Psiquiatría y más

¿Tigueraje, o capital social?

Por José Dunker

En uno de mis libros he sugerido el tigueraje como patrón cultural del pueblo dominicano.

El tíguere es un avivato, el sabichoso. Es un mañoso que no respeta reglas; maestro del allante y la simulación, le arranca un brazo a cualquiera, aunque simule ser un angelito caído del cielo, y, lo peor, el tíguere pide reglas para los demás, pero para sí mismo pide un chance, aunque sea por soborno, pues su caso es la excepción.

El tigueraje es herencia del colonizador, y lo compartimos con los otros países de América Latina, con una o dos excepciones, y se complica con el complejo de nobleza, y, por eso, desde que alguien llega a diputado, ministro, general, o presidente de cualquier cosa, entiende que no puede seguir con la misma casa, el mismo carro, y ni siquiera la misma mujer (o el mismo marido), pues, supone haber alcanzado una dignidad especial, igual que en los tiempos de la nobleza.

Trujillo fue el tíguere gallo por excelencia: el país en orden, pero él mismo en desorden; su familia y allegados como una nueva casta, pero, maestro de la simulación, en la manera pulcra de vestir, y en las explicaciones que se nos daban, como tapando el sol con un dedo. A su muerte vino la lucha ideológica: izquierdas, derechas, y muchas maneras de definir el centro, pero, la verdadera ideología siguió siendo el tigueraje.

Búsquese el tigueraje de Balaguer, con aquello de la constitución como un pedazo de papel, y con permiso a sus colaboradores para enriquecerse a costa del herario público, a cambio de lealtad a su persona. Es el mismo fracaso del PRD: los sillazos en las convenciones fue por no someterse al orden, y salirse con las suyas, a cualquier costo.

Ahora vemos el PLD en descalabro, desde aquella reunión del comité politico cuando se dio permiso a los funcionarios para sacar su mordida, bajo el pretexto de no tener que implorar ayudas para sus campañas a los empresarios. Se puede afirmar, por consiguiente, que el tigueraje ha sido la verdadera ideología de los tres partidos que nos gobernaron después de Trujillo.

La alternativa es el capital social. Según Fukuyama es “un conjunto de valores y normas compartido por los miembros de un grupo, que facilita la colaboración entre ellos”. North prefiere hablar de instituciones: un sistema social basado en el orden, y es la diferencia entre España e Inglaterra en la colonización. Los ingleses habla de imperio de la ley: el hábito ciudadano de cumplir las reglas establecidas.

Esta es la disyuntiva: ¿capital social, o tigueraje? El reto es construir ciudadanos responsables, que cumplan las reglas, y para eso he propuesto una receta de tres puntos: ejemplo de los líderes en cumplir la ley; estímulo a los que cumplen, y escarmiento irrestricto a los incumplidores.

Si hacemos esto se construye la democracia, de lo contrario, seguiremos con el mismo tigueraje, aunque se cambie el nombre a los administradores

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