Duendes del periodismo

Tribunal Constitucional, lágrimas de sangre

Por Roberto Valenzuela

Dos fenómenos  de los últimos días me han puesto a pensar en la extraña sociología dominicana.  Dos videos popularizados en las redes sociales.  La gente se ha contagiado e inconscientemente, hasta en sueño repite:   ¡Ánimo, ánimo…! Sino ¡Palitos de coco!

El primero es de una niña de 13 años, que con la inocencia propia de su edad, interpreta  el tema ¡“One, Two, Three, Four!” e incluye la expresión “¡Ánimo, ánimo…!”  tan falta de brío que motivó la risa y burlas de algunos. Otros lo ven de forma graciosa.

Ese es el dominicano que  conozco, que aún en los  peores momentos inventa algo para reírse y olvidar sus problemas cotidianos. Son el escape del dominicano a los problemas de seguridad ciudadana, apagones y carestía de la vida.

Los videos han calado tanto que algunos hasta dicen que es una forma del gobierno  manipular la población para desviar la atención de los problemas.

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La gracia, buena fe y la autenticidad están latentes en los dominicanos. No obstante, la desgracia está en la imitación y los inventos de sus gobernantes

Otros dicen que el hecho de que a un haitiano  vendedor de palitos de coco se le haga un video y sea  el  boom en las redes sociales dominicanas es una muestra de que el país no discrimina a los haitianos.

Cada quien interpreta las cosas a su manera.  Yo creo que no hay que teorizar tanto sino que esa es la naturaleza alegre y espontánea del dominicano vivir la vida.

Lejos, muy lejos del daño  hecho  por el Tribunal Constitucional (TC), que con una sentencia despoja de sus derechos elementales a miles de dominicanos de ascendencia haitiana, se le hizo un video al haitiano vendedor de palitos de coco.

Ahora se le inventó hasta un baile. En cada esquina, oficina o cualquier lugar se paran dos o tres personas y comienzan a entonar, tocando las palmas de las manos y con una cuchara dándole a una bandeja cantando y sacando melodía al ¡palitos de coco!

Unos tocan los improvisados instrumentos musicales y otros bailan. Hay quienes  se encargan de filmar con su celular para luego subirlo a las redes sociales y a gozar viéndose.

La gracia, buena fe y la autenticidad están latentes en los dominicanos. No obstante, la desgracia está en la imitación y los inventos de sus gobernantes.

En ese sentido, me retumban en los  oídos la advertencia del entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Subero Isa, de que inventar  un Tribunal Constitucional iba a ser “una desgracia para el país, un invento que nos dará muchos dolores de cabeza”.

“Vamos a llorar lágrimas de sangre.  Sus decisiones pueden poner en peligro la gobernabilidad,  la convivencia pacífica y la seguridad jurídica”, advertía Subero Isa.

Las palabras de Subero  fueron proféticas.   La sentencia del TC  tiene un conflicto entre dominicanos, pleito con el vecino Haití. La comunidad internacional tiene a nuestro país como “puerco en puya: con fuego por todos lados”.

El ex presidente de la Suprema  explicaba que donde quiera que existía el TC se había armado una crisis  institucional que no había forma de solucionar. Ciertamente, el gobierno dominicano no sabe qué hacer con el problema. Está en un callejón sin salida.

Subero Isa decía que hubo una nación Centroamericana que creó un caos institucional tan grande que una mala interpretación de una sentencia del TC provocó un golpe de Estado.

Recuerdo  que al ver la preocupación de Subero, hablé  con el destacado jurista César Pina Toribio, consultor jurídico del Poder Ejecutivo y me dijo –fuera de cámara –  que  el país no está preparado para tener  un tribunal de esa naturaleza.

Ahí lo tenemos, ahora a chuparlo hasta la próxima reforma constitucional.

 

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