Durante 20 años un grupito de personas mantuvo en alerta a la ciudadanía, a las autoridades sancionadoras, a los medios de comunicación y bocinas periodísticas, cómplices, sobre el nivel de sofisticación y características de la corrupción, secuestro y deterioro de las instituciones del Estado.
Mientras el vulgo, repetía lo que se decía en secreto, conociéndose todo lo que estaba pasando, quien hacia qué y con quien, hablándose en la intimidad, de los festejos, derroche, reuniones y recepciones, de la gente del poder, de cómo funcionarios, políticos, empresarios y narcotraficantes participaban en rituales y alianzas comerciales.
Pero hoy, tras el anuncio de que son los hermanos y cuñados del ex presidente Danilo Medina, los que están involucrados en espectaculares casos de corrupción, lo que se ha llamado “Operación Pulpo,” algunos aparecen sorprendidos, muy sorprendidos, cuando todo se sabía. Ya que en este país cualquiera tiene un testaferro para justificar y esconderse. El más insignificante acto de corrupción, cuenta con cómplices “honorables” ,por no hablar de aquellos infelices, que prestan sus nombres para que aparezcan en el directorio de compañías fantasmas, que la Dirección de Compra y Contrataciones nunca detecto.
El entramado que se tejió en las instituciones, todos sabían que existía, y se hizo con la complicidad de altos funcionario de la administración pública, éticos de pasarela, con los que conto el PLD, hasta el final, discretos, falsos humildes y perversos, muchos de ellos aun en funciones.
Dejemos la hipocresía, y veamos que no es una cuestión del PLD, PRSC o PRD. No, no es una cuestión de partido, es un asunto de construcción de la calidad del individuo, la ausencia de políticos idóneos al servicio del pueblo, que asumen el ESTADO como una empresa para enriquecerse.
No tendremos la posibilidad de vivir esta democracia con equidad y sinceridad. Mientras la justicia no alcance a todo aquel, que sea considerado culpable de servirse y robar a las instituciones publicas, independientemente de la parcela política y rango social al que pertenezca.
Es difícil encontrar un ex funcionario PLD o de otra tendencia ,que no haya cometido un acto indebido, una travesura, en el ejercicio del poder, gracias al estilo gerencial de la cosa pública, que se practica en el país, sin rendimiento de cuenta, ni sanción. Lo que hace sentir a los que ocupan posiciones directivas, dueños del espacio y destino de las instituciones.
Estos años de bonanza política del PLD, se tradujeron en tráfico de influencia, privilegios, nepotismo, abusos de poder, transgresiones a las leyes, con conductas criminales aceptadas por la sociedad. Quedando documentados por la crónica periodística seria. Son actos de corrupción denunciados, junto a los escándalos que involucraban e involucran a ciertos delincuentes nacionales e internacionales con algunas de nuestras destacadas figuras políticas.
Quedando demostrado que existe una relación simbiótica entre políticos y delincuentes, que nos invita a reflexionar y cuestionar la calidad de ser humano que viene produciendo esta sociedad.
Sin sorpresas, debemos prepararnos para escudriñar y conocer otras cosas- falta por ver,- ya que en este país la corrupción parece ser infinita e inesperada, pero jamás desconocida, como lo demuestran los trabajos de Candido Gerón , Marino Zapete, Alicia Ortega ,Nuria Piera, Edith Febles y otros.
El país tiene una oportunidad y la necesidad de comenzar a limpiarse de la escoria política. Las nuevas autoridades deben dejar de pensar en alianzas, en el futuro de la reelección y actuar en el aquí y el ahora, aprovechando que la gente confió en ellos, pensando que cambiarían las cosas. El cambio no se genera con publicidad, se construye con acciones concretas en el día a día. Beneficien que la ciudadanía reclama sanciones, y que hay ciertas figuras serias en la justicia, para limpiar la casa y ordenar las cosas institucionalmente, de lo contrario nos encontraremos a los corruptos honorablemente reciclados, dentro muy poco tiempo.