Nací 52 días después el ajusticiamiento de Trujillo y no recuerdo un mes de mi vida donde no haya oído hablar de Trujillo.

Recuerdo aquellos reportajes de la mítica revista Ahora!, donde semana tras semana aparecían reportajes de todo lo que rodease al Jefe, sus vástagos, sus víctimas, sus correligionarios, sus exquisiteces, sus aberraciones sexuales, su humor.

Mi primer trabajo lo logré a los 15 años, en la vieja Voz Dominicana, donde lo más frecuente era hablar de Petán, el “simpático” hermano de El Jefe. Mi vida política la inicié en organizaciones de izquierda donde lógicamente había que luchar contra “los remanentes del trujillato y la oligarquía local”, para lugar pasar al menú de la batalla contra el imperialismo yanqui.

Desde que tengo uso de razón literaria, recuerdo aquellas entrevistas con los conjurados, los anti y los pro trujillistas, en especial las que concedía Imbert Barreras, el más longevo de todos. Pienso que se podría hacer un estudio sobre los recuerdos del posterior General Imbert Barreras, determinando los grados de sus recuerdos, porque al parecer, durante esos cuarenta años de entrevistas ininterrumpidas los 30 de mayo, el General siempre recordaba algo nuevo, que si fueron tantos o cuantos tiros, que si alguien se agachó o no, de si los carros iban a tantos kilómetros por hora.

Ahora que se ya pasamos de 50 años de conmemoraciones le toca el turno a los hijos de los protagonistas de aquella generación. De si a mi tío o primo o abuelo le hicieron esto o lo otro, de si fulano o mengano estuvo allí o hizo o se enteró de tal cosa. No tenemos realeza ni revista Gala pero tenemos a los Trujillo. Si Juan Luis no gana un nuevo Grammy o Félix Sánchez recuperar una nueva medalla de oro, no importa: tenemos a Trujillo. Los dominicanos podemos dormir en paz: tenemos a los Trujillo.

Pienso que los historiadores disponen de suficiente material para sus determinaciones. Las valoraciones morales también han sido hechas. Ahora sólo falta salvar algunas castañas del fuego para poder ver si se puede armar otro fuego y que la fiesta siga. Tenemos al Jefe.

Nuestro imaginario está atascado porque los Novelistas Mayores no quieren dejar de estrujarse las neuronas imaginándose o recordando el mundo trujillista. ¡Hasta una nieta de Trujillo se ganó el mismísimo Premio Nacional de Novela con un texto sobre el abuelo tan chulo que tenía!

Los cineastas ya no saben cómo escenificar las cosas de la Era.

Hasta yo, en mis tiempos mozos, escribí el texto para una animación que para la entonces RTVD hiciera Jean Louis Jorge, mi inolvidable director.

No podemos salvarnos del Jefe porque no queremos confesar nuestra falta de imaginación. Porque se insiste en aferrarse a la palestra. Porque nadie quiere renunciar a la publicidad. Porque en el fondo, media humanidad en el país dominicano tiene o es un Jefecito. Porque hay muchas sombras, aunque para otros sólo haya “sombras nada más, entre tu vida y mi vida, sombra nada más, entre tu… y  mi…”

A quienes más le correspondería disponer una actitud crítica sería a las izquierdas, pero donde hay más Jefecitos es justamente en las izquierdas. Donde estas izquierdas han fallado es en su apreciación del trujillato: en verlo sólo como un fenómeno político, como si sólo fuese necesario cambiar nombres y rostros, no advirtiendo algo fundamental, los valores trujilloneanos morales ínsitos en la cultura política dominicana.

El trujillato y las izquierdas son los únicos hoy en día que hablan de tierras de promisión. Son los “maximalistas”, como diríamos en la vieja academia. Son los que se aferran a ciertas figuras sacrosantas, los innegociables, porque sólo con ellos hacemos esto o lo otro.

Dentro de estas izquierdas evidentemente hay gente digna. Pienso en mi vecino de la calle Barahona, El Men, quien trata de educar políticamente poniendo una valla sobre el marxismo en el portón de su garaje. Pienso en Fidelio Despradel, un ser humilde, con quien se puede tomar uno un refresco en un colmado y andar por la ciudad. Pienso también en la frescura de La Multitud –aunque a Galván no le guste Pink Floyd y siga con Los Guaraguo-, de los remanentes de Ya Tá Bueno, que a veces tienen tiempo para tomarse un helado Bon. Claro que hay muchísima gente crítica, refrescante, con visiones claras, pero lamentablemente poco comunicativa en torno al aquí y al ahora y al con todos, con poca visión sobre la importancia de un foro permanente de discusiones, de iniciativas táctiles, y no sólo actitudes reactivas, a la espera de que algún nuevo Comandante desembarque por Güibia. Pero también pienso en toda esa gente que cuando tu ves te sentirás que estás en una trinchera del 65 o bajo una mata de mangos en Manaclas, gente que te reclama porque tú estés gordo y uses pantaloncitos cortos, gente que ya con esos nimios detalles te está poniendo un ojito del Gran Hermano arriba y será incapaz de pasar a temas concretos, reales, y ahí, ante todos, ¡ei pipo!, como dirían en San José de Conuco.

Vivimos en un país frisado. Luis Días me lo dijo una vez, y siempre lo repito: puedes irte de Santo Domingo veinte años y cuando vuelvas, no habrá pasado nada. De verdad que no quisiera ser tan negativ mind, pero sólo hay que ver los dos extremos: los titulares de la prensa y los titulares de Facebook: o Trujillo o la foto de un sancocho que estuvo encendido, o los homicidios cada vez más brutales o los zapatos que se compró fulanita, o el tranque con cualquier partido o la foto del pana bajando unas cervezas en Portland o sufriendo porque Alonso o Hamilton no ganaron en Bankok. Si a eso le agregas las conversaciones sobre maneras de cocinar el ñame y si Presidente es realmente la mejor cerveza, Dios mío, ¡sálvame!

Como dirían mis héroes de Beavis and Butheads: it’s sucks.

Ahora que pasaron las elecciones, los partidos y la sociedad civil podrán botar el golpe en algunos resorts.

Pasará el 30 de mayo como pasan las oscuras golondrinas, y ahora vendrá el 14 de junio, como si fuera el fútbol, cambiando de campo de juego. Les tocará a los catorcistas del Bacho y a los otros catorcistas. Las velas del templo estarán salvadas.

Por suerte que no tenemos muchos héroes hasta diciembre, así que desde ahora ya los puedo felicitar, en unos meses “Héroes free”: Felices pascuas.