Tío Mingo se levanta solo; solo come; solo mira los programas dominicanos repetidos ad infinitum. ¿Cuántas veces puede alguien disfrutar de la reunión de los merengueros de los 80s antes de notar los gallos en las voces, la tristeza del paso de los años sobre los ídolos de la infancia, y sobre uno mismo?; solo se va a la cama; antes de cerrar los ojos, suspira.

Tío Mingo es un hombre con una misión, conseguir pareja aquí en Nueva York. Es un tipo inteligente. Bien sabe que esa mujer no va a tocar su puerta vendiendo biblias o tupper ware, invitándolo a unirse a la red millonaria de Amway; en el trabajo no hay ni una mujer; debe poner de su parte, salir a buscarla. Primer paso, mirarse encuero en un espejo de cuerpo entero…

Tío Mingo despertó temprano, decidido a empezar el régimen de mucha agua, muchos vegetales, carnes y nueces, desayunó un Tropicana de naranja con pulpas. Se puso varios tshirts, un sweater de lana y empezó a mover brazos y piernas de una manera desordenada. Si un brechero miraba por la ventana sin cortinas de su sótano podia ver a un hombre medio gordito caminando rápido de pared a pared; haciendo lagartijas, una, dos, tres, diez; abdominales sobre una colcha, una, dos, tres, diez; mancuernas de hierro para los biceps y antebrazos, uno, dos, tres, diez; marineros no, si saltaba un chin chin chocaba contra el techo.

Afuera de la barbería “Los Intocables” la nieve se acumulaba; adentro los barberos esperaban un receso de la tormenta para salir a palear y echar sal; iba a ser un día flojo. "My God, manda customers nene" rogaba el barbero boricua en el mismo momento que entró Tío Mingo.
“Siéntate here nene, ¿qué te hago?”, le pregunta, sin escuchar la respuesta, él solo sabe hacer el estilo "look nene te quedó bien nice".
“Dame una pelaíta a la moda, mucho arriba y poco en lo lao, tú sabe, pa econdé un poquito la calva je je”.
“Oye nene no, tú no tas nothing calvo nadita, un poco peloncito en the top, pero you’ll see como nene te va a quedar bien nice".
Chac chaz, dijeron las tijeras bilingües.
Uuuummm uuuummm uuuuuummmmm, dijo el abejón chino dibujando el cerquillo de Tío Mingo.

Un nuevo corte de pelo necesita ropa nueva. Ven, Tío Mingo, entremos a Macy’s. Mídete esta camisa de cuadritos rojos, el rojo le da vida a tu piel, no, no te la metas por dentro, es por fuera que se usa; otra cosa, deja de estar comprando ropa un size más grande, vamos a comprarla a la medida que tú casi no tienes barriga. Sí, esa camisa verde botella te queda muy bien, ahora una negra y una blanca, mira qué linda está esta azul. Todas mangalargas. Pantalones que te queden bien, ¿tienes? Zapatos que no sean blancos, ¿tienes?

Cuarto paso, mirar a su alrededor. La boricua del segundo piso es hermosa, pretty green eyes, pero si estuviera nadando en el mar ártico podría ser harponeada por un barco japonés, además tiene un niño como de 6 años que se pasa el día aullando. En frente vive una mexicana también bonita, también viven varios mexicanos no tan bonitos. La dominicana de al lado lo intimida, viste demasiado bien, botas, es muy educada, casa propia, actitud de alguien con un buen Credit Score, y ese hombre alto con canas que viene los fines de semana no tiene feeling de ser un familiar.

Quinto paso, salir a los lugares donde van las mujeres a divertirse. En Nueva York, los hombres solteros van a los bares a ligar, la música a un volumen apto para "What’s your name?"; no mis tíos, ellos van a los lugares del alto Manhattan y del Bronx donde la música ta a to lo que da y adentro hay hombres con pinta de chulo y mujeres con pinta de cuero. Tío Mingo y yo entramos a un antro de esos. Tío Mingo, le dije, esas mujeres vestidas de brillo alrededor de la pista de baile están trabajando, fíjate cómo los borrachos les pagan por cada bachata, private bachateras. Oh, te vas a llevar una para tu sótano.

Monté a Tío Mingo y a la mariposa de la bachata en un taxi. Al otro día, en la tarde, fui a visitarlo y lo encontré en la sala, un poco deprimido. De nuevo despertó solo, y en la cocina faltaban el microondas, la licuadora, la tostadora; y en su cartera 166 dólares y la ilimitada Metrocard del mes.

Pero Tío Mingo es un luchador, un optimista, no se descorazonó después de este fracaso con María La Cleptómana. Decidió cambiar de estrategia y seguir el consejo de su hermana Tía Angustia y acompañarla a la iglesia. "A mi parroquia van muchas mujeres solteras, serias" le dijo ella. Y por eso el domingo, Tío Mingo entró a la casa del Señor en Queens, estrenando su camisa verde botella debajo del abrigo negro de plumas de ganso. Allá en la tarima el padre Pedro tenía un show divino hasta con máquinas de humo. Un coro de hombres vestidos con túnicas rojas cantaban himnos al Abraham dispuesto a matar a su hijo por un capricho de Jehová. Caminaron los paralíticos, escucharon los sordos, volaron palomas blancas, un mudo habló en mil lenguas y varias almas nacieron de nuevo. Y en toda esa gloria Tío Mingo no pudo encontrar una mujer soltera menor de 70 años.