Los principales motivos por los cuales los políticos practican la corrupción
Aunque los políticos son un tipo muy especial de personas, el fenómeno que estamos analizando, la propensión a la corrupción, no es atribuible sólo a ellos. Generalizando, se puede afirmar que todas las posiciones que implican relaciones de poder conllevan el peligro y la tentación de caer en corruptelas. De lo que no se deduce que todos los que detenten y ejerzan posiciones de poder político y económico sean corruptos per se.
En el mundo de la empresa y los negocios la corrupción (en sentido amplio) se práctica hacia adentro y hacia afuera, lo que hace más criticable la corrupción política es que se realiza usurpando bienes públicos para ponerlos al servicio o en posesión individual, por personas elegidas o designadas con el fin de que administren lo público a favor del interés colectivo. Por tanto, nos vamos a centrar en este tipo de corrupción, la política, no la ligada al funcionamiento de las empresas privadas, por muy reprobable que ésta también sea.
De manera muy breve señalaré –sin pretensión exhaustiva-, algunas situaciones que propician la utilización de la corrupción política y los mecanismos que suelen ser utilizados para llevarla a cabo.
Utilización de los aparatos del Estado para la acumulación de capital
El Estado ha servido desde siempre, entre otras cosas, para que quienes lo detentan utilicen los recursos del mismo para fomentar negocios, empresas, industrias, es decir, para incrementar su propia riqueza o la de sus allegados. En la historia económica sobran los ejemplos, antiguos y modernos, para ilustrar esta función esencial del estado, ya ello se han referido autores tan contrapuestos como Adam Smith o Karl Marx.
Es fácilmente comprobable cómo en los nuevos Estados africanos y asiáticos –como años atrás se diera en otras latitudes geográficas- para no referirnos a casos latinoamericanos, el poder político ha sido la vía preferente para crear una burguesía de comerciantes, hacendados e industriales.
Max Weber ha expuesto las formas de ese despojo y la inescrupulosidad con que se actúa por los que controlan el Estado, para desde arriba, crear una “clase empresarial” formada por ellos mismos y sus camarillas .Para ello utilizan desde el despojo por la fuerza de las propiedades de terceros, hasta formas inimaginables de soborno, extorsión y el robo o la apropiación indebida de bienes públicos.
El poder político les permite acumular riquezas, y para mantener esas riquezas mal habidas, a buen recaudo de los competidores políticos, tienen que mantenerse en el poder. Todo ello conduce a buscar formas directas o indirectas de gobernanza mediante el sistema de partido único (típico de África después de la descolonización), hasta modalidades de permanencia en el poder que pasan por mantener, un simulacro formal de democracias representativas.
Estas democracias más que formales, aparentes, de hecho están deformadas por el neo patrimonialismo, el caciquismo, el clientelismo, y todas las maneras de mantener un voto secuestrado. Incluyendo sin duda la manipulación de las listas del censo electoral, la modificación del ámbito de las circunscripciones electorales, comprando el voto, y otras modalidades más sofisticadas del fraude electoral.
El sistema de partidos y las elecciones
Los partidos políticos y las elecciones periódicas son los dos elementos fundamentales de las democracias modernas Los partidos si quieren ser eficaces, tienden a burocratizarse. Es decir, tienen que tener a unos empleados permanentes que hacen de la labor en el partido su modo de vida, además de que puedan ser militantes activos de su causa.
A medida que el partido se hace un partido nacional, que se establece en las principales localidades de un país, este grupo de “funcionarios de partido” crece y se jerarquiza. Salvo en algunos partidos comunistas y extra parlamentarios, estos empleados percibirán retribuciones que tenderán a ser semejantes a las que se paga en el mercado laboral en función de su especialidad o profesión.
En partidos conservadores se ha dado la paradoja que estos funcionarios cuando llegan a desempeñar funciones en el Gobierno se encuentran con la “sorpresa” de que ganaban sueldos más elevados en sus funciones de partido que en los puestos de trabajo de la Administración del Estado.
El partido moderno tiene sus bases de datos, sus departamentos de propaganda, sus centros de estudios y de investigaciones, sus escuelas de formación, su estructura logística de edificios, transportes y comunicaciones, su seguridad. Todo ello crea una necesidad de ingresos permanentes que nunca puede ser cubierto, o al menos en su integridad, por las cuotas de sus militantes y adherentes.
Por otro lado, están las elecciones, que tienden a ser cada vez más costosas. Los expertos en procesos electorales calculan que el coste de una campaña electoral suele duplicarse cada cuatro años, en economías con tasas de inflación bajas (menos del 4%). De manera, que los dirigentes de los partidos políticos tienen que tener en cuenta que deben recaudar fondos suficientes para poder afrontar gastos electorales crecientes.
Los medios que se utilizan para obtener recursos suelen ser las donaciones de particulares, las cuotas que se descuentan a diputados, senadores y altos cargos políticos en el Gobierno o en la administración, que pertenezcan al partido y la financiación que le otorga el Estado a los partidos según el número de votos obtenidos en las elecciones. Estos serían los medios legales – de acuerdo a la normativa de cada país, la situación puede tener muchas variantes-, para la financiación de los partidos políticos.
Pero como ha expresado con precisión Tocqueville, hay algunas prácticas corruptas que le parecían consustanciales al funcionamiento del sistema democrático en la América que él estudió y analizó magistralmente. Algunas de ellas continúan formando parte del modo de operar de los políticos en algunas democracias contemporáneas.