Lejano en el tiempo, no está.

Las buenas voces retumban y el buen gusto quedaba estampado, como un largo recuerdo,  que apenas  You Tube, ha tenido la suerte de guardar: Nandy Rivas, Checheo Rivera, Claudio Chea  Elías Muñoz y Peyi Guzman Cordero, dieron un ejemplo interesante, de que se podía hacer publicidad, con acento nacional trascendente.

Era publicidad del vicio y con el interés de la investigación como base,  inspiración a flor de piel, produjeron una de las campañas de publicidad, que todavía hace historia, a pesar de que el producto ofertado, era una bebida de alcohol.

Es muy probable que algunos entendamos que la publicidad no siempre es el mejor vehículo para la cultura, porque ella en sí misma, tiene sus códigos y sus símbolos; la cultura, a fin de cuentas, siempre termina siendo un parcho mal pegado, porque ella también, en sí misma, tiene su espacio de expresión individual, en un lenguaje único y propio.

Cuando la publicidad necesita de la cultura y sus espacios gráficos, su vasta significación, la utiliza como un soporte de referencia, con la esperanza de que esos símbolos inciten a un reflejo masivo con destino al consumo: buceo de espíritu enmascarado, que atrapa y remite a otros usos: la  cultura se convierte en pretexto de tránsito, que la moda banaliza, en el vertiginoso cementerio invisible del tiempo.

Obvio, hay excepciones nacionales y mundiales, especialmente cuando los creativos fílmicos, guionistas y escritores de texto, son personas con un nivel de profesionalidad que les permite vender sus productos y al mismo tiempo, ser fiel a una estética expresiva, que no banalice los contenidos ofertados con nítidas facturas artísticas.

Todas estas ideas vienen a cuento, porque no pasa desapercibido un comercial sobre el carnaval "dominicano" que  invade las pantallas a todas horas: proyecto de carnaval urbano en plan jevitada, que incluye hasta un personaje gatubero de  la cuadra Disney Channel.

Desentonado (no sé si las reglas melódicas han cambiado) el cantante, la comparsa arranca, "aquí no falta nadie", pero habría que agregar que sobra Disney, todo va "bien", curiosamente al final del bombardeo, vemos que el comercial, una vez más, tiene la excelsa bendición del logo de la Secretaria de Cultura, incansable en el vaso, como la soda del indio…

Sobra el ejemplo de que no siempre el folklore y su expresión, salen muy bien parado, injertos en el lenguaje manoseado y frugal de la publicidad inmediata, rápida y fácil.

Quizás por eso, cuando en el aire se vuelve a escuchar: "Somos un Pueblo que Canta, que trabaja y se enamora", apenas se puede recordar que era 1987, que hace tanto tiempo y que las excepciones existen, cuando la idea inicial está guiada con la visión de que la cultura nacional al tocarse, lo correcto sería proyectarla con su perfil verdadero. Aunque se entienda de antemano, que la publicidad no es el vehículo más idóneo, porque su fin no es atesorar cultura, sino vender.

La televisión en estos días es un gran espectáculo de curiosidades lamentables:
una triste pedagogía para el rebuzne colectivo.

NOTA DEL AUTOR : Agregue al paquete, un comercial de cerveza Presidente, donde a los mejicanos, incluye despliegue de bandera con escudo de Águila y Serpiente (el llamado símbolo Quetzalcóatl, dicho en Náhuatl, traducido como Serpiente emplumada, de alto contenido religioso) se les llama "Mexican", para darle la bienvenida…