Buen día, ayer fue día del padre, para reflexionar sobre nuestra travesía por el mundo de la paternidad. Más de tres décadas han pasado y todavía percibo una continuidad sutil y embriagante, que no toca fondo ni fin. Padre se es para toda la vida.

El precepto anterior me ha guiado durante todos estos años tratando de cumplir con el deber de una paternidad responsable. Sin embargo, no siempre el ejercicio de la razón o la intimidad de la pasión, proveen las herramientas necesarias para ejercerla.

De ahí que pueda concluir que es un proceso de aprendizaje eterno, lleno de abrojos y néctares de éxtasis que alimenta el alma y, por ende, al cuadro filial que te circunda.

Este camino andaluz se inicia cuando se toma la solemne decisión, de traer hijos al mundo, donde ya existen las condiciones de albergue y sustento que le garanticen a ese “recién llegado”, un hábitat apropiado, donde pueda crecer y desarrollarse.

Sin embargo, ese es solo el inicio de un rosario de “adecuaciones y exigencias” que transformaran, TOTALMENTE, la vida de la pareja procreadora, en los ámbitos afectivos, económicos y de proyección social.

De repente lo que “se daba por descontado” adquiere dimensiones casi incuantificables debido a la súbita transformación de los patrones de consumo, ahorro, ingreso e inversión.

El consumo se redefine en base a nuevas variables, no esperadas, y las que ya eran conocidas, se incrementan logarítmicamente.

El ahorro prácticamente cae a un segundo plano, ya que el consumo absorbe, directa y marginalmente, las disponibilidades del ingreso.

La inversión se reduce a una variable ficticia donde el trabajo es la única inversión disponible.

En otras palabras, se pasa de un Estado de Bienestar” a un Periodo Especial Cubano”. Podemos visualizar esto en dos FASES:

Fase No.1:

Las parejas jóvenes (con criterio y madurez emocional e intelectual), prevén estos comportamientos, de las variables citadas y arman un “Proyecto” ANTES de concretar el sagrado compromiso del Matrimonio.

Fase No.2

Sin embargo, no siempre sucede así y entonces “hay que ir planificando sobre la marcha”

Para lo segundo se requiere, exponencialmente hablando, más del triple de la voluntad necesaria en para ejecutar la Fase No,1.

Como este es el caso más común, deseo extender el entendimiento de su complejidad para beneficio del lector.

La Convivencia Marital (CM), es una ecuación donde entran numerosas variables, de carácter endógeno y exógeno.

Donde CM= A la Sumatoria de las Variables Endógenas y Exógenas.

A)-Variables Endógenas:

    1-Actitud hacia los compromisos contraídos: Si la pareja está verdaderamente consciente de los requisitos y herramientas básicas para traer un niño al mundo.

    2-Capacidad de trabajo productivo: Nivel de distribución de las tareas cotidianas a ejecutar por la pareja.

    3-Inteligencia emocional compartida: Aceptarse, como son, en las buenas y en las malas.

B)-Variables Exógenas:

     1-Ingreso Per Cápita Marital (IPCM): Lo compone las diferentes fuentes de ingreso de la pareja.

     2-Formacion en base de valores tangibles de la pareja: Lo compone el cuadro familiar de donde provienen, creencias, posicionamiento social, etc.

     3-Entorno laboral y social de la pareja: Lo compone el habitat laboral, conjuntamente con las “normativas” del mismo. Además, del marco ritualista que domina el entorno social de la pareja.

La simpleza de este esquema estriba en su elocuencia descriptiva de cómo es que se desarrollan los núcleos familiares y su proyección hacia niveles más sofisticados según sean, correctos o no, mis argumentos. Las permutaciones de estas variables, así como sus transformaciones dinámicas, hace casi imposible, salvo algunos casos, su cuantificación.

Sin embargo, queda MUY claro que traer hijos al mundo, sin una debida planificación previa, o un “post diligence”, de muy alto nivel, puede llevar a una pareja a la bancarrota moral y económica donde el gran pasivo moral serán los hijos de la misma.