Crónicas ciudadanas

Sucedió una noche de jazz, en las escalinatas del tiempo y del río

Por Carlos Francisco Elías

Recuerda que estás en territorio Apache, yo por aquí soy Gerónimo, no tengo plumas, obviamente, pero conozco bien el terreno.

Ayer en la noche inspeccioné las escaleras, hice un recorrido nocturnal por el lugar.

Yo vine con mi capa de estrellas y nostalgias, vine instalado en mi planeta de materiales de sueños y humos de constelaciones, porque de otro modo, nunca podría ser.

Vine para hacerte el conjuro intramurano de la buena fe de las aguas cercanas, del cariño eterno a paredes que han preferido la diminuta yerba silvestre, que viven la lluvia temporal, gotitas mágicas que se deslizan juguetonas por las piedras de antaño.

Fernando, no vienes a cualquier lugar, advertido estás, que tus músicos hagan esa conciencia,  por  más en el aire que pidieran estar, que no lo creo, existe la mística de un espacio mítico, de calladas leyendas de puertos y goletas, rincones de llanto sin piedad, cada escalón, torrente de memorias  encantadas que ululan como el viento.

Ahí hay una bella placita hacia la izquierda incrustada, la que alguna vez utilicé para dar películas, era el llamado Cine Club de Las escalinatas.

La experiencia duró poco, el dominicano no es ni mexicano ni colombiano, que gusta la cultura al aire libre y conoce su significación, pero puede descubrirla, será cuestión de intentar, siempre se puede más.

Pero mientras duró la experiencia del  cine club, fue hermosa y tonificante.

El lugar está precioso y tiene el musgo de la nostalgia propia de los años duros del oficio de escritor, al menos para mí.

Recuerda que en ese edificio estuvo por muchos años, El Caribe, ahí tenía Doña María Ugarte su oficina, donde me recibía con cariño y distinción y me estimulaba a escribir, justo cuando yo era el enfant terrible, que estaba contra la ultra izquierda cultural, mejor conocidos entonces como Los Torquemada, haciendo alusión a un viejo personaje de la inquisición española.

Este  lugar para mí, intramurano sempiterno, tiene muchas significaciones, desde mi infancia hasta hoy.

Los territorios Apaches, se respetan, son sagrados Fernando, porque en ellos rondan los mejores espíritus, los que si te portas bien, te ayudarán en todas tus ilusiones posibles...

En esas escalinatas, los besos secretos tienen sus historias, rondan invisibles como las nubes matutinas, frescas y dispuestas a remontar lo azul, o quizás un poco de lo azul.

Espacio del amor en fuga, de cara hacia el río, con una secreta canción pluvial, rielando entre la luna y las viejas barcas de madera frágil y pobre.

En estos rincones, el beso furtivo, el asomo de la libre pubertad, el delirio del amor a hurtadillas, con la brisa cómplice del Ozama, como testigo, eran el sagrado pan romántico de cada tarde.

No vienes a cualquier lugar, esas escalinatas son la portada del libro Sobre la Marcha de Norberto James, jazzófilo pionero.

Presente estuve  cuando las fotos se tomaron, eran otros tiempos, otras primaveras, como diría Billie Holliday, some other times, some other spring, un largo ritornello de dulce melancolía, entrañable.

Y finalmente, dedícale al río su oración para que sane, el río está enfermo, quizás, unas notas bien ejecutada, antalila, tila tila, onomatopeya de lujo para aguas moribundas, podrían calmar su pena y abandono.

Recordemos al gran ausente de la noche, Carlos Cruz Diez, quien nos había regalado un monumento cinético, en los molinos, pintado de canquiña, con sensación de movimiento, ese monumento en su estado natural, como lo hizo el artista venezolano,  hubiera servido de bella espalda hacia el río grave de muerte.

El artista venezolano, residente en París, lamenta mucho lo que hicieron con su obra, que era la mejor guardiana a colores del río, cuando se reflejaba en el mismo. El monumento, por efecto del reflejo, busca en el río un espejo de aguas verdes, estética y dolor, hoy día.

Hoy estarás entrando a un paraíso secreto, que solo nosotros los intramuranos, conocemos santo y seña, el ábrete sésamo colonial y amado, a pesar de todos sus verdugos: que el tiempo con su guillotina de viento invisible, degollará, porque si algo tienen la torpeza y la maldad,  es que no duran para siempre, y menos si son mellizas y traperas... (CFE)

Carlos Francisco Elías.

Desde la Ciudad Colonial

5 de diciembre 2013.

NOTA: Este texto será leído en la Tertulia de Jazz de las Escalinatas, esta noche a las 7: OO, en el mismo corazón de la Ciudad Colonial, a petición de Jazz en Dominicana. Nada que ver con cualquier otra institución oficial, ojo.

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