Una información proveniente de la Procuraduría Especializada Contra el Tráfico Ilícito de Migrantes y Trata de Personas da cuenta de la operación llevada a cabo en cuatro establecimientos de esparcimiento  distribuidos entre La Romana y San Juan de la Maguana, donde fueron rescatadas 49 mujeres obligadas a ejercer la prostitución. 

Todas fueron trasladadas en condición de víctimas a un centro de acogida donde son atendidas, reciben protección y cuidado. Entre las rescatadas  hay de nacionalidad dominicana, haitiana y venezolana.   En tanto las autoridades procedieron al cierre de los cuatro negocios intervenidos y a la detención y sometimiento de sus propietarios y administradores. En total diez inculpados a quienes la Procuraduría acusa de ser parte de una red  criminal de tráfico y trata de personas.

Con relativa frecuencia, la Procuraduría Especializada da cuenta de la clausura de establecimientos de esta misma naturaleza, donde mujeres dominicanas y de diferentes nacionalidades se ven también compelidas a satisfacer los apetitos carnales de los clientes.  En mas de una ocasión, entre las rescatadas han figurado menores de edad. 

Sin embargo, a partir de esas informaciones iniciales se carece de noticias posteriores que permitan dar seguimiento a tales casos que corresponden a un grave delito criminalizado de categoría internacional.  Cientos de miles de personas, quizás millones, resultan cada año víctimas de esta actividad que por su frecuencia y volumen constituye uno de los más lucrativos y perversos negocios ilícitos a nivel mundial registrando ingresos por decenas de miles de millones de dólares.

La trata de personas conlleva en muchas ocasiones auténticos secuestros o reclutamiento por vía de engañosas promesas de empleo, donde luego las víctimas, en el caso  de las mujeres son obligadas a ejercer la prostitución, o al igual que el resto, a realizar otras actividades denigrantes y hasta delictivas bajo amenazas y condiciones de vida que poco difieren de la esclavitud.

Bastante tiempo atrás, República Dominicana figuraba entre los países que proveía mayor cantidad de mujeres para nutrir los lupanares de las más diversas latitudes del planeta, principalmente en España y otras naciones del Viejo Continente.

En una ocasión, el finado José Francisco Peña Gómez, llegó a denunciar públicamente que en uno de los frecuentes viajes a que lo obligaba su condición de Vicepresidente de la Internacional Socialista, se había encontrado que en Europa, se hallaban en ese momento mas de quince  mil dominicanas dedicadas al oficio de traficar con su cuerpo.  Muchas habían sido reclutadas bajo la falsa promesa de trabajar como domésticas o meseras.

A su llegada a destino, las despojaban de sus pasaportes, les interrumpían o controlaban el contacto con sus familias y bajo amenazas las obligaban a vender su cuerpo hasta que lograran pagar una supuesta y voluminosa deuda contraída con sus explotadores. Un calvario que se extendía por muchos años, o hasta que la mujer contrajese alguna grave enfermedad o que por el desgaste acelerado y prematuro de su físico perdiese su atractivo.

Pero así como suplidores ahora somos también receptores de víctimas de este infame negocio de explotación sexual, donde dominicanas comparten el obligado ejercicio de la prostitución  con mujeres de las más diversas nacionalidades y venidas de los más remotos países, inclusive de la muy distante Rusia.

Conveniente sería que la Procuraduría, así como da cuenta de la clausura de tales negocios, el rescate de las mujeres y el sometimiento de los responsables de este grave delito, mantenga al público al corriente del posterior desarrollo del proceso. De interés público conocer si son reinsertadas las mujeres rescatadas a una vida normal en el seno de la sociedad; si es definitivo el cierre de los negocios intervenidos; y si los responsables de este perverso tráfico criminal reciben la merecida sanción por parte de la Justicia.