Opinión

Todo en el mundo es burla

Por Margarita Miranda de Mitrov

Recientemente, escuché una muy interesante entrevista al director de orquesta italiano Daniele Gatti, quien hace exactamente una semana dirigió la apertura de la temporada de La Scala de Milán con una Traviata que ha provocado reacciones encontradas.

En esa entrevista que puede verse a través de youtube, a la pregunta de cuál ópera de Verdi es su preferida, el maestro Gatti respondió que, si obligado a escoger una, diría que Falstaff. Y luego, agregó: "No es ciertamente una ópera cómica, sino una ópera llena de nostalgia, en la que la sonrisa al final es un poco una sonrisa a media boca".

Giuseppe Verdi, nacido en 1813, tenía casi 80 años cuando compuso Falstaff. Su ópera inmediatamente anterior había sido Otello (1887), dramma lirico basado en la pieza del mismo nombre de Shakespeare, con un libreto de Arrigo Boito. Fue el mismo libretista quien en 1890 sugirió al compositor escribir una ópera cómica a partir de Las alegres comadres de Windsor del bardo inglés, el dramaturgo que Verdi había idolatrado toda su vida. Para ser más precisos, el libreto que Boito preparó para Verdi extrajo no solo de Las alegres comadres, sino además de los dos Enrique IV de Shakespeare. Sir John Falstaff es el protagonista de lo que terminó siendo una commedia lirica más que ópera cómica propiamente, un caballero gordo y glotón, vano, pomposo, cobarde. Sin embargo, tanto en Shakespeare como en la música de Verdi emana de este personaje un fondo de humanidad, esa nostalgia y media sonrisa de las que habla el maestro Gatti. Falstaff, la ópera, es un producto atípico en la producción verdiana, no solo por decantarse hacia lo cómico, sino porque por primera vez en su dilatada carrera Verdi no escribió para un teatro, para un cantante, sino que lo hizo casi diríamos que para sí mismo. Esta ópera se ha convertido en un ícono en el catálogo verdiano, admirada por su genial música y asombroso caudal de invención. Es unánime la opinión de que, al escribir Falstaff, Verdi superó incluso a su modelo, Shakespeare.

Mañana sábado, en Acrópolis, el público dominicano tendrá la oportunidad excepcional de disfrutar de esta obra maestra de Verdi en la transmisión en directo desde Metropolitan Opera. Se trata de una coproducción de cinco de las principales casas de ópera del mundo: Metropolitan Opera, Nueva York; Royal Opera House, Covent Garden, Londres; Teatro alla Scala, Milán; Canadian Opera Company, Toronto; y De Nederlandse Opera, Ámsterdam, a cargo del inglés Robert Carsen que traslada la ambientación a los años '50 del siglo pasado. Falstaff estará bajo la conducción del maestro James Levine, que ha vuelto a dirigir esta temporada tras dos años de ausencia por problemas de salud. El reparto de primer nivel lo encabeza el barítono italiano Ambrogio Maestri, quien físicamente se parece muchísimo a Sir John Falstaff y, sobre todas las cosas, interpreta de manera maravillosa al caballero inglés — muchos le consideran el mejor Falstaff de la actualidad.

Hace apenas unos días, la noche de su estreno en Nueva York, escuché por internet, libreto en mano, la presentación. Falstaff podrá ser cómica, pero lo que no es para nada es fácil — de ejecutar, me refiero. Sin las tradicionales divisiones en arias, etc., el trabajo de conjunto es increíblemente importante y muy, muy riesgoso. Tómese, por ejemplo, el final de la ópera, la grandiosa fuga Tutto nel mondo è burla.

Todo en el mundo es burla.

El hombre ha nacido burlón,

en su cerebro vacila siempre su razón.

¡Todos embaucados!

Todo hombre se ríe  de los demás mortales,

mas ríe mejor quien ríe el último.

Para mí, despide Falstaff, de manera significativa, este año del bicentenario del gran compositor italiano. Creo que me quedaré con esta presentación y con la de su Requiem dirigido por el maestro Riccardo Muti el pasado 10 de octubre, día del cumpleaños del compositor, desde Chicago, transmitida asimismo a una audiencia global

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