Una calle convertida en camino. Santo Domingo. Se observan casas como estatuas gigantescas. Las casas parecen moverse. Parecen testigos oculares. Tiresias, el ciego errante busca entre las casas-estatuas alguna puerta. De pronto, las casas-estatuas empiezan a abrir sus puertas. Cada puerta emite, al abrirse, un sonido seco y violento. Como si fuera un golpe hacia afuera. Se escuchan voces desde adentro. Tiresias, el errante levanta su cabeza hacia lo alto. Levanta sus manos. Se detiene. Escucha atentamente unas voces que vienen desde adentro de las casas-estatuas.(Pausa). Se escucha ahora un sonido de cristales rotos generalizado. De pronto queda todo como paralizado.

Tiresias, el errante

¿Han visto? Han escuchado?

Voz anónima

Sí. Es el resultado de la condena.

Tiresias, el errante

Fue un mal negocio aquello del contrato. Dios y el diablo siempre se han peleado. Lo mismo que esa gente. Mire sus casas. Mire lo que lanzan a las calles.

Voz anónima

Son sus demonios. Sus quejas. Sus guerras personales. Sus ruidos. Están condenados a hacer esto… todos los días. Tiran sus conciencias a la calle, pero se quedan solos.

Tiresias, el errante

Son cuerpos solitarios, vacíos… Ah, perra vida! Maldita suerte!

Voz anónima

Es su legado. Su tiempo. Su raíz. Solo el murmullo, los gritos y acusaciones… Ese es su producto.

Tiresias, el errante

Les hablo cada día, pero no me escuchan y en lugar de contestarme… me tiran la basura y luego la puerta en mi misma cara.

Voz anónima

Se pudren cada día. Se acusan cada día… Cada día matan su costumbre de cambiar. Desafían la bondad y se acercan a la maldad.

Tiresias, el errante

No sé cómo entrar a esas casas-estatuas. Porque son cuerpos cerrados. Cárceles humanas.

Voz anónima

Así es, Tiresias… Así ha sido… no quieren cambiar la vida. Parecen huellas que deja el tiempo; la historia misma de este país…(Como si pensara en eco)…Yo los conozco. He sido parte de ellos. Yo también soporto sus mentiras, verdades, sueños… Yo lo aguanto todo de día, de noche, de madrugada, al levantarme. Tú también, viejo Tiresias. Eres víctima de su poder maligno.

Tiresias, el errante

(Como pensando)

…Me acerco cada vez a sus puertas y me asombro cuando escucho sus portazos, escarnios y condenas… Pues… a mí también me acusan de sus desgracias. “¡Vete!” ¡Aléjate de mí, viejo verde! Eso escucho… cada vez que cruzo frente a ellos.

Voz anónima

Casas-cuerpos, voces degradadas por las malas costumbres. Es lo cotidiano. Hay un rechazo a la moral y al buen comportamiento… Tú lo sabes, Tiresias… tus mensajes de esperanza, son escuchados, pero no practicados por ellos. Y ellos son la mayoría egoísta, malvada, podrida de males, avariciosa,  agresiva, indolente, envidiosa, “malapalabrosa”, viciosa…

Tiresias, el errante

(interrumpiéndola)

Pero no los puedo abandonar. Algún día tendrán que cambiar. Yo no dejaré de hablarles. Es cierto que son… Pero hay que ayudarlos y llevarlos al punto de finalidad: deben abrir sus corazones al bien, quitarse las máscaras, dar otros ejemplos. Compartir la esperanza… Eso que yo les llevo a las puertas de sus casas que son sus propios cuerpos, voces, oídos y que en algún momento van a desaparecer si ellos no cambian.

Pausa

Se escuchan voces, discusiones que van en ascenso. Ruido de peleas, gritos, objetos rotos. Las casas, cuerpos-estatuas se mueven y algunos chocan entre ellos. Tiresias, el errante camina hacia ellos alertando, diciendo sus mensajes. Mientras el conflicto entre cuerpos-estatuas crece, se agudiza. Tiresias… los pretende apaciguar con sus voces y señales defensivas.

Tiresias, el errante

¡Razón! ¡Cordura! ¡Ayuda! ¡Deténganse! ¡Vayan hacia la luz de la esperanza! Quítense las máscaras. ¡Desamárrense! ¡Están atados! ¡Rompan esas cadenas del presente! Abandonen ese camino!  (Se detiene y los observa, intentando detenerlos mientras vuelven como muñecos a sus lugares y cierran lentamente sus puertas. Bocinas y sirenas empiezan a escucharse. Chasquidos y ruidos de objetos se escuchan repetidamente).

Voz anónima

Esto es un infierno, donde lo que nos persigue es la obsesión de vivir en el caos, el golpe físico y moral… Tus palabras no serán en vano. Créeme, viejo Tiresias. En este camino que es también una “Ciudad doliente” hay vidas desperdiciadas que se quieren salvar, también. No pares ni tengas miedo. Sé que no le temes ni a ellos ni a las autoridades de papel y cartón que descontrolan esta ciudad-momia, ciudad-cuerpo o ciudad-estatua. Ellos pensarán, en su momento las palabras que tú lanzas contra las experiencias malsanas de esta vida perra…

Tiresias

(Como si quisiera impulsarse y volar; caerle como espíritu  a esos condenados):

Ellos crecerán

en algún momento.

Cobrarán su vuelo para el combate

por una siembra de vida mejor, amiga voz.

Tienes que tener esperanza tú también.

Tienes que bailar y cantar otro himno,

otra palabra para la libertad, para otros pasos…

otras rutas… de presente y de futuro…

Todo lo que hemos visto hasta ahora va aclarándose más. Van subiendo las voces de la casa-estatua y las casas-cuerpos. Desde algunos lugares empiezan a prenderse focos de luz que se disparan hacia Tiresias, el errante y hacia los cuerpos-casas. Mientras la voz anónima se convierte en una voz coral  grave y pesada que va creciendo, diciendo un mensaje que se oye desde la lejanía. Todo se cubre de luz casi cegadora. Música coral que choca con la luz que arropa el lugar de la acción. Escenario abierto. Dos segundos. Oscurece de pronto.

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