochio, adquiere conocimientos y trabaja por las noches sirviendo en la taberna “Los tres Caracoles”, cuyas cocinas quedan a su cargo tras morir por envenenamiento todos los cocineros. En esta taberna es donde Leonardo comienza a realizar sus primeros ensayos culinarios. ¿Acaso sus ensayos envenenaron a los cocineros?

Intentó elaborar platos con porciones pequeñas, presentados con una estética cuidada, que sustituyeran los platos llenos a rebosar. El fracaso de este intento por poco le cuesta la vida si no llega a huir.

Pero Leonardo vuelve a intentarlo cuando en 1478 se quema la bodega de la taberna y con su amigo Botticelli abre un establecimiento: “La Enseña de las Tres Ranas”. Otro fracaso. Deprimido, el artista y cocinero abandona Florencia y viaja a Milán en 1482, en donde él mismo elabora una carta de presentación para Ludovico El Moro, que allí gobernaba, que entre otras cosas, dice: “… Soy maestro en contar acertijos y atar nudos. Y hago pasteles que no tienen igual.”

Es nombrado consejero de fortificaciones y maestro de festejos y banquetes de la corte de los Sforza. Aquí es donde empieza las anotaciones de sus cuadernos: “Codex de la cocina Romanoff”, descubiertas en 1982.

Cuando se va a casar una sobrina de los Sforza trata de imponer sus recetas con un menú que Ludovico rechaza y encarga otro a base de: 600 salchichas de sesos de cerdo de Bolonia; 1,200 pasteles redondos de Ferrara; 200 terneras, capones y gansos; 2,000 ostras de Venecia; 60 pavos reales, cisnes y garzas reales…

En sus cuadernos de cocina aparecen los espaguetis (la forma que conocemos fue un invento de Leonardo); el diseño de su asador automático (precursor de la cocina moderna); la idea de un calentador de agua alimentado con carbón; una máquina picadora de res; un cortador de berros (en la demostración se desboca y mata a seis miembros del personal de cocina y a tres jardineros, introduce música en las cocinas utilizando tambores mecánicos con manivelas de mano, fuelles para eliminar humos; un sistema de lluvia artificial por si hay un incendio, la servilleta, el tenedor de tres dientes para enrollar mejor los espaguetis a los que él llamó cordeles de lira, una correa transportadora de leños, una rebanadora de pan automática y un aparato para aturdir a las ranas que intentasen colarse en el barril de agua dulce, el molinillo, el sacacorcho, una cortadora de huevos; etcétera.

Cuando Ludovico le conmina a pintar “La Santa Cena”, el prior del convento, desesperado por las extravagancias culinarias de Leonardo, escribe a Ludovico: “… dispone a su antojo de nuestras cocinas día y noche.., y luego, dos veces al día, hace sentarse a sus discípulos y sirvientes para comer de todas ellas. Mi señor, os ruego que deís prisa al maestro, porque nos va a arruinar.

Cuando llega a Cloux, donde pasará los tres últimos años de su vida, el rey Francisco utiliza a Leonardo como tapadera para sus visitas “ilícitas” a la cocina.

La cocina de Leonardo era suave y riquísima en sabor: “No hay que cocinar en exceso las verduras para que no perdieran sus colores exultantes y naturales.

Su visión peculiar del protocolo en la mesa:

-Ningún invitado ha de sentarse sobre la mesa, ni de espaldas a la mesa, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado.

-Tampoco ha de poner la pierna sobre la mesa.

-Tampoco ha de sentarse bajo la mesa en ningún momento.

-No debe poner la cabeza sobre el plato para comer.

-No ha de tomar comida del plato de su vecino de mesa a menos que antes haya pedido su consentimiento.

-No ha de poner trozos de su propia comida de aspecto desagradable o a medio masticar -sobre el plato de sus vecinos sin antes preguntárselo.

-No ha de enjugar su cuchillo en las vestiduras de su vecino de mesa.

-Ni utilizar su cuchillo para hacer dibujos sobre la mesa.

-No ha de limpiar su armadura en la mesa.

-No ha de tomar la comida de la mesa y ponerlo en su bolso o faltriquera para comerla más tarde.

-No ha de morder la fruta de la fuente de frutas y después retornar la fruta mordida a esa misma fuente.

-No ha de escupir frente a él.

-Ni tampoco de lado.

-No ha de pellizcar ni golpear a su vecino de mesa.

-No ha de hacer ruidos de bufidos ni se permitirá dar codazos.

-No ha de poner los ojos en blanco ni poner caras horribles.

-No a de poner el dedo en la nariz o en la oreja mientras está conversando.

-No ha de hacer figuras modeladas, ni prender fuegos, ni adiestrarse en hacer nudos en la mesa (a menos que mi señor así se lo pida).

-No ha de dejar sueltas sus aves en la mesa.

-No ha de cantar, ni hacer discursos, ni vociferar improperios ni tampoco proponer acertijos obscenos si está sentado junto a una dama.

-No ha de conspirar en la mesa (a menos que lo haga con mi señor).

-No ha de hacer insinuaciones impúdicas a los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos.

-Tampoco ha de prender fuego a su compañero mientras permanezca en la mesa.

-No ha de golpear a los sirvientes (a menos que sea en defensa propia).

-Y si ha de vomitar, entonces debe abandonar la mesa.

-Lo mismo si va a orinar.

Este era el cocinero llamado Da Vinci. Después de estas informaciones parece lógico que escogiera a la mujer del carnicero para pintar su Mosa Lisa, para luego, probablemente, gritar…

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