Justicia y bien común

También tengo un sueño II

Por Juan Tómas Taveras

Un llamado de atención a los diferentes sectores organizados y que están hartos de la política y los políticos corruptos tradicionales y sus socios.

"Si somos libres en el corazón, no habrá cadenas hechas por el hombre con fuerza suficiente para sujetarnos. Pero si la mente del oprimido es manipulada (...) de modo que crea que es inferior, no será capaz de hacer nada para enfrentar a su opresor". Steve Biko

Todos tenemos sueños, al igual que Mahatma Gandhi, quien logró su sueño de independencia de la India. Nelson Mandela, que también conquistó su sueño al terminar el apartheid para los negros de Sudáfrica. Y Lech Walesa, autor de “Un camino de esperanza”, en Polonia fue el artífice de una transición pacífica del comunismo dictatorial a la democracia pluralista.

Los pasos que he dado en mi vida han sido firmes en busca de mejorar el mundo, a través de cambiar y mejorarme constantemente a mí mismo, e inquiriendo conquistar la atención y así sucesivamente influir a nuestra sociedad. Escasas veces mis propósitos han ido encaminados a producir riquezas o ganar dinero ya que este no sacia los apetitos de sus adoradores. Nací rechazando el dinero y siempre he estado consciente del daño que ha causado a la humanidad la ambición desmedida y patológica por la acumulación de riquezas por el dinero y el lucro.

Frecuentemente sueño con servir de instrumento para despertar nuestro pueblo y terminar la obra de Juan Pablo Duarte y Gregorio Luperón, de poder encontrar el mensaje y las palabras que los haga cambiar de visión y actitud frente a nuestros graves problemas sociales, principalmente la corrupción administrativa, el despilfarro oficial de los recursos del pueblo, la anomia y la impunidad, además de la perdida de civismo y patriotismo.

Es mi más grande sueño ganar la capacidad de impulsar a otros a creer en sí mismos. Pues nuestra sociedad es tan resistente al cambio y la cohesión. Urge empoderarla y convencerle para asumir la fuerza del arma más poderosa que pueda existir: “un pueblo unido por una causa común”.

Estoy convencido de que nuestro sistema o modelo de gobierno y administración político-social es obsoleto, corrupto, inoperante, ineficiente, dañino, entre otros defectos más. Está desgastado por el abuso y permeado por la corrupción. Por lo que apremia cambiarlo y esto sólo se podría lograr con la decisión mayoritaria del pueblo dominicano a favor de una opción alternativa, progresista, liberal y muy diferente a los grupos tradicionales y oportunistas con los  grandes y pequeños mercaderes de la política y sus asociados.

Hemos llegado a un vacío de liderazgo en el que en cada agrupación política hay figuras enquistadas como liendras en las organizaciones, ejecutivos y gestores de pactos de aposento en los que se intercambia apoyo por impunidad y se empeñan los derechos del pueblo, por quienes no deberían aspirar ni a una regiduría del más atrasado municipio, porque no obtendrían ni una docena de votos honestos. Sin embargo están ahí, manchando lo que Duarte considerara uno de los más nobles ejercicios y de mayor responsabilidad para cualquier ser humano: La vida política.

Desde la Policía Nacional he buscado el acercamiento a las masas, a la gente y sus problemas, para ser, durante más de 27 años, un facilitador en solucionar conflictos sociales, un negociador para hacer llegar el olvidado brazo del Gobierno a comunidades que solo son visitadas en tiempos de campaña, para revenderles espejitos y promesas. La democracia es presencia y escuchar lo que quiere el pueblo. Las grandes mayorías nacionales están cansadas de esa democracia distante, lejana y divorciada de su dolorosa realidad socioeconómica. Democracia es acompañar y obedecer a su pueblo.

Mientras fui oficial activo, a pesar de las limitaciones para deliberar y emitir opinión, muchas veces me tomé la libertad de alzar la voz para conjurar la injusticia de adentro y la injusticia de afuera. Estimulado y condicionado por estas situaciones, me fui a las aulas universitarias a estudiar mi verdadera vocación, la de comunicación de masas, la de llevar esperanzas a las adormecidas mayorías nacionales, a despertar conciencia, a motivar el compromiso y la participación ciudadana para exigir a la corrupta clase política dominicana practicar la justicia social, en este triste continente, la región de mayor desigualdad social de la tierra.

Así como lo tuviera para la sociedad norteamericana Martin Luther King, tengo un sueño para mi país, el día en que éste se levante de su aparente adormecimiento y resignación a seguir golpeados por la democracia falsa y fallida, una democracia que más que palabra liberadora es un látigo de esclavitud. Los ideales de Duarte y Luperón; de Bosch y de Hostos; de Caamaño y Fernández Domínguez, han sido burlados por una horda de asaltantes de los partidos políticos tradicionales.

Creo en la democracia y sus instituciones, pero no en la democracia que se burla del ciudadano y reparte pobreza e ignorancia; creo en la democracia de la Libertad y la honestidad; en la democracia de la justicia y la equidad; no en la democracia del hambre y la corrupción; creo en la democracia que liberta no en la que esclaviza, creo en la democracia que permite disentir, no en la que secuestra el pensamiento, creo, en fin, en un modelo de democracia llena de justicia social, luego de tantos años de injusticia; creo en una democracia que reparte riqueza y bienestar; no en la que niega las pensiones a trabajadores que se están muriendo de hambre, creo en una democracia viva, que da vida, no en la democracia de muerte, que mata los ciudadanos de hambre, con balas y un sin número de abusos.

Por creer y confiar en la democracia y sus instituciones es que estoy plenamente convencido de que ella misma provee las herramientas legales para desalojar esta claque corrupta y podrida. El camino no solo es las urnas, también lo es el empoderamiento y la participación plena en los asuntos públicos; defendiendo y reclamando cada derecho violentado y olvidado, como la devolución de la soberanía que reside en el Pueblo.

Una masa ignorante se puede manejar más cómodamente, que una masa poblacional que está educada y consciente de los engaños de esta falsa democracia de pacotilla, donde no hay manera de consensuar y unificar fuerzas para destituir a los funcionarios corruptos y ladrones, sean estos electos o designados.  Un día el pueblo dominicano despertará de su hipnotismo.

Mi llamado, al mostrar mi credo político, va dirigido al Pueblo, al verdadero soberano, para despertar de su letargo, empoderarse y exigir de los malos gobiernos que hemos tenido históricamente, el relanzamiento de la democracia como sistema político, aquella creación del pensamiento griego, que comenzó a reconocer al hombre y la mujer como centro y objetivo de todo lo que haya de hacerse desde la administración de los Estados.

Si mis palabras, que digo desde el fondo de mi alma, sirven tal vez para inquietarlos y moverles la cama donde duermen, creo firmemente, que algo habrá de lograrse, porque esta democracia podrida no puede seguir sosteniéndose por mucho tiempo.

Despierta, oh Pueblo Dominicano y hagamos realidad mi sueño, que es el mismo de Duarte y Luperón.

 

Noticias relacionadas

Por

Noticias relacionadas

Comentarios
Seguir leyendo

Lo más leído

Más noticias

Síguenos en nuestras redes